Los sábados de Lomana: Miedo a que los “cazafascistas” gobiernen Madrid

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No se pueden imaginar ustedes las ganas que tengo de que llegue el martes y poder votar, de que se termine esta chusca y rastrera campaña hacia las elecciones madrileñas. Madrid se ha convertido en el principio y fin de todas las cosas, es El Dorado, la ciudad soñada de una izquierda ansiosa de poder para destrozarla como hace con todo lo que toca. La violencia verbal de Iglesias denota su mediocridad. Solo busca la crispación utilizando unas cartas que le victimicen a él y sus colegas, haciendo el ridículo más espantoso, produciendo más risa que pena. Han querido convertir Madrid en un centro «fascista».

Esa pobre y maltratada palabra que les define a ellos más que a nadie. En Madrid hacemos bromas con «los cazafascistas». Los madrileños están más preocupados con que no les cierren las terrazas que con las amenazas del histérico cantamañanas o la hipervalorada sectaria y agresiva Mónica García, hablando de «médicos» y «médicas». En ese momento se me cayó el personaje. Mucho más fácil emplear la palabra correcta doctores. Cuando la escuché con esa cantinela ya no me interesó lo más mínimo. No debemos adelantar conclusiones hasta que los votos estén contados. Los triunfalismos no son buenos y me mosquean los sondeos del CIS y de Tezanos dando por ganadora a Isabel Díaz Ayuso. Eso es una llamada a la movilización de la izquierda radical porque la izquierda socialista ilustrada hace mucho que aborrece de estos impostores.

Cuando socialistas ilustres como Fernando Savater, Joaquín Leguina y otros muchos están manifestando su intención de apoyar a Ayuso antes de cualquiera de las alternativas de izquierdas, nos entra un sentimiento triunfalista pero no nos engañemos con cantos de sirenas. No conviene adelantar conclusiones hasta que los votos estén contados en Madrid. Si debemos hacer un repaso de los destrozos que esta izquierda ha provocado en la convivencia y en las instituciones que bien merece un gran suspenso a los señores Sánchez e Iglesias en su primer año y medio de mandato. Esto los tiene rozando la histeria. Sánchez como hace siempre que las cosas se le van de las manos desaparece, se quita de en medio para salvarse de la quema como un cobarde, cuando había empezado tomando las riendas de la campaña. Ha dejado al pobre Gabilondo en compañías nada aconsejables rodeado de mediocres, rastreros y bastante estúpidos. No quiero ni imaginar que Ayuso y compañía no sumen lo suficiente y Madrid se quede en manos de la izquierda… miedo me da la falta de escrúpulos de la oficina de la Moncloa que no para de maquinar maldades.

Lo que estoy segura es que Pablo Iglesias no se conformará nunca siendo oposición a Ayuso. Este hombre solo se siente bien en el panfleto… Sentado cómodamente a poder ser desde un sillón en alguna televisión. Es vago por naturaleza, se puede ver solo con su actitud corporal. Se aburrió de ser eurodiputado, de hacer oposición al Gobierno de la Nación, también de ser Vicepresidente segundo, dando la espantada presentándose a candidato por Madrid con el pretexto de frenar a la ultraderecha. Aburridos estamos de todo este teatro.

Y mientras tanto los españoles se entretienen con otro «show» siniestro y contranatura viendo a Rocío Carrasco soltando porquería por su boca, bajo pago de una cifra millonaria y estigmatizando a su hija de una forma cruel, contando barbaridades, aunque algunas de ellas estén probadas. Los problemas de familia deberían quedarse en la intimidad de nuestras casas. Pero para eso hay que ser persona con ética y moral. Por: Carmen Lomana [ La Razón]