Los medios y periodistas de la prensa mercancía están cosechando sus encubrimientos y falsías y no, que se encuentren dizque bajo ataques “estigmatizantes”

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El más grave y mayor problema que tiene el periodismo dominicano de los últimos 30 años, es el referente, a que quienes se dicen periodistas, reporteros y articulistas e incluidos determinados directores y jefes de redacción, ninguno acepta cualquier tipo de critica que se les formule y por la simple razón, de que la armadura que entienden que les protege, es la intolerancia y en la expresión más soez de la falta de civismo, civilidad, preparación y capacidad profesional sobre todo de gran humildad y para aceptar que otros les critiquen.

Lo otro y que también refleja las inconductas generalizadas que muchos de estas personas muestran, es que se entienden poseedores de la verdad y en tal creencia, imponen el terror mediático de una forma tan abusiva, que tampoco les importa que se les vea como los perdona vidas que asumen que son y siempre y cuando, los que les critican, sean aplastados por ese peculiar monopolio de la verdad que todos esos tartufos creen que en realidad poseen.

Debido a tal situación y para colmos, como mostrario de la incapacidad profesional a nivel deontológico que muestran, imponen la auto censura periodística y en alianza extrema entre quienes dirigen los medios y con el propósito de aplastar o extinguir las voces disidentes y poco manejables.

De ahí que, en líneas generales, el periodismo criollo se caracterice también y desde luego con pocas excepciones, por ser uno totalmente burocratizado, cuyo único propósito es aniquilar la verdad noticiosa y en aras de que quienes les pagan a esos inescrupulosos directores y jefes de redacción, estos puedan sentirse seguros en cuanto a que el arbitrario esquema tan atropellante que controlan y mantienen, nunca pueda salírsele de las manos.

Y lo que también sucede, porque en los últimos 20 años, los llamados barones mediáticos (amplio grupo de comerciantes, traficantes de poder e influencias que controlan a la atrapada opinión pública vía sus mass media en papel y electrónicos) al tener unos nexos estrechos con lo peor del activismo político, social, empresarial y hasta religioso, han logrado crear una especie de zona franca desinformativa, que tiene su mayor herramienta en la llamada asociación de diarios, la que les sirve de punta de lanza y con la finalidad de procurar mantener la cuota de privilegios y canonjías que el corruptor poder político les facilita.

Así se tiene, que, en este país, de cinco mil medios y si incluimos a todos los digitales patrocinados por los barones mediáticos directa o indirectamente, ni 100 practican un periodismo realmente honesto, de plena decencia e integridad y de estos y perdónesenos la inmodestia o jactancia, ni 10 son auténticamente independientes y como es Por el Ojo de la Cerradura, cuya impronta de 49 años continuos de servicio público informativo independiente y profesional, muy pocos de los otros pueden jactarse de su profesionalidad.

En consecuencia, República Dominicana es una nación que no tiene una prensa realmente libre e independiente y de tan grave la situación, que habiendo creado los barones mediáticos, una serie de plataformas dizque informativas, la muestra de su accionar abusivo y deshonroso se tiene, en que todos los periódicos escritos son clones los unos de los otros y en la radio y televisión el periodismo amarillista ha echado raíces y tanto, que no hay gobierno de turno o partidos políticos y sus líderes, que no controlen a través de terceros y estos por paga, las principales cadenas de radio y televisión y sus variables en las redes sociales, donde y a pesar de ciertas inconductas “ablativas” y también y con todo de ciertas contradicciones, son la ultima frontera  del periodismo critico y de puro riesgo.

Por supuesto entre vivos, no se puede hablar de que nadie no tenga fallas o que sus ambiciones propias no afecten sus buenos deseos, en este aspecto, quien esté libre de pecado podría tirar la primera piedra. Sin embargo y en la medida que los intereses en juego atrapan a uno que otro comunicador (mezcla de periodista-reportero y opinante a destajo) se muestra en este campo, ciertas actitudes de compromisos económicos inocultables y que tienen la mayor expresión, en el nivel y alta calidad de vida de uno que otro de sus expositores, al tiempo que es tan evidente como la atrapada opinión pública y sabiendo lo que realmente sucede, se pliega al clientelismo político y social, también al económico e igual al clerical.

De ese modo y en este campo, el periodismo dominicano ha caído en los niveles más bajos de desvergüenza pública y comenzando por las muestras hipócritas  de muchos de aquellos que dicen han dirigido el colegio periodistas o la asociación dominicana de diarios, quienes impulsados por las circunstancias políticas y sociales y por sus propias ambiciones como pequeña burguesía y en muchos casos,  traicionando el mismo ejercicio periodístico y al nivel de prostituirlo en función de la competencia entre muchos de esos directivos, medrando a las sombras del poder y atrapados en la corruptela más asqueante.

Lo sucedido recién en el sermón de las siete palabras en la Catedral Primada, es paradigmático, uno de los curas y aprovechando la poca formación periodística respecto a quien está detrás de ese sermón colectivo, emitió una atrevida soflama dirigida a afectar directamente la moral de grupo de todo el periodismo dominicano y lo increíble, lográndolo con creces, al empujar al periodismo que tiene cola que le pisen, a colocarse a la defensiva y en falta y demandando que el cura en cuestión y de apellido Ferreira, mencionara por nombres y apellidos a quienes a su entender era periodistas sinvergüenzas, amorales y dañinos.

Todavía hoy, cuando se celebra el Día del Periodista, el cura de referencia debe de estar dando brincos de felicidad y al ver cómo y de manera indirecta pero certera, el obispado metropolitano capitaleño le respaldó, al este plantear y por vía de otro cura del arzobispado, que lo dicho por Ferreira era un asunto personal. ¿Resultado?, propagandísticamente hablando, la curia logró lo que pretendía: Salvar la reputación y responsabilidad del obispo Ozoria, mientras la Iglesia Católica y como poder de Estado, lograba que la atrapada opinión pública entendiera, que el periodismo criollo y no ella, era la fuente principal de la corrupción pública. De esa manera, el falso periodismo no supo o no pudo defenderse y como ahora hace el director del Listín Diario, uno de sus mayores representativos, la emprende arrojando dudas y para distraer a la atrapada opinión pública, sobre la moral del resto del periodismo que ese director Franjul hace como que dizque defiende, cuando él también es parte y como cuasi presbítero “civil”, de la curia que ataca.

De ahí que recordemos, que Los medios y periodistas de la prensa mercancía están cosechando sus encubrimientos y falsías y no que se encuentren dizque bajo ataques “estigmatizantes”. (DAG)