Los días de Maduro están contados y los del Chavismo y aunque no se crea, ya han empezado a ser historia. Los sucesores del militar golpista fracasaron de plano y ahora llegó el momento de contar y pagar

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Nada hacía suponer, que al momento de Nicolás Maduro haber sido designado por el a ese momento moribundo presidente Hugo Chávez Frías y días antes de la muerte de este ocurrida el cinco de marzo de 2013, el fiel lacayo de Chávez podía terminar en menos de cinco años de poder absoluto, en un fracaso tan demencial, que ahora mismo, la única pregunta que cabe es cuando este incapaz e incompetente presidente podría abandonar el poder, sea por inercia propia o porque simplemente se le derroque.

            Paralelamente, el Chavismo, que lleva 17 años en el poder, ha llevado a Venezuela a la degradación económica-financiera y social total y para colmos, con una terrible deuda externa de 127 mil millones de dólares estadounidenses, de los que solo a China Popular le adeuda 65 mil millones y los que el país asiático cobra mensualmente con más de 400 mil toneladas de petróleo que la ínfima producción de la economía venezolana, a duras penas puede entregarle, en tanto compra petróleo extranjero para poder cumplirle a Cuba con las doscientos mil toneladas prometidas como subsidio de amistad.

            Lo increíble es, que 17 años atrás, nada hacía presagiar el terrible apocalipsis que le ha caído encima a la nación sudamericana (sudaca) y mucho menos, que el antiguo camionero y luego canciller de aire circunspecto y trato afable y excelente, más tarde presidente de la Asamblea Nacional y siempre dispuesto a ser más sumiso de la cuenta ante Chávez, podía convertirse en el dirigente socialista seguidor de la corriente marxista cubana, menos preparado para dirigir a Venezuela y ser sí, su evidente enterrador.

            Hoy, se supone que el país sudaca tendrá unas decisivas elecciones en las que nadie entiende que el chavismo podrá ganarla limpiamente y sí, que descalabrado el gobierno en su funcionalidad intrínseca y con el triste registro, de que de cada 100 venezolanos 95 han retrocedido a la vida dentro de un país subdesarrollado y mal administrado, Nicolás Maduro se ha convertido en una terrible incomodidad geoestratégica, de la que la mayoría de los gobiernos y naciones circundantes, le entienden su peor pesadilla.

            En ese contexto, de todos lados se presentan amagos desestabilizadores y conspiraciones políticas, sociales y económicas de todo tipo, al tiempo que la potencia regional, EEUU, prácticamente no esconde su intención de derrocarle y solo para demostrarle al resto de los gobiernos de América Latina y el Caribe, que la aventura chavista totalmente antiestadounidense, no era el mejor camino para gobiernos y pueblos que quisieran distinguirse por dominio propio de sus propios destinos y políticas.

            Incluso, gobiernos que han sido solidarios con Venezuela y tanto por razones históricas, políticas pero fundamentalmente, porque Chávez vivió parte de su exilio en su territorio y como es el caso del gobierno dominicano del presidente Danilo Medina Sánchez, no solo que en los últimos meses ha mantenido un prudente bajo perfil, sino que ha tenido que verse en la obligación de enfriar sus relaciones personales y políticas y por el craso error cometido por el mismo acosado presidente venezolano, al querer implicar al presidente Medina Sánchez en una decisión de Estado que el dominicano y como el resto del mundo, conoció al momento de Maduro haberla declarado por radio y televisión y de la que Medina Sánchez, se apresuró a desmentir y rechazar a lo inmediato.

            Estamos hablando, de que el gobierno dominicano y para ayudar las finanzas públicas venezolanas, compró la deuda dominicana de petróleo que tenía con Venezuela, al tiempo que facilitó las cosas, para que más de 50 mil venezolanos pudieran salir al exilio económico teniendo de apoyo a República Dominicana, en tanto se seguía manteniendo y como si ignorara, que la principal unidad de espionaje y contraespionaje venezolana-cubana en el Caribe central, opera desde la capital dominicana.

            Al mismo tiempo y a nivel general y perdido el importante como decisivo apoyo táctico dominicano, Maduro ha caído  en una fuerte espiral de desaciertos y unos detrás del otro y en la misma medida, que el gobierno dominicano y en cierta forma, influenciado por ese marxismo tropical de origen cubano que los “izquierdistas” dirigentes del partido de gobierno, PLD, siempre han practicado, generaba una inédita situación política y geográficamente preocupante y sin duda, en tiempo no prudente y al agriar sus relaciones con EEUU y a resultas de haberse decidido por romper relaciones con China Nacionalista y de golpe, abrir relaciones diplomáticas con China Popular, lo que le convierte y en el caso de que la fuerza de tarea política y militar que Washington lleva preparando para buscarle solución “al problema venezolano”, sus estrategas también tenga en mente hacer saber y de manera menos diplomática, lo que en el Departamento de Estado entienden una absurda puñalada trapera del gobierno dominicano.

