sábado, julio 20, 2024
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Las cenizas del olvido. ¿Destino fatal para la nación dominicana de ahora?

Sí que hay amagos y el mismo presidente Luis Abinader es evidente que hace el intento, pero desde el momento que se ausculta la realidad generacional, todavía este país no ha podido o no ha querido dejar el trujillismo atrás.

Solo hay que ver como el culto a la personalidad del que mande, es determinante para decidir el tipo de país que transitoriamente esta generación hipotecada quisiera tener y ni siquiera dejar de herencia a alguna otra y futura. En este sentido se anda a tientas “a lo que coja mi bon” y por lo que se está viendo, prácticamente sin verse atisbo alguno de lo que a la República le espera en los próximos cuarenta años.

No se trata solo de los factores geopolíticos que inciden en la vida nacional, sino que simplemente, parecería que hay una renuncia generacional de ser y sentirse dominicano y lo que se nota en los millones de jóvenes que en estos 62 años han huido del país, en otras palabras, han desertado de sus raíces y para convertirse en lo que se ve hoy: Millones de jóvenes de origen dominicano y con mentalidad extranjera, ni siquiera cosmopolita.

Quienes lo único que quieren  de esta especie de generación perdida que ha retornado a la nación originaria, no para ser mejores dominicanos, sino para influir y manipular la idiosincrasia criolla y lo que se nota hasta el infinito, en los miles de jóvenes que se dicen influencer o influenciadores y que es el nuevo pecado original que las nuevas generaciones exhiben y con gran descaro y desenvolvimiento y tal como si entendieran que el fracaso de la juventud de sus padres, sentido en sí mismos por la cortedad de miras de la niñez y pre adolescencia que tuvieron lleno de carencias, ahora quisieran  desquitárselas y haciendo de su país originario una lamentable caricatura de nación.

Todo lo que se vive en este país de jóvenes, recuérdese que desde el 1961 al presente nacieron 8.5 millones de personas, que junto a los 2.5 millones de personas que habían nacido en la Era de Trujillo y quienes ahora están de paso con setenta y más años, es como una especie de desquite generacional, pero contra la República y dando un cambio de 380 grados de la vida nacional.

Cambio, por el qué nada bueno ha sido adoptado por quienes ahora jóvenes de 15 a 24 años, se han convertido en la primera frontera de una generación también trunca y que luce desesperada y al no tener referentes propios, para imitar a los jóvenes mayores entre 25-38 años y lo más patético, que al no tener una escolaridad eficiente, el 90 por ciento de todo ese montón de gente, son analfabetos funcionales  y quienes, al parecer y sin importarles un bledo, quieren que los más jóvenes sean un desastre ciudadano para un país acorralado en su mismo fracaso cívico como nación.

He ahí los escandalosos últimos datos sobre la escuela dominicana, el fracaso de los docentes, la politización anárquica de las aulas o el despropósito fenomenal, de una escuela que no responde a los intereses naturales de una sociedad en gestación.

Para confirmarlo, solo hay que ver el interés enfermizo por parte del factor joven y por todo lo anodino, intrascendente y falso, sin valores morales de ninguna especie hacia esa seudo cultura hedonista, matizada por el culto al dinero y obtenido sin importar como y para que entonces la nueva cofradía de pequeña burguesía genere una especie de nueva moral extraviada, que al compararse con las de otras naciones, en cierta forma, genera vergüenza en los que todavía sabemos pensar.

Hoy, una prostituta o un chulo, un ladrón o un sicario, un asesino o un terrorista y desdibujados como chica o chico acompañante o como “comunicadores” en la tele y de una manera grosera, se está haciendo sentir entre la generación joven, ¿ o que es lo que son los teteos en los barrios de nuestras ciudades y el pandillerismo social, sino la expresión corruptora de una nación sin generaciones jóvenes sin norte y con nada o poco interés en ser personas y de bien?

De esta manera, mientras en la dictadura todo era civilidad, buenas maneras y mejor educación, con la democracia todo ha sido puesto patas arriba y los partidos políticos y en términos generales, han sido convertidos en terribles carteles delincuenciales de la extorsión, la trata de personas y el robo descarado de los recursos públicos y desde el momento de la llegada a mitad del 1961, cuando más de 20 mil dominicanos dizque “antitrujillistas en el exilio” y quienes junto a los miembros de la oligarquía tradicional representada en las llamadas “diez familias”, se entendió que había llegado la oportunidad de desarticular la vida nacional, destruir las instituciones y hacer del dominicano el peor enemigo de su mismo país.

Es así como hemos vuelto a la jungla, a vivir como los chivos sin ley, donde nada es lo que parece y que es el factor por el que desde el 1996 a la fecha, se han demolido las bases más firmes y tanto de la nacionalidad y la idiosincrasia como de la gobernabilidad. Desastre social de absoluta anarquía, por el que el factor mediático ha sido el arma de reglamento para que las instituciones sean socavadas, la moral social tienda a desaparecer y el sentido de ser un buen gobierno de hondo servicio público, de paso, a gobiernos y gobernantes con miedo de saber tomar decisiones y terriblemente temerosos del que dirán mediático.

Desde luego, que tampoco todo es oscuridad, pues hay una minoría reducida de un cinco por ciento de la juventud entre 18-48 años que realmente quiere lo mejor para su país y que tampoco está de acuerdo con la manera tan frívola de vivir que tiene el grueso de la población joven, como que por igual y entre las personas de edad, la mayoría alfabetizadas y profesionales en múltiples diciplinas, casi a escondidas quisieran que hubiese un despertar moral, que pare en seco la carrera hacia el derrumbe que ahora se vive y que está marcado por la extinción poco a poco de República Dominicana y dando paso al país falso y de inmigrantes, que es “Dominican Republic.”

Se necesitará, eso sí, mucho coraje para cambiarlo todo hacia el nuevo país que con urgencia se requiere y por parte de una generación o conjunto generacional, que, por treinta años seguidos, refunde a la República y la salve y entregándola a otras nuevas y de relevo. Si esto se logra, se llegaría al fin de este siglo. De lo contrario, la nación dominicana desaparecerá en las cenizas del olvido y tal como si fuera el destino fatal para la nación dominicana de ahora.

Razones más que suficientes y para que digamos, que lamentablemente, en este país, la generación que debería marcar el relevo político y social y representada por la que está ahora en el poder, todavía no ha dado muestras de ser el verdadero relevo generacional. Excúsennos, quienes por nuestras expresiones se hayan sentido ofendidos. Con Dios. (DAG) 31 05.2023

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