sábado, octubre 16, 2021
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Las secuelas de la erupción del volcán de la Palma

El domingo 19 de septiembre entró en erupción el volcán Cumbre Vieja, en la isla de La Palma. Desde ese momento los expertos se han volcado no solo para predecir el camino que tomarían los ríos de lava sino también para intentar predecir tanto las consecuencias locales como las más globales provocadas por la actividad de este volcán que constantemente está evolucionando. Esto es lo que sabemos por ahora de acuerdo con la opinión de los expertos:

Lo primero es comprender que no se trata de una ciencia exacta. La orografía, la cantidad de magma, la altura… todas son variables que influyen en el comportamiento de un volcán. La duración de la actividad del Cumbre Vieja, por lo tanto, está situada entre 24 y 84 días, que es lo que se estima permanece activo un volcán de sus características. Pero todo ese lapso no corresponde a una actividad idéntica, el volcán evoluciona en su ciclo activo y pasa de lava a gases y ceniza.

La llegada de la lava al mar es uno de los acontecimientos que más han estudiado los vulcanólogos, geólogos y biólogos. Y por un motivo. Los minerales presentes en la lava y en las cenizas pueden perjudicar la biología marina… pero también pueden propiciar la propagación de diferentes especies y cambiar sus ciclos. Y una de las consecuencias que más se teme, debido al nitrógeno presente en las cenizas, es que contribuya a la proliferación de algas en los litorales marinos. Algo que puede contribuir a modificar el ecosistema marino de las islas Canarias.

Eso es lo que se puede vincular a los efectos de la erupción en el mar. En la tierra, por su parte, son más numerosos. En primera instancia tenemos que hablar de los efectos bajo tierra. Pese a que existe un peligro real de contaminación de acuíferos como consecuencia de la erupción, (algo que teniendo en cuenta que hablamos de una isla y que, por si fuera poco, depende en gran medida de la agricultura, es fundamental), los expertos están constantemente realizando controles rigurosos en todas las vertientes posibles para certificar que no existe contaminación y que el agua sigue siendo segura.

Más arriba, el panorama es un poco menos certero. Si bien es cierto que los volcanes han sido fundamentales en la configuración del planeta al facilitar la posibilidad de vida, han tenido un papel fundamental en el desarrollo de los océanos y de la atmósfera terrestre, su actividad actual no solo altera la geología, sino también la vida. Una vez que la actividad volcánica cese, la lava fría se convierte en un terreno poco amable para la vida… en primera instancia. Es un suelo árido y escarpado conocido como malpaís y reconocible en Tenerife a través del malpaís de Güimar o de la Rasca. Esos suelos tardan tiempo en recuperarse y son muchos los factores que determinan la velocidad de la recuperación.

Una posibilidad es emular lo que se ha hecho en Hawaii, en este tipo de terrenos, donde ha crecido (casi invadido) la zona una especie arbórea propia de Canarias: la faya (Myrica faya). Se trata de un árbol resistente a las tierras secas y a los vientos más fuertes. La ventaja de la faya es que su ciclo produce o facilita que el nitrógeno se fije en el suelo y este elemento es fundamental para la vida de otras plantas. En pocas palabras, la llegada de la faya da esperanzas a una tierra que parece yerma. Lo que sí previenen los expertos es que será necesario vigilar la llegada de otras plantas que pueden ser invasoras, atraídas por la «llamada de la faya» y que pueden colonizar de modo negativo, ya que no tienen competencia, ciertas zonas de la isla.

De acuerdo con datos del Servicio de Gestión de Emergencias de Copernicus (una red de satélites de la Agencia Espacial Europea que monitoriza el medio ambiente), por ahora la superficie afectada por las coladas de lava del Cumbre Vieja ocupan una extensión de unas 258 hectáreas. Esta zona se puede ver beneficiada no solo por la colonización de especies vegetales resistentes, sino también por las frecuentes lluvias que recibe el archipiélago (en La Palma puede llover hasta dos veces más que en Gran Canaria, por ejemplo).

Gracias a ello el suelo podrá recuperarse un poco antes y aumentar su fertilidad, algo propio de los terrenos en las laderas volcánicas. Pero esto no es un proceso de un par de años. Ni siquiera de décadas. De hecho, algunos expertos hablan de más de mil años para que se recupera del todo. Y finalmente, después del agua y la tierra, llega el aire. Este aspecto es el que puede extenderse a un territorio más amplio y es uno de los factores que más preocupa a nivel global. Recordemos lo que ocurrió con el volcán islandés (Eyjafjalla para los eruditos) que paralizó el tráfico aéreo en gran parte del continente debido a las cenizas. En el caso del Cumbre Vieja, el Instituto Volcanológico de Canarias explicaba que «la altura de la pluma volcánica se ha estimado en 4,2 km por encima de la boca eruptiva. La actividad es más explosiva con gran cantidad de cenizas en la atmósfera».

El problema no es tanto el tráfico aéreo sino las masas de aire. Una parte importante de la fertilidad del Amazonas reside en las partículas minerales que viajan atravesando el Atlántico desde el desierto del Sahara. Eso basta para darnos una idea de cuan influyente pueden ser las pequeñas partículas que expulsa un volcán. En estas cenizas puede haber importantes cantidades de sulfato que, al ascender por la atmósfera, se humedecen y son las responsables de provocar lluvias ácidas. Esto no significa que Europa va a sufrir precipitaciones con ácido, de ningún modo. Habrá cierto nivel de acidez, pero no se prolongará en el tiempo ni tendrá consecuencias importantes.

De acuerdo con los satélites de Copernicus, sí se registrará una cantidad notoria de dióxido de azufre que podrá extenderse por la península y por gran parte del Mediterráneo, como Marruecos, Túnez, Argelia, Libia y también las costas de Francia e Italia. Pero será algo puntual. Por este motivo tampoco sería grave para la naturaleza ya que para que esto ocurra los niveles de sulfato deberían ser más altos y tratarse de un fenómeno que se prolongue. Por otro lado, todos los expertos coinciden en que el mentado tsunami que arrasará el norte del continente americano y que se llevará por delante a Cádiz, entre otras ciudades costeras de España, es un bulo. La noticia se basa en un estudio científico de 2001 que prácticamente toda la comunidad científica ha criticado por sus conclusiones.

Cuando se habla de lo que podría durar la erupción del volcán canario, los datos se extraen de su propio pasado o del pasado de la isla más concretamente. Esta es la primera erupción en los últimos cincuenta años. La anterior fue en 1971, y duró 24 días. Pero la más larga de la que se tiene registro ocurrió en Tehuya, en 1585 y se prolongó a lo largo de 84 jornadas. Por: Juan Scaliter [La Razón]

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