No se entiende el por qué desde el Gobierno se incita a la división y el odio entre la ciudadanía. ¿Tanto significa la “herencia” del PRD dentro de sus filas y para hacer un régimen para perredeistas y no para los dominicanos?

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Cuando muchos creíamos que con el nuevo gobierno encabezado por el presidente Luis Abinader su impronta sería la búsqueda de la paz, la unión y la reconciliación entre las diversas banderías políticas y como una forma de homenajear la templanza y buena voluntad de la nación en procura de un gobierno dominicano que favorezca la unidad nacional, ya casi a diez meses de instalado, vemos y no sin sorpresa que es todo lo contrario.

Situación impensable en julio del año pasado, cuando todo el país se llenó de euforia por unas elecciones hipotecadas a una pandemia que amenazaba con destruir o resquebrajar los cimientos de la República y que, en aquel momento, era el punto que más preocupaba a la ciudadanía y no obstante el firme empuje electoral caracterizado por una nueva generación política a nivel presidencial, que seguro buscaría su propio espacio en procura de ahondar la convivencia nacional.

En este sentido, nadie se queja del accionar personal del presidente Abinader, tan dedicado en procurar hacer el mejor camino en su andar y por lo que se ve, totalmente entregado a ser el mejor presidente de los últimos 18 años y caracterizado con su fresca imagen de ser el primer presidente generacional posTrujillo y por lo tanto, persona y político que ha despertado sentimientos a favor de mayores simpatías y por entenderle que no será parecido a los presidentes anteriores y lo más parecido a no tener compromisos cuestionables con el pasado.

Lamentablemente, la composición de su gobierno, no es y en líneas generales, hasta ahora la más adecuada para darle feliz concreción a sus planes desarrollistas y como muchos hemos visto, son más los altos cargos dedicados a ponerle obstáculos a la misma administración y al tiempo de hacer lo imposible porque la ciudadanía vea o note que el brazo político del régimen, más responde a los viejos robles del PRD y ahora disfrazados como PRM, que a las directrices y políticas que  presente y ejecute el mismo presidente.

Por eso y casi a diez meses de gobierno, mientras el aparato de propaganda quiere insistir en que Abinader es uno de los presidentes más valorados del Continente, a nivel interno esa no es la percepción mayoritaria de la ciudadanía.

Sí, al presidente, absolutamente nadie le niega su firme como extraordinario papel en defensa de los intereses permanentes de la República, con su actitud, política y carácter firme defendiendo a la nación por lo del embate de la pandemia y por lo que, gracias a él y sus empeños, a este día ya hay más de 5 millones de vacunados con la primera dosis y casi 2 millones de vacunados con la segunda contra el Covid-19 y acercándose cada día a la meta presidencial de vacunación completa para junio y lo que no hay dominicano alguno que no lo reconozca.

Pero muchos de sus funcionarios y los viejos robles de su partido, no son del mismo sentir y, al contrario, pretenden que el Gobierno se convierta en una aplanadora corrosivamente destructora, que aniquile a la mayor cantidad de disidentes o que cancele a la mayor cantidad de empleados públicos y simplemente, porque la dupla PRD-PRM debe darle paso al clientelismo político más provocador como abusivo.

Debido a ese clientelismo, más de una cuarta parte de la población no se siente nada a gusto con las embestidas del partido oficial y eso, que hay que reconocer que su presidente, el ministro de Estado, José Ignacio Paliza, prácticamente una cuarta parte de su tiempo debe utilizarlo en desactivar las “bombas de tiempo” que los viejos robles meten dentro del quehacer gubernamental.

En este sentido, muchos entendemos que el presidente y si es que no lo está pensando ya mismo, debería contemplar la efectividad de la primera remodelación de su gobierno y no tanto al primer nivel y si en los planos segundo y tercero, donde las agresiones gratuitas y vejámenes de todo tipo contra muchos ciudadanos no cesan.

Y es que no puede ser, que un partido que obtuvo la mayor cantidad de votos entre el grueso de sufragantes que se dieron el 5 de julio y que llevó a Abinader a jurar el 16 de agosto, quiera actuar desde el poder, como si este lo consiguió a la mala y por lo tanto, sintiéndose con absoluta libertad para agredir, difamar y destruir o perseguir políticamente, en este caso, a más del 25 % de los medios y periodistas propiedad de sus propios mass media y a quienes agrede abusivamente con su rastrera política de represión publicitaria, violando contratos legales establecidos o persiguiendo periodistas de auténtico criterio independiente y no partidario.

En este plano y no porque seamos uno de los medios afectados gratuitamente con la abusiva política propagandística represiva, al fin y al cabo hemos reducido nuestros costos operativos y por lo tanto, creemos que podríamos sobrevivir a semejante desconsideración, sino porque entendemos, que no hay derecho, a que políticos que han llegado al nuevo gobierno y que en nuestro caso, todos ellos conocen perfectamente nuestro quehacer profesional absolutamente apegado a la independencia de criterio más absoluta y siempre solo a favor de los intereses permanentes de la República, pretendan ahora querer malograr nuestra carrera profesional iniciada hace 57 años y cuando muchos de ellos no habían nacido.

Desde luego, sabemos que las cosas no ocurren porque sí, sino porque determinadas situaciones las provocan, en este caso la represión publicitaria tan abusiva y como su colateral oficial, pero siempre debe recordarse, que de los cuatro tipos de periodismo que en la actualidad se ejercen: El oficial, el partidario, el de los barones mediáticos y sus lacayos y el de análisis crítico juicioso, que, como otros medios y periodistas propietarios de sus medios, ejercemos. Este último es el que verdaderamente ejerce el necesario contrapeso de opinión que coloque en una justa perspectiva, todo cuanto se dice desde los otros tres factores de ejercicio periodístico que describimos.

Al hacer este tipo de diferencia, para un político de poder y en el poder como Abinader, al existir tal enfoque independiente de opinión no sectaria, le ayuda en mucho a finar mejor sus políticas y perspectivas, esas que le impulse a mantener el necesario equilibrio emocional frente a tantos intereses en juego y contrapuestos.

De ahí que digamos, que no se entiende el por qué desde el Gobierno se incita a la división y el odio entre la ciudadanía. ¿Tanto significa la “herencia” del PRD dentro de sus filas y para hacer un régimen para perredeistas y no para los dominicanos? Reflexiónese sobre este particular. Se imponen cambios en el conjunto humano dentro de la Administración (DAG)