Ningún gobierno funciona como un reloj y por eso hay fallas, cambios de políticas, reorientaciones y cierto afán de tratar de hacer lo justo dentro de lo razonable. Además, los prejuicios no contribuyen en nada a entender correctamente los acontecimientos que se viven

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Quien pretenda, que una administración gubernamental tenga que funcionar sin errores de ninguna naturaleza, sin duda que olvida, que esta se desenvuelve y funciona en base a la naturaleza humana y lo más significativo, que su evolución diaria depende de un hecho que no puede ser obviado: La realidad política y social.

            En este aspecto, nunca, nadie puede suponer, que quien gobierna y su cuerpo de colaboradores, puedan hacerlo todo a la perfección y menos, cuando los intereses en juego y de una u otra manera, influyen en las decisiones últimas sobre políticas diarias, que deben y tienen que ser tomadas.

            Es decir, el realismo político, a juicio de muchos, es el factor preponderante en el día a día de todo gobierno y es en base a este que se deben analizar -no juzgar- sus resultados y menos, si se pretende imponer algún tipo de criterio subjetivo que nada tiene que ver con la objetividad fría en la que deben desenvolverse todas las ejecutorias y acciones gubernamentales, pero dentro de un espíritu más pragmático del que todo individuo pudiera efectuar o tener en lo particular.

            De ahí, que cuando se conoce de esta realidad, los cientistas sociales por un lado y los analistas políticos por el otro, podrán apreciar y juzgar con mayor sentido de la falta de prejuicios, el accionar gubernamental y como igual sucede con los resultados de las encuestas y estudios probabilísticos de opinión, que a estas alturas, ya no son el todo o nada, de antes cuando el mundo se desenvolvía análogamente y sí una parte infirma de todo cuanto ahora significa, la presencia y el accionar digital en las vidas de todos los ciudadanos y el discurrir y accionar de sus gobiernos y sociedades.

            Por eso, cuando esta realidad se tiene bien en cuenta, los desencuentros posibles que se pudieran tener respecto al accionar de toda administración gubernamental, estos siempre deberán de ser mínimos y nunca juzgarlos aisladamente y sí como parte de un todo en el que realmente no es nada fácil decidir al instante, sobre un hecho, política o situación, que tiene que ver con los intereses y voluntades de tantos.

            Además, ¿cuál es la razón fundamental que impulsa a los gobiernos a trabajar o desenvolverse en un solo sentido principal?, no es solo cumplir con sus promesas electorales, sino ajustar sus tiempos a los requerimientos del momento y los que en ultima instancia, son los puntos de vista a los que toda administración deberá enfocarse y hasta que al final se pueda entender y analizar a lo amplio, la sumatoria de todas las políticas gubernamentales.

           Desde luego, es muy cierto, que la voluntad de quien sea el poder determinante principal, en el caso del Poder Ejecutivo, su incumbente o en lo referente a los poderes Legislativo y Judicial, la sumatoria de los requerimientos son los que impulsan a sus presidentes y estos, siempre ajustados a su peculiar realidad, de que dirigen organismos colegiados, en los que la voluntad de alguien en particular, siempre deberá estar condicionada a los requerimientos, aspiraciones o propuestas de los demás factores que se conjugan en su impronta de trabajo y desenvolvimiento diario.

            De esa manera, el común de los ciudadanos y la mayoría de los denominados grupos o factores de presión y en particular el sector mediático, en líneas generales, no tienen como influir totalmente en la toma de decisiones del gobierno central y mucho menos, cuando y al solo mostrarse desde las periferias del día a día gubernamental, no disponen de un mecanismo expedito para desentrañar el origen de todas las políticas en los tres poderes interdependientes del Estado.

           Lo que provoca, que, a partir de ahí, los observadores atentos a la evolución diaria de los acontecimientos, debemos actuar y analizar por fragmentos y siempre entendiendo que se está actuando y reaccionando en base a supuestos y no porque se tengan a mano los datos incontrovertibles del por qué de determinadas acciones, actitudes y políticas.

