Las purgas en el Ejército chino causan más bajas que en tiempos de guerra

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Servir en el Ejército es siempre una ocupación de alto riesgo. Pero en China puede ser más peligroso en tiempos de paz que durante sus últimas y breves guerras, contra la India en 1962 y Vietnam en 1979. Al menos para los oficiales, ya que 13.000 de ellos han sido purgados desde que el presidente Xi Jinping tomó el poder hace cinco años, según cifras publicadas por el Diario del Ejército Popular de Liberación. Entre ellos destacan un centenar de altos mandos, algunos tan importantes como jefes del Estado Mayor y vicepresidentes de la todopoderosa Comisión Militar Central.

A sus 66 años, el último en caer en este nuevo tipo de combate ha sido Fang Fenhui, quien en su día brilló como el comandante más joven del Ejército y en enero fue acusado de corrupción. Antiguo jefe del Estado Mayor y miembro de la Comisión Militar, está siendo investigado por pagar y aceptar sobornos porque se le relaciona con otro alto mando defenestrado, Zhang Yang, quien se suicidó el pasado 23 de noviembre. A tenor del periódico de Hong Kong «South China Morning Post», Zhang se colgó en su casa de Pekín una hora antes de que los inspectores anticorrupción acudieran a detenerlo.

Relevados de sus puestos el pasado verano, ambos eran protegidos de los dos cargos más altos destituidos por corrupción. Uno es Guo Boxiong, quien fue vicepresidente de la Comisión Militar Central entre 2002 y 2012, bajo el mandato del anterior presidente, Hu Jintao. Con 75 años, cumple cadena perpetua por corrupción desde julio de 2016.

Peor suerte corrió otro vicepresidente de dicha Comisión, Xu Caihou, quien falleció a los 72 años en 2015 mientras estaba detenido para ser investigado también por corrupción.

No son las únicas bajas que han provocado las purgas del presidente Xi Jinping en las filas militares, ya que el vicealmirante Ma Faxiang, segundo comisario político de la Armada, saltó de un edificio gubernamental en 2014. Tres meses antes, el contralmirante Jiang Zhonghua, número tres de la Armada, también se lanzó al vacío desde un hotel en la provincia costera de Zhejiang mientras era interrogado por los investigadores. O, al menos, esa es la versión oficial. Otro general que se suicidó fue Chen Jien, cuyo cuerpo fue hallado en 2016 en sus barracones tras tomarse una sobredosis de pastillas para dormir.

Hombres de su confianza

Con estas purgas, el presidente Xi ha conseguido eliminar a sus rivales dentro del Ejército para colocar a hombres de su confianza, como el general Li Zuocheng, actual jefe del Estado Mayor, y el almirante Miao Hua, quien dirige el Departamento Político de la Comisión Militar Central.

Justo un día después de perpetuarse en el cargo al abolir la Asamblea Nacional el límite constitucional de dos mandatos presidenciales, Xi Jinping se reunió este lunes con una delegación de altos mandos del Ejército, a quienes exigió una renovada lealtad. «Todo el Ejército debe fortalecer su celo constitucional, promover su espíritu y ser su admirador y defensor», ordenó el presidente, según informa la agencia France Presse. Ataviado para la ocasión con un traje tipo Mao, Xi hizo valer su condición de presidente de la Comisión Militar Central para recordar que él es el máximo rango del Ejército. Al igual que otros muchos campos de este régimen autoritario, las fuerzas armadas están a la orden del Partido Comunista, cuya autoridad se halla por encima del Estado.

Tras depurar el Ejército, a cuyos oficiales ha prohibido hacer negocios para evitar la corrupción, Xi Jinping se ha marcado como objetivo modernizarlo de aquí a mitad de siglo y dotarlo de portaaviones nucleares. Para este año, los gastos en Defensa han subido un 8,1% hasta alcanzar los 1,1 billones de yuanes (141.241 millones de euros), que en realidad podrían ser mucho mayores por la habitual opacidad china.

Con más de dos millones de soldados, bombas atómicas, dos portaaviones, submarinos nucleares, satélites espaciales, cazas invisibles al radar y una legión de «hackers» (piratas informáticos) para la «guerra cibernética», China tiene disputas fronterizas con todos sus vecinos, que ven con extrema preocupación su auge militar. Pero, para los oficiales del Ejército Popular de Liberación, solo hay una cosa más sangrienta que cualquier guerra: las purgas del presidente Xi Jinping.

Por Pablo M. Díez (http://www.abc.es/internacional/)