No es que el presidente Trump no quiera reunirse con el presidente Medina Sánchez, sino que Donald Trump aborrece a la clase dirigente dominicana y actúa en función de ese sentimiento

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Mucho antes que EEUU hubiese elegido al magnate inmobiliario y estrella mediática, Donald Trump, como su nuevo presidente. Ya este personaje tenía formado un criterio muy crítico sobre República Dominicana y el que reforzó después de aquella visita y venta suya del sector los farallones de Cap Cana y que, derivado de la misma, hubiese tenido que imponer una demanda contra los gestores y dueños del lugar, los hermanos Hazoury, dueños del holding que se esconde detrás de la Universidad Iberoamericana (UNIBE).

            Por lo tanto, achacarle al presidente Trump una marcada predisposición contra el gobierno peledeísta del presidente Danilo Medina Sánchez, en términos concretos no es del todo exacto, aunque sí es cierto, que, desde un tiempo a esta parte, el nuevo inquilino de la Casa Blanca ha elevado el tono anti dominicano y de cuya percepción, el procurador general, Alain Rodríguez tomó buena nota, cuando su encuentro de mayo con su igual estadounidense, Jeff Sessions.

           En aquella oportunidad, Sessions, quien es cabeza de un organismo que tiene un presupuesto anual de 27 mil quinientos millones de dólares y por lo tanto, cuenta con la logística necesaria para investigar y chequear cuanto pudiera interesarle y nacional como en el extranjero, le advirtió a Rodríguez y refiriéndose al caso Odebrecht, que República Dominicana es una de las naciones que cuenta con la clase dirigente y económica más corrupta en el continente y por derivación, con un gobierno no proclive a sancionar la corrupción.

            Y en su filípica, el alto cargo estadounidense no se guardó palabra alguna y para manifestar al alto cargo dominicano, que desde que el presidente Trump llegó al despacho oval, había pedido un informe sobre esta nación y que del mismo, invariablemente Trump había reforzado su criterio negativo y al extremo, de que tajantemente, Sessions, al entregarle a Rodríguez 30 expedientes relativos a Odebrecht y de los que su departamento entiende que debían ser procesados los responsables allí mencionados, hizo ver a su visitante, lo más parecido a una amenaza sibilina, al decir aquello,  “de que si usted no los procesa, lo haremos nosotros” y lo más significativo, advirtiéndole, que tenía hasta el fin de ese mes para apresarles.

           Cómo había que suponer, Alain Rodríguez, no salió con ninguna buena impresión del despacho del alto cargo estadounidense y por lo cual, seguro que se sentía lo suficientemente incómodo, para “traducirle” a Medina Sánchez, cual es la dura posición crítica de la administración Trump.

            Días luego de su retorno, los dominicanos conocimos de las pesquisas y acciones tomadas por la procuraduría general de la República contra 15 de los mencionados en el listado de 30 expedientes y por momentos, se creyó que el gobierno reaccionaría con firmeza y para que definitivamente se pudiera entender que no apoyaba esa corrupción y ninguna otra.

            Por los escarceos iniciales y el atropellamiento mediático siguiente y el significativo pataleo de los involucrados, fue obvio que la actitud y decisión del juez de la Suprema Corte de Justicia y actuando como juez de la instrucción especial, Francisco Ortega Polanco, sería la previsible y respecto a hacer quedar bien al gobierno del PLD-PRD y aliados, frente a la fuerte recriminación de su contraparte estadounidense.

           Sin embargo, muy pronto se vio, que la decisión final del magistrado y al dictar medidas de coerción y con cárcel incluida para los detenidos, terminaría camino a un circo mediático y lo que se confirmó, cuando semanas después, los imputados y ya reos, pudieron incoar las apelaciones correspondientes y siguiendo el debido proceso judicial, el juez Ortega Polanco, entonces y para asombro de la generalidad y porque no se había dado ninguna variable que lo justificara, cambió las medidas de reclusión por libertad condicionada y en base a desusadas como millonarias multas y lo que, como había que suponer, no satisfizo absolutamente a nadie y menos, a la parte estadounidense que actuaba como observador interesado.

            Fue entonces, a partir de esa decisión tan controversial, que los estadounidenses entendieron, que, con los dominicanos involucrados en la toma de decisiones sobre el caso de referencia, no había nada que hacer y menos, esperar algo efectivamente positivo. Y por eso, del evidente enfriamiento de las relaciones oficiales entre los dos países y la nada cómoda posición dominicana, al sentirse casi acosada por la intensiva observación precautoria estadounidense. Incluso y por fuentes allegadas a este periódico digital POR EL OJO DE LA CERRADURA, sabemos, que estas manejan y en Washington, una cifra de 400 mil millones de pesos “que, entre los políticos de la oposición, el gobierno, traficantes de poder, lavadores de activos y tránsfugas de todo tipo civiles y militares ligados al narcotráfico y todo ese empresariado corrupto, en los últimos 21 años, les han saqueado al pueblo y contribuyentes dominicanos y lo que por ninguna circunstancia toleraremos. Cuando Bush padre, invadimos a Panamá para rescatar a ese país de la corrupción y el narco y metimos en la cárcel a su gobernante militar, lo que significa, que es un antecedente. Que en ese tipo de casos hay que tener en cuenta”, se nos terminó diciendo.

