¿País de hipócritas, simuladores, tránsfugas y perversos que viven de lo ajeno y de mentir? Definitivamente hay que impulsar y alentar una verdadera revolución moral que nos salve a todos como sociedad y pueblo

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Desconocemos si se trata de un serio problema genético que duerme o anestesia la decencia, las buenas costumbres y la honestidad, pero lo cierto es, que la terrible inversión de valores morales que abate a esta nación y desde todos sus ámbitos, no ayuda en nada a que se pueda suponer o entender, que en algún momento República Dominicana se podrá recuperar del terrible retroceso moral que la abate y que, para mayor desgracia o calamidad, afecta cada día más a sus nuevas generaciones.

La situación es tal, que las figuras públicas y tanto en el mundo privado como en el público son un verdadero asco que no disimulan en lo absoluto sus apetencias groseras y fuera de tono. Los que llegan al poder con un discurso anticorrupción, en la generalidad de los casos son unos redomados hipócritas que hacen peor que los anteriores; dentro del empresariado, pocos pueden librarse de algún tipo de imputación criminal, por la que una familia perjudicada por intereses avasallantes pierde propiedades e incluso, alguno que otro de sus miembros, hasta la misma vida. El mundo financiero es lo más parecido a una exhibición espuria de máscaras que esconden lo peor del alma humana, mientras el factor religioso y en sentido amplio y en específico el católico, hace tiempo que perdió el honor y su Papa lucha a brazo partido contra los pederastas, el robo y el desorden amoral más significativo.

Es de este modo, que esta nación y en materia de inconductas, todo se aviva y escuece el espíritu y viendo como tantos y pongamos de ejemplo al infame teteo, destruyen todo vestigio de moral en el mismo corazón de la familia como unidad social y abre espacios significativos para la disolución social con esa práctica sexual salvaje y sin control que en callejones, calles y vías ocultas en los barrios de la periferia de sus ciudades se muestran impúdicamente por doquier o en los clubes sociales o reductos de clase media alta y de postín.

¿Por qué sucede semejante degradación moral?, porque quienes se dicen representativos o líderes sociales, carecen de esa profunda autoridad moral que siempre para en seco las peores inconductas. Al no existir autoridad moral, hay una profunda carencia de líderes políticos, sociales, empresariales, mediáticos, castrenses, religiosos y aunque valga la redundancia, humanos. Para decirlo de alguna manera, la República Dominicana está atravesando una profunda quiebra moral.

Solo hay que asomarse al sector castrense como al policial y comprobar, como lo peor de la sociedad domina y controla sus altos mandos, mientras que, sin sonrojos, muchos de sus efectivos son el sumun de la corrupción moral y como tales envilecen a lo absoluto todo lo que tocan.

Sencillamente, no hay ni sanción ni castigo de ninguna especie para quien hace lo mal hecho, en tanto de golpe, desde esa prensa degradada a niveles más que lastimosos, se aplaude el enriquecimiento ilícito, se alientan las inconductas de todo tipo y a la gente se le hace ver que ser honesto e integro no ayuda en mucho para “progresar” y por eso el nacimiento de clanes y grupos sociales infectados amoralmente y lo peor, siempre dispuestos a manipular sentimientos, sentido común y hasta el orden social, llegándose entonces a lo que ahora tenemos, que nada es lo que parece y desde las cumbres del poder como desde los estratos más humildes, no hay forma de encontrar aquellos individuos que pudieran coadyuvar al rescate social de toda una nación, en apariencias, amiga de lo mal hecho y del deshonor.

Véanse los casos de quienes se benefician del mundo del narcotráfico y el lavado de activos y con amplia complicidad financiera y para poner una fecha. Arranquemos desde agosto de 1996 y hasta el 2020 y nos encontraremos, con que todos los partidos políticos mayoritarios, todos sin excepción, han sido las determinantes herramientas para que la depravación a grado absoluto se imponga a todo un pueblo digno de la mejor suerte.

A la fecha y solo hay que comprobarlo, no existe corriente política, social o empresarial que no haya sido penetrada por el narcotráfico o que senadores y diputados, alcaldes o regidores, no estén coludidos en extremo con la droga y el saqueo de los bienes e intereses públicos, mientras desde el mundo privado, representativos de los juegos de azar se han hecho dueños de “la fábrica de leyes” y son quienes deciden quien es “serio, honesto, honrado” y de valer en esta sociedad y a quien, si se pliega y humilla, se le pueda dar una oportunidad para vivir.

En esto, los pasados gobiernos provenientes de la clase media proletaria y más atrás de los periodos 1978-1986, cuando los lavadores de activos y narcos dominicanyorks asociados a los clanes políticos dominantes en esos años, dieron la pauta de como un gobierno puede ser una herramienta a su favor y hasta que se llega a lo de ahora, que la mayor parte de quienes se autodenominan “la sociedad dominicana” son una muestra imparable de todo tipo de enriquecimiento ilícito e inconductas generalizadas, mientras sus representativos se dan ínfulas de padres de la patria desde las páginas de sus periódicos y medios electrónicos.

Desde luego, no es que dentro de tanta podredumbre moral no existan personas verdaderamente decentes y de honor. Precisamente porque las sabemos que están ahí y aguardando su oportunidad de resurgir, es que escribimos estas líneas y como aliento mínimo aunque fuere, de que, aunque lo parezca, no todo está perdido y seguros, de que al momento que se haga conciencia, tanto la sociedad real como el verdadero pueblo dominicano enfrentarán y con decisión la terrible corrupción moral que ahoga a este país.

Por supuesto, la lucha a emprender será más que dura y si los pocos referentes morales que aún existen no terminan por perder el miedo y lo más interesante y aunque algunos no lo crean o consideren así, creemos que la regeneración social y la que viene, nacerá de las mismas fuerzas vivas y sociedad civil que ahora se encuentran tan vapuleadas y estigmatizadas y abusivamente acobardadas.

Para ello, hay que insistir, tocar puertas, comunicar y, sobre todo, dar muestras de que una parte de la sociedad y de la población, con todo y la degradación moral que se vive, existan tantos dispuestos a salvar a la República y a sus instituciones y definitivamente, enfrentar el estigma, en el que las circunstancias han colocado a esta nación como si fuera un país que fuera solo de hipócritas, simuladores, tránsfugas y perversos que viven de lo ajeno y de mentir. Definitivamente hay que impulsar y alentar una verdadera revolución moral que nos salve a todos como sociedad y pueblo.  (DAG)