La República e institucionalmente va mal, muy mal. Los partidos políticos y sin excepciones son mafias organizadas…..

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¿En qué momento la prensa de este país se convirtió en la madeja de intereses espurios que es hoy?, ¿por qué el periodismo político y en líneas generales, emergió como el baluarte de todo lo prohibido y del fomento de la corrupción política en sus niveles más corrosivos y autodestructivos?, ¿qué fue lo que le ocurrió a esta nación, cuya gente y en gran mayoría dejó de ser decente y para convertirse en el peor ramal de inconductas generalizadas y acicateadas por esa pequeña burguesía depredadora que a vergüenza a las personas de conductas decentes?

Si buscamos una fecha o tiempo de apertura, hay que encontrarla al momento que el presidente Joaquín Balaguer dijo aquello de que su gobierno de los doce años había logrado crear 300 nuevos millonarios, expresión que facilitó las cosas, para que luego y a partir del 16 de agosto de1978, las mafias de agentes del narcotráfico y el lavado de activos de la parte noreste de Estados Unidos y desde la ciudad de Nueva York y disfrazadas de políticos, entraron a la vida pública dominicana y bajo el apoyo del líder socialista y del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), José Francisco Antonio Peña Gómez, nacido como el nacional haitiano Oguis Pié.

Solo recordando la detención momentánea que el líder  de referencia fuera apresado  en la terminal aérea Kennedy de Nueva York y al no haber podido explicar el origen de cerca de un millón de dólares que llevaba en un maletín, fue suficiente para que los dominicanos entendieran la dimensión hasta ese momento oculta de la “alianza pública y privada”, como se dice ahora, de mafias de comerciantes, tenderos y delincuentes de cuello blanco, quienes de pronto, entraron en la vida política y económica nacional como representativos de la mafiosa burguesía de dominicanos de origen estadounidense que de pronto se presentaban como financistas y banqueros e infectando el sistema financiero nacional.

En ese plano, fue inequívoco y por las diligencias hechas por el sistema económico y el gobierno de turno, para que se diera la frenética carrera contra el tiempo, en procura de que el Departamento de Estado y como en efecto ocurriera, ordenara que a Peña Gómez no se le formularan cargos criminales y se le dejara partir de vuelta hacia el territorio nacional, con lo que, por primera vez quedó al desnudo la alianza pública y privada entre el empresariado, la banca, el gobierno y el poder político y para que desde entonces, la política en este país diera un vuelco tan significativo, que ya nada fue igual en materia de moralidad , decencia política y social.

Estamos hablando, que desde el último gobierno de Balaguer, los dos del PRD de Antonio Guzmán y Salvador Jorge Blanco y la asociación delictiva encubierta del periodismo a nivel de propietarios y directores de los principales medios escritos, se creó la mafia política, social y empresarial y con la bendición de la criminal cruz católica, que impulsó la seria degradación moral, que ahora y después del interregno del PLD se viene a representar en la vuelta disfrazada al poder, del PRD y ya mismo como Partido Revolucionario Moderno (PRM).

Véase si esto es cierto, que, de golpe, los partidos políticos principales de entonces y con la complicidad directa de los empresarios y comerciantes, dueños y como barones mediáticos del 90 % de los medios de comunicación y de información de masas y quienes teniendo una variopinta de fundaciones de todo tipo y la mayoría de capital millonario nacidas al amparo de las mafias políticas y desde el propio poder político que ostentaban, son la representación viva de la corrupción a gran escala que se está viviendo.

Agréguese lo nuevo, de esa alarmante creación de premios de periodismo y sociales de todo tipo, creados por una voluntad perversa nacida en España que pretendía “domesticar” a periodistas y líderes sociales y descalificando a la sucia intelectualidad y quienes a partir de esas seudo distinciones y canonjías encubiertas, se logró la terrible inversión de valores morales que ha terminado por generalizar la pérdida de valor y fuerza moral del periodismo profesional y en un ámbito, que las mismas organizaciones periodísticas y tanto de periodistas como de empresarios mediáticos y asociaciones culturales y de intelectuales, ya ni siquiera pueden ocultar.

Con razón, la semana pasada y con motivo del sermón de las siete palabras, la curia católica se despachó a gusto, descalificando a la prensa dominicana en sentido general y como nunca desde el llamado “púlpito sagrado” se había hecho. En este aspecto, el cura a cargo de la sorpresiva filípica, Arsenio Ferreira Rosario, tuvo su minuto de gloria, mientras ahora y en lo personal, experimentará los efectos de la orden puesta a correr, en cuanto a estigmatizarle y llevándole hacia un ostracismo mediático, por el que nunca haya cura que se atreva de ahora en adelante por enfrentar al poder mediático.

Es decir, es improbable, que mientras el periodismo mercancía sea el antro de corrupción generalizada que se conoce y que la política se hubiese convertido en el peor mecanismo de supuesta legitimación del accionar delincuencial de la pequeña burguesía, todo ese que esconde los intereses ocultos del gran capital, República Dominicana pudiera salir del entrampado amoral que la controla y domina y que se sintetiza en el siguiente hecho: más de cien reporteros son millonarios en efectivo y bienes, mientras cerca de 500 “lideres” políticos encabezan el listado de los millonarios nacidos al amparo del poder político, el narco y el lavado de activos.

¿Extrañaría pues que los organismos tutelares de la República, como las instituciones castrenses, la policía nacional y la parte más “comercial” de la curia católica, toda esa que detrás de sus parroquias, la de Los Prados por ejemplo, tiene más de mil millones de pesos colocados como préstamos al mejor postor y todos de usura, compitan entre sí y para ver quien logra derrocar al falso e hipócrita poder mediático?

Con razón que digamos y para llamar la atención, que la República e institucionalmente va mal, muy mal. Los partidos políticos y sin excepciones son mafias organizadas y los llamados líderes políticos, una terrible partida de bandidos de escritorios de siete suelas y todos apoyados y alentados por ese nicho de prensa mercancía innoblemente corruptora y corrupta. (DAG)