Lo tortuoso de los trámites burocráticos

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Nuestro país, aunque a ritmo de bachata y merengue, es difícil, en el aspecto civil del ejercicio ciudadano. Todo precisa de “papeles” y trámites complejos, que llenan archivos .

El denostado “tributario” tiene perfecta vigencia por lo tortuoso que, como deborador de tiempo útil, cada proceso se convierte en un mortificante viacrucis. El burócrata criollo se satisface de la complejidad de los trámites, diseñados sin tener el cuenta el tiempo ajeno y a contrapelo de la celeridad del computador, frenado por la creatividad negativa. .

Parecería que hay instituciones que producen documentos “naturales” y “reconocidos”, porque algunos deben ser certificados por el mismo organismo que lo emite, en absurdo contrasentido. Algunas instituciones tienen en sus “páginas”, indicaciones “colgadas” de los requisitos para un trámite, lo que acelera las “diligencias” porque se definen de manera precisa. Esto es en esencia un aprovechamiento de los recursos cibernéticos y del propio Internet como herramienta de la eficiencia.

Otros, más osados, permiten el llenado de formularios “on line” para beneficio de los privilegiados que los manejan. Basta un ligero desvío, de los parámetros de diseño, que con frecuencia se da, para que todo se torne “análogo” y haya que apersonarse a la oficina de trámites de la institución, a coger la tradicional “pela”.

Cuando lo crees completado, rEQUIEREN “N” copias que nunca te indicaron. Muchos procesos han tenido saltos agigantados en su ejecución y lo que antes era una tortura infinita, es cuestión de dedicar unas horas, sin asistencia externa, para completarlo. Basten los ejemplos de licencias de conducir y pasaportes con su novedoso VIP, donde la institución recauda, por la celeridad del proceso, lo que antes quedaba en manos de tributarios y empleados que “picaban” aprovechando la necesidad del ciudadano apurado.

Cuando un joven de cerca de 18 años quiere aperturar una cuenta bancaria, imprescindible hoy para el manejo automático de su salario, se encuentra que no aparece en la versión desactualizada del Padrón Electoral con la que opera el banco en cuestión.

Por asuntos de costos y los absurdos oficiales, el padrón electoral tiene precio astronómico y no existen “actualizaciones”, si no versiones completas. Esto obliga al joven a requerir de la propia Junta Central Electoral, certificar que la cédula que posee es válida y corresponde a él. Si no puede hacer él mismo el trámite, se le complica y encarece enormemente.

Bien pudiera el Ministerio de la Juventud intervenir para corregir el “hoyo” burocrático, con el que se discrimina y desmotiva, a quienes inician su vida documental. Abogados se dedican a “tramitar” documentos y cobran servicios profesionales, dejándole “caer la pesá” al necesitado que requiere de ellos. Hemos mejorado, pero falta vocación de servicio, procesos mejor diseñados y documentos fehacientes que no haya que certificar otra vez.

Por  (http://www.elcaribe.com.do/)