No es que se quiera ser extremista, sino que el comportamiento de la clase política y su ramal de corrupto y corruptores, empresariales y suplidores del Estado; parecería que no deja otra salida, que apelar a la violencia institucional, específica y selectiva.

0
192

Durante estos últimos 22 años y en particular desde el 2008 a la fecha, la vida dominicana se ha ido radicalizando de una forma extrema y nada menos que desde el área, que se suponía nunca debió de haber ocurrido y porque la mayoría de sus miembros actúan como la clase gobernante de esta nación.

            Sin embargo, la realidad ha sido, que quienes tienen todo que perder  y al estar metidos de lleno en el beneficio directo que da el estar conectado al poder político, son los primeros que han iniciado la espiral de degradación moral, que ahora, ya es imposible de no reconocer y menos de ignorar y al comprobarse, como los niveles de corrupción política y económica  han generado un  verdadero como grave socavamiento de la vida dominicana y a unos niveles, que simplemente, nunca había ocurrido en ningún otro tiempo de nuestra historia.

            Ha sido, como si todos los diques que impedían el desborde amoral de la clase gobernante o dirigente, el afán de lucro extremo hubiese afectado la moral individual y que en la medida que millonarios cabezas de grupos económicos y abiertamente, se enriquecían a más no poder y en abierta asociación con el Poder Ejecutivo de los años 2004-2012, ahora, semejante situación se hubiese convertido en una especie de cáncer maligno que ha hecho metástasis en todo el cuerpo social de la República y al extremo, de que el gobierno del presidente Danilo Medina Sánchez, se las ve y se las desea para tratar de frenar o conjurar tantos despropósitos e inconductas heredadas y otras nacidas a su propia sombra y cuya responsabilidad no puede eludir.

            En razón de ello, ahora resulta, que luce, como si la República, no, que estuviera maniatada dentro de una camisa de once varas, sino que simplemente, la corrupción generalizada desde el poder ha afincado raíces y a un grado tan enajenante, que ni las mismas autoridades pueden reducirla y para no hablar de erradicarla.

            De esta suerte, todo indica, que nada ni nadie podría empeñarse en provocar un gran freno a tanta irregularidad compartida y lo más grave, dándose la desastrosa impresión, como si desde el mismo poder no hubiese tampoco la voluntad real, esa que hiciera posible, que la nación fuera reencauzada por derroteros aceptables de moralidad compartida y lo que ha traído como consecuencia, la existencia de ese horrible discurso de complicidad, que la mayoría de los miembros del factor mediático e impulsados por la perversidad de aprovechar el afán de lucro extremo que se ha apoderado de la clase gobernante o dirigente, con su accionar de tartufos, está terminando por llevar al país a su límite.

            Por eso, que entendamos, que si se pasa revista a todo cuanto ha estado ocurriendo en materia de enriquecimiento ilícito y pérdida absoluta de los valores morales esenciales para que las personas sea ciudadanos de conciencia cívica y moral, se termina por entender lo más extremo, que somos los mismos ciudadanos, los que de alguna manera debemos hacer conciencia, de que por el camino que la clase gobernante o dirigente nos está llevando, fácilmente que República Dominicana puede terminar colapsando como un nuevo estado fallido.

            De ahí, que muchos consideremos, que de alguna forma, quienes queremos el bien para nuestra patria, empecemos a explorar las vías que hagan posible, que ya que el gobierno y tampoco la clase política, no hacen nada por reconducir a la nación dentro de parámetros de moralidad funcional y derecho efectivo, que los mismos ciudadanos comencemos a efectuar consultas entre todos y para ver, de que manera se pudiera evitar que la corrupción reinante termine por atraparnos a todos y de golpe y porrazo nos robe a nuestra misma nación.

            Porque realmente, de eso es que se trata. Que los políticos y principalmente los del PLD, PRD, PRSC y PRM, indudablemente que se han abocado a convertir a nuestro país en una especie de republica bananera al estilo de los años cincuenta del pasado siglo, donde la única ley que existe es la voluntad conjunta de depredación, anarquía y desafueros absolutos.

           Para comprobarlo, solo hay que ver, como entraron al poder los políticos que conformaron en el 1966 el primer Poder Legislativo en democracia funcional y luego, la otra camada del 1996 y para verificar las enormes riquezas, que todos y en base a saquear a la República, no solo que han logrado dentro de un ámbito de inmunidad e impunidad absolutos, sino que sencillamente, han generado una terrible inversión de los valores morales y tanto, que lo que se tiene, son verdaderas pandillas, realmente, familias de gánsteres políticos, sociales, económicos, periodísticos y clericales, que como decíamos ayer, han terminado por robarnos a la República y hacer de sus hijos, un grupo de siervos incapaces de ser ciudadanos y metidos de lleno en la inmoralidad más desenfrenada.

