viernes, julio 1, 2022
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Luego que Biden “ungiera” a Abinader de cara al 2024, solo la inteligencia de este decidirá si es o no apto para lograr la reelección constitucional

En política y en particular en la política del poder, los hechos son los que deciden y determinan. ¿Un presidente ungido por otro y determinante y un pueblo inducido a su favor y una oposición, implacable e impecablemente acorralada? y la reelección constitucional se va sola.

Solo hay que recordar aquella reelección de Balaguer para los años setenta del siglo pasado y con el país apagado y sin combustibles y colas de ocho horas para buscar gasolina y aun así la reelección se logró y para que se entienda que nada es imposible.

Ahora, el presidente de que se trate, si no muestra agallas y pantalones bien puestos, seguro que la oposición desorganizada se lo llevaría de paro. Pero en las actuales circunstancias -por lo menos en este momento- ese, no es el panorama actual.

Es, al contrario, por primera vez se tiene un presidente, que es el primero de la generación postrujillista, de mentalidad nueva e ideas renovadas y cuya tenacidad e intrepidez y junto al tremendo equipo propagandístico que le acompañaba, dio la sorpresa de remontarse contra toda probabilidad y ganar unas elecciones en junio 2020 con una mayoría electoral significativa y pese a que, en paralelo, hubo una fuerte abstención que estuvo a punto de generar unos resultados legales, pero no legítimos.

¿Cuál fue el factor que hizo la diferencia?, la fe de Luis Abinader en sí mismo, la pujanza e incluso malas maneras del partido que le llevaba y el deseo manifiesto de cambios, de un electorado, que al mismo tiempo quería humillar la altanería y engreimiento del entonces partido gobernante y su líder y principales dirigentes.

O sea, si Abinader logra entender, que parecería, que el destino le ha creado unas oportunidades especiales, que hasta ahora ningún otro político o presidente en ejercicio había logrado y lo que acaba de verse en la semana que estuvo en California como participante activo en la IX Cumbre de las Americas y en donde contra todo pronóstico, ocurrió lo impensable, que por un gesto auspicioso del presidente anfitrión, Joe Biden y al colocar su mano derecha sobre uno de los hombros de Abinader y este sentado a su lado, de cara a la nación, de inmediato se entendió que el dominicano había sido “ungido” por el estadounidense y para que vaya y de calor a su reelección constitucional y que es esta disposición constitucional, otro aspecto significativo a favor de Abinader.

Por lo tanto, todo está en el campo del presidente y recalcamos, de él dependerá ganar o no la reelección y lo que hay que enfatizar, por lo menos nosotros, que entendemos y como ya lo hemos dicho en anteriores análisis políticos de Estado, que es el presidente joven en el que descansa el inicio de intención de cambios estructurales, que hagan factible el relanzamiento de la política nacional y en razón de eliminar sus dos mayores taras: El caciquismo político disfrazado de la corrupta partidocracia y el afán de lucro insaciable, de una oligarquía, que cien años luego de establecida, sus integrantes realmente se entienden los dueños de la nación y considerando que nada debe cambiar y para que todo continue igual y no obstante, que en estos momentos, la biología indica, que de los 10.5 millones de dominicanos en el territorio nacional, 8.5 millones nacieron a partir del 1961 y por lo tanto, que son generaciones que no tienen en lo absoluto ningún compromiso con el pasado, ni el trujillista ni este partidocrático de ahora, en el que el capital oportunista y como oligarquía tradicional y depredadora, no ha permitido, que desde el 1944 la República, sea una nación realmente independiente y soberana, en la que el Estado sea el único preponderante y la imposición de la ley, su base fundamental de ejercicio.

Debe recordarse, que la oligarquía impidió que la Era de Trujillo fuera el instrumento correcto para salir institucionalmente del viejo caudillismo conchoprimesco y de ahí que se empantanara en un régimen autocrático personal con una especie de caudillo renovado y en base a crearle a Trujillo, un ego tan absoluto, que, por momentos, el dictador se creyó lo más parecido a un Dios que solo atendía los elogios desmesurados de sus vasallos y sirvientes.

Lamentablemente, aquella nación de casi un millón de habitantes cuando Trujillo llegó al poder y de 2.5 millones al abandonarlo por la muerte aleve y que recibió como aldea y entregó como nación fundamentalmente campesina e iletrada, de gente marrullera y primitivamente cruel y que fue la zapata, que permitió que la dictadura se encumbrara y lo que ciertamente fue también el factor que permitió y junto al deslumbramiento del mismo dictador, que la oligarquía se enseñoreara y se enriqueciera como nunca antes en la vida nacional, mientras la familia cabeza de la misma, de esa hidra de siete cabezas, la Vicini, dejaba su peones al frente de sus negocios de comercio, préstamo y usura, en tanto sus miembros se mantenían en el exterior, unos estudiando y otros maquinando y hasta que en mayo de 1961 se le presentó la oportunidad de asaltar directamente el poder y hasta abril de 1965, cuando hubo el repliegue de fuerzas que originaría una nueva etapa cesárea democrática y desarrollista y en la que todavía se vive.

La pérdida primaria del poder político directo por parte de la oligarquía, en modo alguno significó su derrota y sí su renovación de método y organización y por eso lo de ahora, de una plutocracia, que a la sombra de Abinader, ciertamente, que parecería que es más influyente y determinante que nunca y gracias a ser la dueña de la concentración de medios en pocas manos, es decir, del 95.5 por ciento de todos los periódicos, revistas y plantas de radio y televisión y ya mismo, haciendo lo imposible por dominar el espectro de internet con su canal propio en you tube especializado en negocios, economía y finanzas y su red panfletaria en las redes sociales.

Sin embargo y pese a lo que se pudiera creer al contrario, la verdad es, que “el factor Abinader”, como puerta joven de cara a las nuevas generaciones políticas y sociales, es y nos permitimos decirlo, el único en condiciones de arrebatarle el poder político nuevamente adquirido por la oligarquía y devolvérselo a la República en base a un Estado de poder absoluto por encima de los grupos económicos y financieros y ciñendo al poder político, también depredador, a sus propios moldes ajustados a lo que es un verdadero estado participativo social de derecho.

No es, que, por decirlo, haya que presumir que alentemos a Abinader, salvo que se presente una opción generacional más nueva y creíble, sino que sencillamente, la realidad política y social de ahora, es la realidad que se indica y la que no se materializaría a partir de mayo de 2024, si Abinader se acobardara y desertara de sus obligaciones institucionales con la nación.

Tampoco tiene adversarios de valer en el camino, pues de los dos expresidentes. Con uno deberá pactar y al otro-que inventó un nuevo partido-deberá acorralar y aplastar sus sueños de querer ser un Balaguer redivivo que se refugiaría en los brazos de una oligarquía ya caduca y que llevaría a la nación a un estado de involución en su desarrollo y crecimiento institucional realmente temibles y en cuanto al otro tercer expresidente y hasta tanto la biología se le imponga, deberá amansarlo y como fiera dormida que nunca dejará de querer dar el zarpazo letal.

¿Se entiende entonces el por qué decimos, que luego que Biden “ungiera” a Abinader de cara al 2024, solo la inteligencia de este decidirá si es o no apto para lograr la reelección constitucional? (DAG)

 

 

 

 

 

 

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