No a la intolerancia y menos a la intransigencia. Todo el mundo tiene derecho a expresarse y defender sus ideas

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ES inconcebible, que personas que se dicen educadas y de vida pública, se muestren absolutamente intransigentes a aceptar la existencia de otras opiniones que choquen con sus ideas y mucho menos, que se les pueda aceptar que soliciten o clamen, que por sus ideas políticas, a alguna otra se le niegue su derecho legítimo a la libre expresión y difusión de su pensamiento, a sustentar sus ideas políticas y sociales y ejercer la vida pública y como lo solicitó ayer, el presidente de la Comisión Permanente de Efemérides Patrias (CPEP), Juan Daniel Balcácer, quien consideró las pretensiones políticas del nieto del dictador Rafael Leónidas Trujillo “como una falta de respeto a la memoria de los ajusticiadores del tirano”. También hizo referencia a la Ley 5880 del año 1962 que prohíbe todo tipo actividad que alabe la imagen de esa familia o su régimen. “Su campaña política debería ser prohibida, aunque él no tenga la culpa de lo que hizo su abuelo, pero hay una ley que aún está vigente, no solamente para impedir actividades trujillistas, sino que se exalte el nombre del tirano”, dijo. Es al revés, hace 57 años que la dictadura desapareció y como producto del magnicidio ocurrido el 30 de mayo de 1961 y porque ahora un nieto de Trujillo (Ramfis Domínguez Trujillo) aspire a ejercer la vida pública, se le quiera prohibir el derecho constitucional de todo ciudadano o persona que viva en este país a ejercer en libertad sus derechos civiles y políticos y aun cuando el nieto de Trujillo sea un estadounidense de origen dominicano que entiende que podría aspirar a la presidencia de la República, no se puede ni se debe salir con una propuesta temeraria y anti democrática como lo es esa. De aceptarse el discurso totalitario, excluyente y fuera de época del señor Balcácer, se estaría aceptando que a los ciudadanos se les persiga por sus ideas políticas. Lo que debe revisarse y derogarse es la ley 5880-1962, por inconstitucional y abusiva. Quienes no estén de acuerdo con las ideas del nieto de Trujillo, lo único que tienen que hacer, es ir a los tribunales y enfrentarlo políticamente y no queriendo imponer una intolerancia rastrera y abusiva que absolutamente nadie que se respete pudiera aceptar.