La suerte está echada

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Alea iacta est… dicen que dijo Julio César antes de cruzar el Rubicón. Se aplica aquí y ahora en el contexto de la Operación Coral.

La cuestión no es con quién y cómo empieza este nuevo escándalo, sino hasta dónde puede llegar si se tira de la cuerda. No es un caso de corrupción como tantos otros, circunscrito a una oficina y con dos o tres beneficiados de un contrato en concreto. Este caso es particularmente delicado para el gobierno anterior. Por acción y por omisión. No puede decirse que el PLD tenía descontrol en sus servicios de inteligencia o que el dinero distraído es una minucia.

A este Gobierno, el del cambio, la opinión pública no le va a permitir que se arranquen investigaciones, se haga la alharaca y se engavete el expediente. No es una cuestión de relaciones públicas, portadas de revista o de imagen en las redes. Lo que se ha destapado es importante y puede llegar hasta donde, quizá, no se desea.

Hay dudas, muchas dudas, de cómo acabará el caso Odebrecht. El escándalo de corrupción continental que ha terminado con la carrera de presidentes, de gobiernos, de la reputación de la multinacional brasileña y que aquí pinta rara. Una traducción que no se hizo, una delación que no se admite, la procuradora que se inhibe… Nadie sabe en qué terminará, pero cuando se diluya, si es que se diluye… no va a gustar.

La suerte está echada. La Operación Coral es una apuesta muy fuerte, más fuerte que la del caso Antipulpo. Si se arranca fuerte, debe seguirse fuerte y hasta las últimas consecuencias.

De lo contrario sería mejor no haber empezado. Por: Inés Aizpún [Diario Libre]