viernes, julio 1, 2022
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La realidad es, que el mundo ya no es igual. Existen varios centros de poder económico globales que marcan una nueva geopolítica en la que no hay una sola potencia y sí otras y de igual rango

Por medio de su esclarecedor discurso de política y economía globales, el presidente de la Federación de Rusia, Vladimir Putin, ha descrito recién y en su discurso de ayer ante la plenaria del Foro Económico de San Petersburgo y dentro de un concepto pragmático y realista, que EEUU y Europa como su apéndice, no es la gran potencia unipolar que se conocía y sí que el mundo se encuentra ante nuevas políticas en las que los países BRICS han sido decididamente más diestros y que por efecto de su crecimiento y desarrollo nada volverá a lo que fuera la normalidad anterior.

No creemos que la advertencia del presidente ruso pudiera ser vista como un mecanismo para burlarse o desafiar a Occidente y mucho a menos a EEUU, que pese a las desavenencias momentáneas, sigue siendo el importante socio comercial y geoestratégico de Rusia y de su economía global.  

Lo que sí creemos que debe entenderse, es que desde que en Washington se decidieron y a partir del reconocimiento de China y el viaje del presidente Nixon a Pekín en 1972, acelerar su proceso de inversiones en China y mediante el mecanismo de que sus industrias y fábricas pasaran al país oriental y hasta convertirlo en la fábrica del mundo, los planificadores y estrategas estadounidenses, perdieron de vista que su país y economía se convertiría en uno de importación y a partir de esa política, a largo plazo perdería su hegemonía a nivel global.

Y ahora que los resultados de tal política tan arriesgada, se están viendo con el nacimiento de grandes potencias económicas plenamente establecidas y al mismo tiempo, fortalecidas como grandes potencias militares de alcance global y lo que es Rusia, debe de entenderse, que lo único que le faltaba a la política estadounidense pro industrialización de China y que ha servido de base a través de la cual, otras economías emergentes han logrado dar el salto como destacadas economías globales y que en Rusia hubiese surgido un líder fuerte y autócrata que fuera visto enérgico y de auténtica autoridad moral, para que entonces la gran nación eslava diera su salto hacia adelante y al grado, de ya superar a EEUU y ni se diga a Europa, en determinados campos como el energético y el militar.

En consecuencia, que hoy Vladimir Putin sea el nuevo zar ruso, a nuestro modo de ver, es producto, no solo de Nixon y Kissinger sino también de Reagan, la Thatcher y Juan Pablo II y en la búsqueda de una globalización y apertura, que al final a significado, sí la desaparición de la antigua Unión Soviética y del factor comunismo como doctrina ideológica de poder absoluto, pero a costa de que Europa perdiera calidad de gran potencia y EEUU se disminuyera en la suya propia.

Entendido lo anterior, entonces, no hay que buscar pretextos para querer comprender como Rusia-Putin ha llegado a un crecimiento económico y desarrollo tecnológico tan extremadamente alto y tampoco, con el mal pretendido criterio de un Bush hijo, diciendo que había profundizado en los ojos de Putin y había podido entender que era un gran hombre y conductor.

Sencillamente, con la iniciativa de enviar sus fabricas a China, EEUU se despojó de su brazo ejecutor en la economía y al cederla a una China que no se amilana ante ningún reto, era previsible y junto a sus amigos del centro asiático, la Confederación de Rusia y toda Asia, que un nuevo mundo económico a mediano plazo y un nuevo eje político a nivel global a largo plazo, necesariamente que sería el resultado final de semejante propuesta, que viendo los resultados de cara a los intereses estadounidenses, estos han sido enormemente perjudiciales para Washington.

Ciertamente, creemos que la iniciativa estadounidense de utilizar a la OTAN como la especie de ejército de sicarios que penetraría lo más cerca posible de las fronteras rusas, más el apadrinamiento de antiguas repúblicas soviéticas como miembro de la misma, va con el propósito de frenar hasta donde fuera posible, no solo el tremendo poder global ruso, sino la alternativa de poderes regionales encumbrados dentro de las naciones BRICS donde Rusia, China y la India son preponderantes junto a Brasil y África del Sur.

