La otra sentencia

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Escribo mientras espero la sentencia de Urdangarin. Es el cuento de nunca acabar, la siniestra espera. Los plumillas hacemos cábalas y escribimos sobre lo que aún no existe, pero en los pasillos del Tribunal Supremo circula un run run que deja a cierto periodista a la altura del zapato. O hay sentencia pronto o se hunde Troya.

No me extraña que la gente se muera esperando un recurso. La justicia es injusta en la gestión del tiempo. En el caso de Urdanga, el tiempo parecía silencio de tanatorio urbano, ese hotel de cadáveres que huele a nardos y a formol. Entre juicio y juicio, brotaban simulacros de nuevos juicios con adjetivos desdeñosos, exabruptos, sentencias de andar por casa, etc. Fue entonces cuando empecé a sentir cierta ternura por el personaje, cada día más ojeroso y macilento, más triste, desprotegido y hermético. Apeado del ducado de Palma y con todas las reservas planeando sobre su curriculo (modelo Cifuentes), al yernísimo no le quedaba ni un título de FP. Iñaki Urdangarín estaba en el chasis, y era tal su miedo escénico que cuando veía a un fotógrafo echaba a correr y en dos zancadas desaparecía del mapa.

El caso es que el personal está mosqueado por la tardanza de la sentencia y teme que IU (no confundir con Izquierda Unida) no vaya a la cárcel. ¿Logrará burlar su destino?, preguntan quienes desde buen principio se sintieron agraviados por la suerte del cuñado (que no se nos olvide: empezó como yerno del Rey anterior y ha terminado como cuñado del actual).

Lo peor de la cárcel es el estigma que deja. Ahí está, en Estremera, mosén Oriol. Para los catalanes de lazo amarillo, Oriol Junqueras no está en la cárcel cumpliendo una pena, sino ganándose el cielo. Mi madre, que atribuía la orfandad de ciertos hijos de soltera a las dolorosas circunstancias de la Guerra Civil (estábamos en los años 50: dónde quedaba ya la guerra), conseguía así ahuyentar el pecado. Un hijo de soltera ella lo convertía en un caído en combate. Milagroso.

Los niños también se crían mejor en los territorios de la metáfora. Según los del lazo amarillo, para Lluc, el hijo de Junqueras, su padre está haciendo méritos en la antesala del cielo.

Hablando de niños y metáforas: el domingo fue el día de la madre. Antes, en los coles se hacían manualidades para las madres. Ahora eso se ha acabado en bastantes colegios. La razón es la actual proliferación de familias monoparentales (con dos padres o dos madres) Para evitar confusiones, ya no se felicita a nadie.

Por CARMEN RIGALT (http://www.elmundo.es/opinion)