            Pero hay algo más. Que se ha perdido la sensibilidad, toda esa, de que como personas, cada quien debe tratar de hacer lo bien hecho y sentirse orgulloso de su proceder y no lo de ahora, que la normativa a aplicar y con verdadera inspiración peledeísta, es el hacerse rico sin importar como y siempre ignorando las leyes y códigos y por la realidad brutal, de que los gobiernos peledeístas son los instrumentos que han impulsado la corrupción generalizada que ahoga a la nación y a un grado tan demencial, que para colmos son gobierno y oposición a la vez y al haber logrado que la oposición sea solo de alquiler y porque sus dirigentes y lideres han sido los arquitectos dóciles, que colaboraron con el PLD, el PRD, el PRSC y el PRM y para imponer el actual estado de cosas desde el control absoluto que la partidocracia tiene de los tres poderes interdependientes del Estado.

            Y cuando se hace conciencia de que esta es la realidad ominosa que se vive y que se tiene un gobierno que se sobregira en sus gastos y porque siempre apela a prestamos tras prestamos para hacer creer que hay una bonanza económica y financiera real, mientras en la práctica, maneja como un látigo flamígero la represión económica y por vía de frenar los pagos de publicidad o los otros de contratos de obras y servicios y con el solo propósito mezquino de doblegar voluntades, en tanto propagandísticamente se solaza en divulgar ingresos multimillonarios, que al final son depositados en cuentas secretas inamovibles a la sola voluntad presidencial, al tiempo que no le importa reducir a niveles drásticos los niveles de calidad de vida de los ciudadanos, que definitivamente haya que entender, que debe hacerse algo y no limitada a las carnavalescas presentaciones “artísticas” de la MVerde (marcha verde) con voceros aniñados que no reflejan ninguna credibilidad, sino que definitivamente, ante la agresión continua del PLD contra la República, que se tenga que pensar en medidas extremas como acciones continuas de desobediencia cívica o abogar simple y llanamente por fusilamientos públicos y como acción y medida radical para frenar y liquidar tanta violencia desde el poder.

            Y que fue el razonamiento que nos impulsó ayer, a manifestar y para ver si algún tipo de conciencia se le despierta a muchos, referente, a que si las fuerzas vivas no pueden lograr, que por las buenas la clase gobernante o dirigente se frene en su apetito voraz por más corrupción y desenfreno desde el poder, que entonces haya que pensar seriamente en la terrible opción de abogar por los fusilamientos selectivos y públicos y como producto de una revolución o cambio social drástico por el que se pudiera evitar que la nación colapse y que es el camino que la partidocracia y sus aliados empresariales llevan a la República.

            Porque y debe advertirse, desde Danilo para abajo, todos los dominicanos tenemos que entender, que tal como están las cosas, por las que el PLD tiene todos los privilegios y junto a su oposición de alquiler, mientras el resto de la nación se las ve y se las desea para llegar a fin de mes, que el presidente de la República, debe y tiene que hacer todo lo imposible y que está en sus manos, para reordenar para bien y moralmente la vida nacional desde los estamentos del poder. Y que no es un llamado para afectar a nadie en lo particular y sí para que los que mandan entiendan, que la nación no puede continuar siendo llevada de cara al peligroso abismo que la corrupción reinante la está impulsado y cada día más.

            Además ¿por qué el gobierno no se limita en sus gastos y para que así cumpla con sus compromisos y todos los ámbitos de la vida nacional puedan sosegarse y en vez de la crispación generalizada que ahora atenaza a la casi desaparecida clase media, mientras se impulsa a la población y por el clientelismo político nauseabundo con la que se la domina, a que se prostituya y deserte de la moralidad individual?

           Entendemos entonces, que aquellos periodistas y medios de comunicación y de información de masas, quienes realmente no estamos de acuerdos con el desorden de vida que se impone desde el Palacio Nacional, el Palacio del Congreso Nacional y el Palacio de Justicia, que definitivamente, empecemos a ser críticos firmes del régimen peledeísta y compartes y como la única vía juiciosamente pragmática y moral, para hacer ver, que hay que parar en seco todo el esquema de corrupción reinante desde el poder y hacerlo, como grito desesperado para que toda la nación se de cuenta del riesgo tremendo que estamos experimentando y de cara a convertirla en un estado fallido y quien sabe qué cosa más.

            Es por eso, que decimos y no es que se quiera ser extremista, sino que el comportamiento de la clase política y su ramal de corrupto y corruptores, empresariales y suplidores del Estado; parecería que no deja otra salida, que apelar a la violencia institucional, específica y selectiva. O en su defecto, abrirle los brazos a una figura nueva y de relieve por su autoridad moral, civil o militar, que actúe como ángel vengador y lo recomponga todo. Con Dios. [DAG. Jueves, 11 de enero de 2018. Año XVI. Número 6,147]