Ahora, la realidad golpea a los políticos  y estrategas estadounidenses y coloca contra las cuerdas a sus aliados en Reino Unido y la Unión Europea y de ahí que también entendamos, que si Rusia hace cuatro meses se decidió por avanzar militarmente sobre Ucrania, un país que se había convertido en una especie de protectorado estadounidense y laboratorio de todo lo que había que hacer para socavar al Kremlin, que entendamos, que Putin tiene razón y cuando dijo que fue después de muchos ruegos y advertencias a sus “socios” en Europa y EEUU que se decidió la operación militar especial y con el solo propósito de frenar en seco a la OTAN y decimos nosotros, hasta obligar a EEUU, Reino Unido y la UE a llegar a una negociación entre poderes iguales, en la que la peor parte la llevaría Ucrania por prestarse a ser la alcahueta del momento.

Así ya se tiene, que, en el terreno militar, Rusia está ganando la guerra mientras Occidente y aterrado, envía masivos cargamentos de armas para ver si los ucranianos, que son la carne de cañón de este desenlace, hacen lo suficiente para no ser reducidos a la nada, en tanto al mismo tiempo, las suicidas sanciones económicas contra Rusia han empezado a revertirse contra el resto del mundo, mientras Rusia se fortalece en el plano económico a unos niveles realmente inusitados.

¿Qué debería hacer una nación como República Dominicana ante semejante escenario global? Ser prudente y cauta y buscar nuevas alternativas económicas y políticas, que a largo plazo y dentro del ya casi inminente nuevo escenario global de varios centros hegemónicos y sin apartarse de su relación estrecha con el mismo EEUU, pero ahora en un plano de relativa igualdad, comenzar a efectuar su nuevo posicionamiento y de cara a su propia sobrevivencia y crecimiento y desarrollo de aquí al final de este siglo y sus dirigentes, con una mentalidad geoestratégica de alcance global y no solo regionalista como hasta ahora.

¿Muestra de lo que decimos?, parando a lo inmediato las exportaciones desde China y por un simple como determinante asunto, de una balanza comercial que favorece al país asiático con compras dominicanas por cerca de 10 mil millones de dólares en tanto China no llega ni a mil millones de dólares en el mismo lapso de compras de productos dominicanos y lo que también debería de ser compensado con proyectos llave en mano y no menos de mil becas para estudios de alta tecnología en medicina, programación y robótica.

En igual medida, enfrentar a aquellas naciones, que, como España, tiene importantes inversiones en nuestro país y mostrando también un fuerte desajuste en la balanza comercial entre las dos naciones y el factor agregado, de que la antigua potencia colonial, hasta ahora no se a mostrado lo suficientemente pragmática, anunciando la solicitud de retiros de visados a dominicanos.

Con el mismo concepto y así mismo, erigiéndose el gobierno dominicano como un auténtico defensor de los intereses permanentes de nuestro país, haciendo, que, por ejemplo, Canadá entienda que hay que revisar el contrato de explotación de la Rosario, pues no se corresponde, que de las ganancias que nuestro oro produce, este país obtenga menos de una cuarta parte al aportar la materia prima.

Es decir, la nueva realidad geopolítica mundial manda a que países como esta nación, dispongan de especialistas y negociadores de mentalidad abierta, la suficiente, para que, en estos nuevos tiempos de freno de un imperio global para el nacimiento de otros imperios alternos, República Dominicana sepa actuar y como la potencia regional emergente que es entre las islas -estados caribeñas y como la más significativa entre las naciones centroamericanas que conforman el CICA.

Al bosquejarlo y en el entendido, de que la realidad es, que el mundo ya no es igual. Existen varios centros de poder económico globales que marcan una nueva geopolítica en la que no hay una sola potencia y sí muchas y de igual rango. (DAG)

 

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