Peligrosa muestra de rebeldía social e inaceptable manipulación mediática con fines de crear un conflicto binacional

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De buenas a primeras, estamos observando y con gran preocupación, que, si las autoridades no hacen algo juicioso para llevar a la nación por derroteros menos crispantes de los que hasta ahora se muestran, en cualquier momento podría ocurrir, algún tipo de estallido social que terminara por preocuparnos y desorientarnos a todos.

Es cierto, que, desde marzo pasado, nada de como en la República se vivía ha podido recuperarse y que, al contrario, como producto de la pandemia provocada por el coronavirus chino, la nación ha presentado muestras inequívocas de un sordo malestar social, del que todavía nadie sabe cómo se saldrá.

Y esto así, primero, porque la experiencia pandémica nunca había ocurrido y segundo, porque la población y aun sabiendo que cada día aumenta el nivel de lo peor en materia sanitaria, tiende a resistirse en reconocer que se está ante una angustiosa realidad, que supera cualquier tipo de expectativa respecto a que el clima social pudiera mejorarse.

Inclusive, hasta áreas del mismo gobierno nacional se muestran poco diligentes en como encarar la situación y la que y vista desde el ojo de la política del poder, parecería que la Administración Abinader se inclinara por maquillar las cifras que arroja la pandemia y con miras de darle un tratamiento político a un asunto grave de salud, que por sí mismo se cometería un grave error el pretender ignorar o no darle la importancia debida.

Ni que decir, que la situación se hace extremadamente preocupante, porque cuando se observa que desde el Gobierno hay un interés nada correcto de tratar el problema epidémico como algo sin importancia y, por lo tanto, pretender no divulgar las cifras de infectados, muertes y recuperados diarios, más la cantidad de pruebas para determinar el nivel, crecimiento y profundidad de la pandemia, que entonces haya que preocuparse y mucho.

Desde luego y metiéndonos en la piel del nuevo gobierno, uno que todavía no llega a los dos meses y medio y encontrarse con que su primera iniciativa de política general sea la de conjurar una crisis epidémica y que desde la oposición las ahora autoridades creían que era inventada por el gobierno anterior y por un interés político mezquino y al entrar al poder, visualizar, que aquello que se decía no era nada exagerado y sí que se quedaba corto ante la realidad brutal y que en materia sanitaria ahoga a la República, era naturalmente para tener en principio una reacción de pánico y mortificación extremos.

Por eso, la situación es mucho mas preocupante, al observar que la reacción de las autoridades ha sido tomar el camino equivocado, pretendiendo negar la realidad y peor, creyéndose que con tal actitud la pandemia podría resolverse. Y es todo lo contrario.

¿Por qué?, porque de golpe, todos nos damos cuenta, de que el nuevo gobierno no estaba preparado para diseñar y ejecutar políticas de emergencia sanitaria y de una drasticidad tan significativa, que su misma popularidad pudiera resquebrajarse en un santiamén y lo que no se entiende, cuando se suponía, que desde Abinader para abajo y todos los miembros del nuevo gabinete presidencial, se estaba preparado para darle continuidad a las políticas de Estado.

Lamentablemente no ha ocurrido así y lo que se ve, es como si las autoridades nunca se hubiesen preparado para enfrentar los retos de llegar al poder y ahora estuvieran pagando los platos rotos ante su evidente improvisación. Al mismo tiempo, desde el factor mediático que tiene que ver con la prensa mercancía y tradicional, se nota cierto dejo de irresponsabilidad social, al hacerle el juego en materia de ocultamiento, a un nuevo gobierno, que, para salir de la crisis sanitaria, requiere de información veraz, documentada y cierta.

De este modo, se tienen dos factores extremadamente peligrosos para la paz social y la misma gobernabilidad: La huida de responsabilidades por parte de unas autoridades sanitarias totalmente incompetentes e incapaces y actuando como autoridad que quiere darle un tratamiento político de ocultamiento a todo lo relativo de la pandemia y por el otro lado, un aparato de prensa tradicional dispuesto a seguirle el juego, a un gobierno que todavía no acepta y al parecer tampoco entiende, cuál es su realidad.

En este plano, ¿qué era lo que cuerdamente había que hacer?, dejar a un lado la aplicación de todas las promesas de campaña y sí enfrascarse ante un escenario social, político y sanitario que daba crisis por todos lados y que requería medidas heroicas de contención. En vez de hacerlo, las nuevas autoridades le dieron la espalda y por razones populistas, a las políticas sanitarias y de gobierno anteriores y precipitaron a la población hacia una ruptura tan fenomenal con la estabilidad institucional, que de seguro y recónditamente, las nuevas autoridades ya deberán estarse lamentando.

El engranaje burocrático ha sido desarticulado, nadie se siente seguro con un régimen que desconoce unilateralmente contratos existentes de publicidad y servicios, más de 300 mil empleados públicos han empezados a ser desmovilizados con el pretexto de que hay que darles espacio a los seguidores políticos, la desorientación es total y en el mismo Palacio Nacional la confusión se impone.

Para colmos, ahora se presentan muestras evidentes de irresponsabilidad social y por parte de sectores de presión y populares, que entienden, que la lucha social está primero y mucho más, comprobándose que en el Poder Legislativo se le están dando largas a todo lo relativo al 30% de devolución de los ahorros de los trabajadores en sus fondos de pensión y en momento, que se descubre, que los mismos legisladores  tienen ingresos anuales que pasan del 30 % de los dineros que los trabajadores reclaman. ¿Resultado? La inusitada protesta de ayer contra la sede congresional y que dio por resultado la destrucción de puertas y ventanas del recinto y amenazas de ocuparlo, en tanto, policías y guardias, que se supone protegen el recinto, se ocultaban y cuidaban por preservar sus vidas.

Concomitantemente, el vocero de los medios de la prensa mercancía tradicional, el matutino centenario capitaleño, genera mayor expectación de crispación social y el fomento de una crisis política binacional de imprevisibles consecuencias, al publicar, que “Haití castiga al país subiendo tasa a exportaciones” y sabiendo sus responsables, que básicamente, se trata de un asunto contencioso de políticas de comercio, que, entre países, se dilucidan en la Organización Mundial de Comercio (OMC).

Así tenemos, que, de golpe y porrazo, trabajadores y obreros, ayer sorprendieron a todo el mundo con una marcha violenta contra la sede del Congreso Nacional y debido a que nadie es tonto y se nota, que el Poder Legislativo es ahora y más que nunca, un sello gomigrafo del Poder Ejecutivo.

Mientras y en un alarde de insensatez, provocación y mucha improvisación, el Listín Diario aviva los rencores y sentimientos escondidos de odios binacionales mal disimulados por parte de los sectores extremistas de ambos países, cuando tan fácilmente el nuevo contencioso comercial podía resolverse de la forma mas simple y drástica: Colocando el alto comercio criollo un cargo mayor y proporcional, en el factor de precios finales a los productos dominicanos hacia Haití, en la misma proporción que el país vecino pretendía castigar las ventas nacionales al país transfronterizo y sin que sobre este particular el gobierno tuviera que intervenir directamente.

Como se ve, estamos ante una peligrosa muestra de rebeldía social e inaceptable manipulación mediática con fines de crear un conflicto binacional, al tiempo que desde el Gobierno se afianza la impresión general, de que se enreda en sus propias improvisaciones. Y de ese modo, perdiéndose un tiempo precioso que dentro de poco, ojalá que no, será de lamentar. (DAG)