Los dominicanos no podemos ni debemos mantener una grosera actitud prepotente y arbitraria contra Haití. Rio abajo al Masacre, nada impide que el país transfronterizo canalice las aguas de este para su propio beneficio

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El contencioso que las autoridades dominicanas en la frontera pretenden iniciar en contra de las autoridades haitianas y debido al criterio vecino en cuanto a que aguas abajo del Masacre y luego de este abandonar el territorio nacional y adentrarse en territorio haitiano, puedan ser aprovechadas y como debería de ser, no tiene razón alguna de ser, toda vez que el país transfronterizo tiene derecho a lo que pretende.

Tal vez podría darse algún tipo de canalización de inquietudes via la comisión fronteriza dominico-haitiana, pero nunca por que la parte dominicana se entienda con aires seudo imperialistas y como para robarle el derecho natural que tiene Haití, de utilizar y tal como lo hacemos los dominicanos, las aguas del rio divisorio entre los dos países.

Peor sería la pretensión, si los dominicanos y debido a que el Masacre nace en territorio dominicano, construyéramos un canal río arriba y para impedir que sus aguas entren a territorio haitiano y quienes, en todo su derecho, pueden explotar su curso y lo que, de suceder, entonces se convertiría en una agresión de vida muy difícil de superar.

En este sentido, pensamos que con buena voluntad y esta existe y mucha entre la población rayana binacional (la que vive a ambos lados fronterizos) ambos gobiernos podrían lograr una solución armónica que no afecte absolutamente a ningún sector poblacional o agrícola. bastaría con que Haití acepte un horario determinado para la utilización de las aguas en el punto de desvío que se pretende del lado haitiano y para evitar que los dominicanos y río abajo se quedaran sin el aprovechamiento del recurso hídrico. Solo eso.

Pero si al contrario vamos actuar con pose imperialista sobre una situación que se desenvuelve en territorio haitiano, no creemos que los argumentos dominicanos para sustentar la oposición al ejercicio de soberanía haitiano, sea una iniciativa que en algún escenario internacional la parte dominicana pudiera sustentarla sin hacer el ridículo y al mismo tiempo, infringiéndolo un daño a la imagen de nuestro país y en la dimensión desagradable, de un nuevo contencioso que recuerde aquel de 1937, por medio del cual, hubo la perdida de vidas haitianas por el orden de las tres mil personas, en tanto del lado dominicano, al país transfronterizo hubo que cederle y para zanjar el  desagradable asunto, la entrega de 600 mil tareas (una tarea tiene 629 metros cuadrados) en tanto y taimadamente, las autoridades haitianas sustrajeron los casi 500 mil dólares que el gobierno de Trujillo facilitó como compensación económica al gobierno haitiano y todo, porque el régimen trujillista y con su política represiva anti derechos humanos, no actuó correctamente en aquella ocasión.

Ahora nos encontramos con un nuevo contencioso, no tan letal y atrevido como el del 37, pero si lo suficientemente incómodo para arrastrar a bajas pasiones y a un descalabro general de las relaciones entre las dos naciones que comparten una misma isla.

En este aspecto y después de haber analizado en frío el contencioso que se presenta, tenemos que concluir, de que efectivamente, las autoridades haitianas tienen razón con lo del canal que construyen y el aprovechamiento en ese punto de las aguas limítrofes, solo y lo que recalcamos, en aras de que haya paz en la región aludida y sin que se de el despertar de reclamaciones y resentimientos absurdos de uno y otro lado.

Por lo pronto, los dominicanos y también los haitianos, debemos sopesar las siguientes circunstancias: 1-Haití nos compra cada año, productos dominicanos por el orden de los 850 a 1,500 millones de dólares en productos dominicanos que van directo a su dieta diaria. 2-cada año los dominicanos gastamos y a modo de compensación y dado que no adquirimos de Haití productos por el mismo nivel de compras que nos hacen los haitianos, un gasto compensatorio mínimo que debemos ver como inversión social, de 5 mil millones de pesos para fines de cubrir los costos de las parturientas haitianas en nuestros hospitales fronterizos y 3-las compras haitianas y ya a nivel de segundo socio comercial, generan más de 200 mil empleos directos e indirectos en nuestra economía. Todavía más y 4- por un acuerdo entre los presidentes Moise y Abinader, se está en proceso de construir tres hospitales financiados con capital dominicano y en territorio haitiano, iniciativa desarrollista que permitirá, que antes de 2024, las parturientas del sector rayano cuenten con sus propios centros hospitalarios y sin necesidad de entrar a territorio dominicano.

¿Pretenden los rayanos dominicanos y por una falsa percepción y orgullo, propio de mentalidades subdesarrolladas, tirar por el suelo todo cuanto de provecho ambos países obtienen con los cuatro puntos arriba mencionados? Lo correcto pues es que se vaya a una mesa negociadora abierta y pragmática y sin que ninguno de los dos países quiera imponérsele a los intereses del otro y además, teniendo en cuenta otro punto importante, que será el número 5: Cerca de 20 mil estudiantes de bachillerato y posgrado universitario estudiando en centros universitarios dominicanos y sin que ninguno sean un costo para nuestra economía y representando ingresos en dólares fijos y anuales para la economía dominicana por el orden mínimo de 50 millones de la moneda estadounidense.

Y como si todo lo anterior no fuera suficiente, ahora tenemos el anuncio de una comunidad empresarial haitiana compuesta por 50 empresas del país vecino, que proyectan una feria de negocios en territorio dominicano y para invertir en nuestra economía, ¿también los dominicanos que piensan irracionalmente tratarán de evitar esta nueva iniciativa tan auspiciosa? Entre los dos países hay una fuerte comunidad de negocios y empresarios, que, hasta ahora, sus miembros han logrado estrechar las relaciones comerciales entre sí y que del lado dominicano la dirigen los empresarios Vicini y Capellán. ¿Debe proponerse que esos intereses económicos y junto a sus iguales haitianos, logren parar en seco el despropósito que autoridades y rayanos binacionales y en su ciega pasión y nacionalismos castrantes, quieran retrotraernos a épocas de odio ya superadas?

En esto, se impone también que los mass media de los dos países se inmiscuyan en el probable nuevo contencioso hijo de la irracionalidad y la ignorancia de dominicanos rayanos y como la mejor política a seguir, de suerte que, en ninguna circunstancia, absolutamente nada pueda agrietar o hacer desaparecer la formidable relación de intereses y negocios entre ambos países. Al fin y al cabo, los dominicanos no podemos ni debemos mantener una grosera actitud prepotente y arbitraria contra Haití. Rio abajo al Masacre, nada impide que el país transfronterizo canalice las aguas de este para su propio beneficio. (DAG)