No era mucho pedir

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No era mucho pedir. El Presidente de la República dio cuenta al país del estado administrativo y político de la Nación ante el Congreso, según prescribe el artículo 24 de la Constitución. Durante varias décadas ello coincidió con la conmemoración del 21 de Mayo; por razones de orden público -todo parece indicar justificadas- tal tradición se alteró. Cualquiera sea la fecha, es sin duda un momento trascendente en la vida política de la Nación, y ello más allá de la inmediatez actual, pues sigue teniendo un sentido republicano.
En particular lo tiene, a mi juicio, la primera cuenta del cuatrienio, pues debiera marcar las ideas matrices de lo que será la impronta del mandato que comienza; tiene mucho más de eso que de explicación de lo obrado en el corto periodo de gestión que la antecede. Escribo esta columna habiendo escuchado y no leído el discurso presidencial; eso puede hacer más complejo un análisis riguroso; ya habrá tiempo para aquello.
No hay dudas de que el mandatario es más un ejecutor que diseñador de grandes improntas; probablemente no encontraríamos espacio para reproducir, taxativamente, la larga lista de tareas que quiere emprender y consumar en su mandato. Más allá de la generalidad con que se anuncian, o la mayor profundidad de otras, no pongo en duda su honestidad a la hora de enunciarlas. Está bien apelar a nuestra historia republicana, particularmente la inicial, para plantear los desafíos del futuro; es harto más discutible tanto lugar común en la búsqueda de un aplauso más fácil que espontáneo (“levantemos la mirada”, “construir un país de verdad”, etc.).
Si tuviera que elegir una idea matriz fundante, elegiría “Chile, un país desarrollado al terminar la presente década”, gran tarea, si esa plenitud comprende lo económico, lo cultural, lo social. Como la inmensa mayoría, me sumo a ese desafío con entusiasmo. Sin embargo, para que ello sea posible no es suficiente una larga lista de políticas públicas; hay que convocar con generosidad, y ahí encuentro un déficit en lo recientemente escuchado.
Hay cierta lógica refundacional; algo así como que ahora comienza el gran salto. Eso perentoriamente no es así; el país puede seguir progresando, pues los gobiernos que lo antecedieron -incluida su primera oportunidad- construyeron este camino, por cierto con mejores o peores momentos; pero por favor, cuando una sociedad casi quintuplica su promedio de ingresos y hace crecer su producto como pocos países desde la recuperación de la democracia, hay que decirlo, eso no empequeñece al gobernante, lo hace más líder.
Es también legítimo dar una mirada al estado de la hacienda pública, y criticar ciertas cifras macroeconómicas; yo comparto algunas, pero omitir todo aporte de quien lo antecedió resulta injusto. Apenas una mención a lo avanzado en gratuidad, por dar un solo ejemplo, es injustificado. Aun por mero pragmatismo, para la inmensa tarea que propone necesita a la oposición. ¡Gánesela pues! No diga cosas que la ponen a la defensiva. En fin, llamar a la unidad de propósitos se valora, pero faltó una invitación genuina. No era mucho pedir.

Por Jorge Burgos (http://www.latercera.com/opinion)