¿La pandemia del desafío o de la esperanza?

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Son siete meses que van desde que en el territorio nacional estalló la pandemia que hasta ahora ha generado una inédita situación de estado de emergencia sanitaria a nivel nacional, que supera todo tipo de prueba de vida que los dominicanos hubiésemos conocido y por cuanto esta ha logrado estremecer a todos los niveles de la capacidad de resistencia de los dominicanos.

Bien podría decirse, que si la nación llega a salir de la misma y de lo que redomados optimistas entienden que podría suceder y pese a las eventualidades del momento, la República se encontraría en un ámbito de mayor experiencia, confianza y fortaleza como nunca la ciudadanía haya experimentado.

En este aspecto y como otros, entendemos que la crisis sanitaria podrá rebasarse y no tan rápido como se quisiera, pero sí con la efectividad que da el hecho de las lecciones aprendidas. Desde luego, se requiere esfuerzo y buena voluntad y nada de algún tipo de mezquindad y por una simple razón, todos los dominicanos y aunque muchos aun no lo admitan, queremos aunar esfuerzos positivos, no mirar atrás y dar todo lo máximo de cada uno.

Para ello, solo debe recordarse como en marzo pasado el coronavirus chino nos encontró desprevenidos e irresponsablemente inadvertidos y no solo por las autoridades y sí por el mundo mediático y la sociedad en su totalidad.

Ahora y mal que bien, podría decirse que tal vez hemos pasado lo peor y que como sunca antes todos debemos ser solidarios y buscar la parte positiva de cada uno y para tratar de frenar en seco, una pandemia que a este 27 de septiembre nos ha ocasionado y de acuerdo a estadísticas nada completas, 110,957 infectados, 2,093 muertes y 85,220 recuperados y con la posibilidad ominosa de aumentar y si le damos crédito a las presunciones y alertas de organismos internacionales de salud y laboratorios de investigación en EEUU, Reino Unido y Rusia como China.

Por lo pronto, cuanto no sabíamos en marzo pasado, lo hemos superado con creces. El aturdimiento que nos produjo la incapacidad e incompetencia inmediatas para entender lo que se nos venía encima, fue compensado por la diligente actitud exhibida posteriormente y tanto por el gobierno anterior del presidente Danilo Medina Sánchez como la sociedad, fuerzas vivas y sociedad civil.

Incluso puede hablarse de que el mayor cambio de mentalidad se dio entre los medios y periodistas de la prensa tradicional, quienes, de negar la pandemia, terminaron aceptando que es una realidad que había que prestarle atención e imponérsele a como fuera de lugar.

Igual ocurrió dentro del país político, pues tuvo que contaminarse el entonces candidato presidencial Luis Abinader, su esposa y una hija, para que la dirigencia política, la social y también la empresarial, financiera y clerical adoptaran las medidas de lugar para protegerse del virus chino y cuando el ahora presidente de la República superó semejante problema sanitario, la ciudadanía consciente de clase media, no el lumpen de los barrios periféricos de las ciudades, respondió positivamente a lo inmediato.

Ahora, muchos entienden el porqué el gobierno anterior y ahora el nuevo de Abinader, se empeñaron en crear las políticas  sanitarias que hicieran factible que los indicadores y estadísticas mas deprimentes, cambiaran de una manera tan positiva, que con las saludables experiencias logradas, no solo disponemos de un dinámico sistema sanitario y especialistas de primer nivel, sino que de golpe, parecería que las medidas de emergencia y hasta el mismo toque de queda han podido flexibilizarse y aun cuando desde el exterior se advierte que es posible que a partir de octubre pudiera presentarse cierto retroceso inducido por algún tipo de segunda ola infecciosa proveniente desde el exterior.

Es decir, nuestro sistema sanitario ha logrado ser eficaz y sus profesionales, tener conciencia de que con esta pandemia no cabe descuidarse y de ahí que la respuesta estatal haya sido la apertura gradual para reactivar la vida económica de la nación.

Naturalmente. Esto no quiere decir que haya que descuidarse o bajar la guardia y mucho menos creerse que el coronavirus chino ha sido neutralizado. Nada de eso y menos, cuando todavía no se ha producido la vacuna fundamentalmente eficaz para detenerlo.

Lo que realmente ahora importa, es que no destruyamos lo que hasta ahora y en efectividad antivirus y en tan poco tiempo la nación ha podido superar y por una decisiva razón: El coronavirus no ha sido destruido y como isla en el centro del Caribe, somos proclives a rutas de infecciones sorpresivas.

De ahí que haya que mantener todo lo relativo a practicar las medidas sanitarias de distanciamiento entre una y otra persona, el uso de las mascarillas, así como la limpieza e higiene más acentuadas.

Mientras y aunque otros piensen lo contrario, la República y desde marzo ha tenido notorios pasos de avances que obligan a preservarlos y esto, aparte de lo personal y lo humano, porque también el factor humano pesa. La economía se ha descalabrado, la pérdida de empleos ha sido espantosa y del producto interno bruto y solo en estos meses y desde marzo, la economía dominicana ha perdido el 30 % de su nivel de productividad.

En consecuencia, todas las medidas profilácticas y de reingeniería financiera que gobierno y sector privado están implementando y de cumplirse por toda la ciudadanía, de lo único que hablan, es de que recuperaremos, no el tiempo perdido y si el dinero dejado de ganar y para ello, el presidente Luis Abinader debe implementar el mejor proyecto de rescate y crecimiento económico y para fines de capital de trabajo fresco y a un interés bajo, a favor de todos los sectores económicos y sociales de clase media  y pequeña burguesía a los que la pandemia los ha llevado a la quiebra e incluidos negocios de unido dueño y de emprendedores y de medios de comunicación y de información de masas y sobre todo los digitales independientes, que somos los que hacemos contrapeso a los medios de la presa tradicional que solo responden a los intereses del gran capital.

Porque también está lo otro, si la economía no crece y el desempleo no disminuye, de alguna manera podría estallar una crisis social y para evitarla, está en las manos del presidente Abinader el impedirlo y mucho más, cuando él ha hecho entender, que con su discurso y políticas de aperturas de rescate social y sin radicalismos de ninguna especie, está el futuro positivo a lo inmediato que la nación requiere.

Y esta recuperación es lo que debe importar y para que la pandemia deje de ser el desafío que se vive y gracias a la mente abierta del presidente, a la esperanza promisoria que nos llevará a recobrar la confianza colectiva con esfuerzo y dedicación por parte de la universalidad de los dominicanos. Muchos somos optimistas y todos deberíamos serlo. Miremos hacia el horizonte y como el turista que llega, ansioso de encontrar un país mejor, en salud plena y con una economía vibrante. ¿Qué más pedirle a Dios Nuestro Señor?