            Lamentablemente, el presidente Medina Sánchez y dadas las circunstancias y también su carácter y reforzada su pasividad por las seguras implicaciones directas que para el entramado oficial y el de la plutocracia oligárquica tiene “la supervisión” estadounidense” y para llamarla de algún modo, no actuó con la determinación requerida y de ahí que ahora se suponga, que las relaciones oficiales entre los dos gobiernos a llegado a un nivel tan mínimo, que parecería, que en la Casa Blanca no se tiene el menor interés en girar alguna que otra invitación a algún alto cargo dominicano y menos al presidente de la República.

           Ha sido por ello, de que a raíz que el presidente Medina Sánchez hubiese hecho un viaje casi secreto a Nueva York, oficialmente para participar en los actos conmemorativos de la ONU y donde se suponía que agotaría un turno en su Asamblea General, los dominicanos nos hubiésemos enterado, de que al día siguiente retornaría y con el pretexto de la posible entrada de un huracán al territorio nacional.

           Con razón y al ahondarse en retorno tan publicitado, realmente se tiene la sospecha, de que el desayuno de trabajo que tendría Trump con varios presidentes latinoamericanos e incluido el brasileño Temer, (lo que significa, que por ser un político presumiblemente corrupto, no impedía que concurriera a la cita y simplemente, porque para los estadounidenses, el accionar independiente de la parte de la justicia brasileña manejada y controlada por fiscales independientes, era la suficiente garantía de que a Temer no se le ocurriría nada para inmiscuirse en las acciones represivas de la misma en materia de corrupción desde el poder) fue el detonante del posible descontento para la diplomacia dominicana, cuyos responsables, asumían, que Medina Sánchez sería invitado a ese desayuno de trabajo tan pronto llegara a territorio estadounidense. Al no ocurrir y si toda esta suposición es cierta, para Medina Sánchez, obviamente que no tenía sentido quedarse horas más en Nueva York y de ahí su retorno tan desusado.

            De inmediato y desde las redes sociales y lo que en ningún momento fue respondido por el oficialismo, las opiniones, criterios, afirmaciones y subjetividades se apoderaron de la red y a un grado tan innecesario como descriptivo, que dio la impresión, como si un amplio sector nacional estuviera contento de que Medina Sánchez no logró el objetivo principal de su rápido viaje a EEUU.

         A partir de semejante despliegue desinformativo, a resultado, que individuos catalogados o tenidos como especie de voceros de intereses estadounidenses, han tirado a rodar todas clases de especulaciones y todas, negativas contra el gobierno y contra el presidente Medina Sánchez y lo que tampoco y ni por asomo, ha tenido algún tipo de reacción intermedia de la parte oficial dominicana.

            En realidad, puede que al final sea cierto, que desde la Casa Blanca se ha marcado distancia con el gobierno dominicano, pues no se debe olvidar, que cuando el magnate Trump no pudo cuajar todas las ventas que hiciera en Cap Cana en lo que ahora se llama “el farallón Trump”, se dieron ciertos desencuentros entre los hermanos Hazoury y Trump, al grado, de que debieron dilucidar sus asuntos en los tribunales y ganando el señor Trump y muchos recuerdan, la expresión aquella de Trump sobre República Dominicana, de: “Pobre país, tan rico y tan mal administrado y explotado”.

           La que refuerza, el supuesto, de que cuando al presidente estadounidense se le habló de incluir a Medina Sánchez en el desayuno de trabajo, dijo que no y recalcando días después, cuando los huracanes pasaban, que “República Dominicana es un país inmensamente rico y no necesita ayuda de nadie, por lo que sus ricos se bastan por sí solos para ayudar a su gente”.

            Mentira o verdad, lo cierto es, que la posición del gobierno dominicano resulta muy vulnerable y lo peor, que como es un gobierno que no habla y tampoco explica, los rumores perversos y tendenciosos tienden a agrandarse y siempre yéndose en su contra, lo que políticamente no es nada bueno para un gobierno, del que parece, que desde la clase media empieza a tener cierto distanciamiento. De ahí que concluyamos manifestando, que no es que el presidente Trump no quiera reunirse con el presidente Medina Sánchez, sino que Donald Trump aborrece a la clase dirigente dominicana y actúa en función de ese sentimiento.

           Ahora bien. En el Palacio Nacional, por lo visto, entienden y a nuestro juicio equivocadamente, que solo en base a esos periodistas que tiene y que protege, la mayoría no creíbles y la mayoría corrompidos a más no poder, es que se puede cimentar una prudente muralla defensiva mediática y en lo que sus altos cargos están muy equivocados. Para demostrarlo, bastaría, con que solo a uno de ellos, el Departamento de Estado le despojara de su visado turístico y para que ciertas inconductas salgan a la luz pública y lo peor, enfangando al mismo régimen peledeísta. Con Dios. [DAG. Lunes, 25 de septiembre de 2017. Año XV. Número 6,037]