            Es de esta manera y con escenario tan variopinto, que el factor geoestratégico y como nunca antes, está dando los pasos de lugar y que de efectuarse y tener el éxito que sus promotores esperan, no les deja dudas, de que las elecciones de hoy en Venezuela, servirán de la necesaria punta de lanza que haga factible la caída de Maduro y la pérdida total del poder por parte de lo que apenas queda de chavismo.

            ¿Por qué debe decirse, que esa es la situación previsible que van a generar los resultados de unas elecciones que se entienden fraudulentas?, porque el ánimo general para todos los países y gobiernos de la región y menos para Cuba, Nicaragua y Bolivia, es la de dejar a su suerte al acosado e incompetente gobierno venezolano y del que ya, ninguna cancillería espera ningún tipo de acto racional de política pragmática y sí un aumento galopante, de mayores metidas de pata en su política doméstica y de mucho mayor hostilidad,  con lo poco que le queda como factor de maniobra en lo exterior.

            En este sentido, estas elecciones vienen siendo lo más parecido a una muerte previamente anunciada y lo grave es, que, en Venezuela, todo el mundo entiende, que se está ante la presencia de la última escena de un escenario irrepetible y del que y de una u otra forma, amigos y adversarios y más por cansancio que por otra razón, quieren su final.

            ¿Suerte de Maduro?, ninguna. Políticamente, tiene todos los caminos cerrados y quizás, la única puerta que le queda abierta sea la cubana y la que, en las circunstancias actuales, tampoco es que le pudiera servir de mucho. Por ejemplo, las Fuerzas Armadas venezolanas, convertidas en un gigantesco complejo militar-comercial e industrial. Sus generales, el único factor que hasta ahora no les ha decidido a derrocar al presidente, es el no tener claro, si EEUU y en la etapa poschavista, no trataría de ajustarle cuentas por el alto grado de promiscuidad y corrupción que el estamento militar arrastra y resuelta esa interrogante, seguro que la caída de Maduro y la pérdida del poder por el chavismo, sería un asunto solo de días.

            Naturalmente, nadie en su sano juicio quisiera ver un desenlace tan trágico y al mismo tiempo tan desesperado, al fin y al cabo y en lo que se refiere al pueblo dominicano, este siempre ha tenido una particular condescendencia y amistad hacia todo lo que significa Venezuela y por las determinantes razones históricas, de que fue la nación que le dio acogida en sus años de exilio, al padre de la nacionalidad dominicana  y gestor de su renovada independencia, el patricio Juan Pablo Duarte y Diez y quien por demás, murió en su suelo.

            Pero fuera de ahí, de esas remembranzas, todos los dominicanos sabemos perfectamente, que moral y económicamente, hemos pagado con largueza semejante cuota de  amistad histórica y al grado, de que a la fecha, Venezuela le adeuda a este país, no menos de diez mil millones de dólares estadounidenses y derivado de las compensaciones comerciales que debe entregar por las compras dominicanas durante más de diez años continuos de derivados del petróleo venezolano, a razón de dos mil millones de dólares por año y pagados al contado y prácticamente  de contrapartida, con cero nivel de compras venezolanas de productos dominicanos.

            Lo que quiere decir, que la suerte de Nicolas Maduro y del chavismo, ya no ata emocionalmente a la nación dominicana, al tiempo de que en razón del inquietante escenario internacional regional y en el que la estrategia dominicana pro China Popular, incapacita cautelarmente al gobierno dominicano a dar un paso de apoyo extremo al acosado Maduro, que en definitiva haya que decir, que también en este país, todo el mundo ha dejado a su suerte a Maduro, también a Diosdado Cabello, pero no así a Cilia, la exitosísima activista feminista, política y sindical de arrollador coraje y significativas dotes políticas, que es la esposa y el máximo apoyo de Maduro y la que a muy seguro, correrá su misma suerte y por su recia condición de esposa, madre, colaboradora y gestora absolutamente leal a sus políticas.

            En consecuencia, es imposible no entender, que los días de Maduro están contados y los del Chavismo y aunque no se crea, ya han empezado a ser historia. Los sucesores del militar golpista fracasaron de plano y ahora llegó el momento de contar y pagar. Con Dios. [DAG. Domingo, 20 de mayo de 2018. Año XVI. Número 6,316]