            En cierto modo, habría que hablar de tanteos sobre probables resultados y solo para tener una idea sobre el conjunto de parámetros que determinan el diario vivir de una administración gubernamental y de la nación.

           Entonces, cuando se acepta esta realidad, de que la política es el arte de lo posible y que es extremadamente volátil en el mundo digital inter relacionado del presente, nunca se podrá tener un concepto real y sí aproximado de aquello que se cree entender de las políticas gubernamentales y de ahí, que el observador atento siempre deberá manejarse con la prudencia debida y mucho más, cuando ahora y en lo que continuará de este siglo, el factor a entender y para comprender las ejecutorias de todo gobierno, viene siendo un querer estar al día en todo a lo informático y que es el reto mayor que toda la ciudadanía y factores de análisis u opinión deberán de tener muy en cuenta.

            Sobre este particular, solo con recordar, que internet obliga a analizarlo todo y en base a una especie de análisis informático forense y para solo tratar de tener una idea más o menos cierta del conjunto de las políticas oficiales, empresariales o sociales que se ejecutan, es que podría llegarse al punto aproximado de querer estar a tiempo y a breves pasos, adelante de las políticas que se implementan, que los especialistas sociales y mediáticos podrían llegar a una conclusión más o menos elaborada de aquello que los actores políticos, sociales y económicos implementan y quien no lo haga, tenderá a perderse siempre dentro de la montaña de datos que se agolpan y a un ritmo, por el que y en muchos casos, no se puede estar tan seguro de lo que se ve o que se tiene y lo que muchas veces son apariencias sobre proyectos puestos en marcha de los que no se tienen todos los aspectos intrínsecos a su propio desarrollo e información.

           Dicho lo anterior, lo que procede, es que los individuos o personas interesados en hurgar en el por qué de determinadas políticas oficiales, traten, de no irse al análisis personal sobre actuaciones de determinados actores, sino buscar con objetividad y frialdad la resultante de las acciones y actitudes tomadas por personas de gobierno y quienes como tales y siendo funcionarios, siempre habrá de llegar el momento, por el que su propia naturaleza humana baja la guardia y para que en un santiamén, el observador acucioso pueda descubrir a tiempo y razonablemente, cual es el factor que les induce a determinadas políticas y por lo que para nada, el factor emocional no puede ni debe tenerse en cuenta.

            Así las cosas, lo importante es, que ni la pasión y menos los prejuicios, obnubilen el animo del observador, en nuestro caso del analista político, pues si este cae en el error de perspectiva, de llevarse solo de los enconos que contra su persona pueda tener alguno que otro alto cargo gubernamental y lo que siempre será posible, nunca podría sentirse lo suficientemente libre de animo para saber discernir sobre el conjunto general de todo cuanto en políticas e implementación de iniciativas  encauza todo aquel que es gobierno y tanto en lo central, legislativo o municipal.

            Pues cuando se entiende lo anterior, entonces se podrá comprender en toda su dimensión, la constante, de que ningún gobierno funciona como un reloj y por eso hay fallas, cambios de políticas, reorientaciones y cierto afán de tratar de hacer lo justo dentro de lo razonable. Además, los prejuicios no contribuyen en nada a entender correctamente los acontecimientos que se viven y lo que obliga, a que todo analista político o cientista social que se respete, nunca deberá de tener en cuenta las actitudes de rechazo por parte de los pocos que no aceptan su espíritu libre e inquisidor y menos, cuando se trata de altos cargos, quienes por el particular nivel de obligaciones en las que se desenvuelven, no son libres de no caer en el error de juzgar en base a suposiciones y prejuicios y que es el peor pecado que una persona de Estado pudiera cometer. Con Dios.  [DAG. Martes, 22 de mayo de 2018. Año XVI. Número 6,318]