Las contradicciones de las relaciones haitianas de odio-amor con los dominicanos y lo imperativo de que Abinader sepa y entienda cual es el terreno que pisa.

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Cuando se analiza en detalle y con la minuciosidad propia de quien se siente artesano tratando de entender las relaciones entre los dos países que ocupan la misma isla y teniendo en cuenta la idiosincrasia haitiana, en la que sus actos no van acorde con sus palabras y por lo tanto, sabiendo que siempre los vecinos actúan con la doble moral que les caracteriza y por lo evidente, buscando como ganar tiempo y reducir a un sin importancia aquello que se tenga entre manos o que ellos hagan aparentar lo que quieren que los negociadores dominicanos entiendan que pudiera ser.

De inmediato, el observador más despierto se da cuenta, que, tratándose Haití, el engaño es la única materia que prevalece y tanto, que todavía la incapaz e incompetente diplomacia dominicana y ahora peor, teniendo de canciller a una persona que solo porque es hijo de otro canciller, se le dio entrada en el departamento de protocolo en Relaciones Exteriores y a partir de ahí y por buenas amistades claves hizo carrera y nada en base a conocimientos idóneos en materia diplomática y de experiencia probada.

Es tal el vacío de análisis e inteligencia que existe de forma penosa en este gobierno, que ni siquiera se está atento, al hecho, de que los haitianos y sin importar gobiernos, son expertos en crear comisiones de trabajo y para cada momento que haya un contencioso en ciernes con República Dominicana y lo más increíble, que no les importa designar una comisión hoy, iniciar conversaciones y concluir tratando de llegar a algún tipo de respuesta y para que al día siguiente enviar otra y otra con nuevos individuos y cada uno teniendo la sola misión de demorar lo más posible toda posibilidad de acuerdo en firme.

La situación es tan significativa, que como todos los días los nuevos miembros de cada comisión van y vienen, en tanto los dominicanos no hacen igual y sí lo profesional, de una comisión formada por técnicos y uno que otro político y todo el tiempo, dispuestos a continuar reuniéndose y sin reparar que sus pares haitianos, sencillamente les están tomando el pelo.

De este modo y debido a esta característica de supuesta “apertura comunicativa”, el actual gobierno haitiano se burla reiteradamente de la parte dominicana y en razón de ello, parecería que el presidente Abinader ha caído en cuenta, de que el presidente Moise, en ningún momento ha tomado en serio y como debió la opinión dominicana de critica lucida sobre la inquietante deriva de violación implícita del tratado de 1929 y con miras de imponer un canal de riego paralelo al Río Masacre y solo con el interés de apropiarse de aguas que no son suyas, sino limítrofes y por lo tanto, repitiendo lo mismo que en años atrás le hicieran a las también aguas limítrofes del Río Artibonito y que increíblemente los dominicanos permitieran.

Con ese antecedente, es que los haitianos están trabajando. Presentar una política de hechos cumplidos y como en la psiquis haitiana “los dominicanos nos tienen miedo”, al final salirse con la suya, volver a enajenar el territorio dominicano y quedando la parte dominicana como un atajo de cretinos y estúpidos que creen saber negociar cuando absolutamente no saben nada de cómo hacerlo.

Y es en este clima “de buena voluntad”, que Abinader anunció, que, para él, si el gobierno haitiano no para la construcción del canal de riego que pretende, no habrá negociaciones de ningún tipo y hasta se permitió dejar la probabilidad de una respuesta más dura que todo cuanto hasta ahora se ha estado planteando.

Desconocemos, si el presidente Abinader tiene una idea concreta en cuanto a la dimensión de confrontación que Moise estaría dispuesto a llegar y de la que de seguro, su primeras intención será tocar puertas a nivel de la comunidad internacional y en particular la estadounidense, en la que Haití siempre ha tenido apoyos  y mucho más en su diplomacia y que junto a la situación de que el presidente haitiano es ciudadano estadounidense y aliados y socios suyos tienen alianzas con legisladores estadounidenses del área afro estadounidense, no habría que dudar que Moise ya habrá empezado a tocar puertas, tanto en el Departamento de Estado como en el Congreso Federal.

Y en esa circunstancia ¿qué tenemos los dominicanos?, un legislador federal de un distrito de Nueva York y cerca de cien legisladores estatales y todo un amplio abanico de alcaldes y funcionarios de primer nivel en no menos de 10 estados y quienes como todos son estadounidenses de origen dominicano, nunca harán nada que vaya en contra del país del que se hicieron ciudadanos.

Así las cosas, a Abinader, parecería que solo le queda el recurso de la fuerza bruta y sin importarle los riesgos que se puedan correr. Ahora bien. Como a lo interno de su gobierno plutocrático, la mayoría son personas con intereses en EEUU y teniendo también la mayoría de sus recursos en bancos estadounidenses, cuyos bancos a su vez son corresponsables, lo lógico debería de ser, que esa masa de influencia y cierto poder y hablamos del CONEP como de la ABA, desde ya mismo estuvieran defendiendo los intereses dominicanos ante sus relaciones estadounidenses y comenzando por la AMCHAMDR, donde hace rato que el presidente Abinader debió de aprovechar su escenario para hacer valer la realidad del contencioso por aguas limítrofes y creado por el gobierno de Moise, que se está materializando.

Algo más, como el actual gobierno dominicano tiene una raíz común de comerciantes árabes y turcos, que primero llegaron y se desarrollaron y crecieron como tenderos en Haití y luego “se mudaron” a territorio dominicano y haciéndose “ciudadanos”, frente al lío creado, debieron haber sido el motor de apoyos tácticos que Abinader debió de haber utilizado en principio y no creer que podía actuar solo formulando una reunión binacional atípica entre los dos gobiernos y sin cuidarse las espaldas y como hiciera Moise enterando previamente de la reunión con Abinader y en privado,  al comercio árabe-turco haitiano.

De esta manera y frente a los haitianos, los dominicanos estamos dando palos de ciego y tanto, que ni los miembros de la comisión binacional empresarial tan mentada, de Vicini-Capellán, etc. Ni siquiera espontánea y públicamente han tenido el coraje de defender, en el presente contencioso, los intereses dominicanos.

Es de esta forma, que Abinader y antes de dar respuesta sobre lo que entiende la defensa de los intereses nacionales, parecería que tiene el contencioso perdido y llegándose al extremo, de que, de sentirse acorralado, deberá de informarle directamente a la nación y buscando el alma patriótica de su propio pueblo.

Ojalá equivocarnos, pero todo apunta a que el contencioso desatado solo ha servido para que los egos siempre latentes de aspirantes a cargos de embajador, ministro consejero o cónsules en Haití y todos, dizque expertos en asuntos haitianos y como son los casos de un periodista que fue embajador y un sociólogo que también lo fuera, tratan de pescar en rio revuelto, enredarle la cabuya a Abinader y para luego salir como los nuevos redentores que este país requiere y dicho sea de paso, quitándole peso y si les dejan, descalificando al emisario consular que Hipólito logró insertar en el Cuerpo Consular en Puerto Príncipe.

Es de este modo, que, al analizar todo este inquietante panorama, de inmediato se entienda el por qué decimos, que hablamos de las contradicciones de las relaciones haitianas de odio-amor con los dominicanos y lo imperativo, de que Abinader sepa y entienda, cual es el terreno que pisa. (DAG)