Pero bueno, ¿pero es que algunos están perdiendo el juicio?

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Hay situaciones como que no se entienden. Pues mientras el presidente Luis Abinader, de hecho, se rebaja su salario a cero y al donarlo mensualmente a centros de asistencia social y como un modo de mostrarse consecuente con la delicada situación económica y pandémica que la nación y en particular las personas menos desfavorecidas están viviendo, para sorpresa de muchos y como grave contraste, otros funcionarios públicos no lo imitan y, al contrario, comportándose de una manera poco sensatas.

Atiéndase, que, en estos dos meses de gobierno, por donde quiera se están presentando hechos y situaciones que asombran y por lo seguido en materia de descontrol financiero y llevado con gran desparpajo por ciertos funcionarios de segundo y tercer nivel, quienes, por lo visto, asumen que les llegó la oportunidad para recuperar lo que gastaron en campaña electoral o consideran que se lo merecen.

En el ministerio de Educación y no es que se entienda como incorrecto que los despachos estén engalanados con flores naturales y en particular orquídeas, pero, ¿para que formalizar un contrato con una empresa distribuidora de flores, que las malas lenguas hablan de negocios  ocultos de determinados funcionarios o allegados suyos y en momentos que, de entrada, el nuevo gobierno empezaba a presentar los nuevos parámetros de corte de gastos, hasta que por lo menos se pase la crisis económica y financiera? ¿Un millón de pesos solo en contrato para adquisición de orquídeas? Suerte que el mismo fue desautorizado.

Y ahora lo último, la joya de la corona: el nuevo administrador general de la empresa distribuidora eléctrica, Edesur, se aumenta 60 mil pesos en su salario, que treinta días atrás era de 575 mil pesos, el ingeniero Milton Morrison y en su defensa, alega que el aumento fue una iniciativa del Consejo de Administración y la pregunta es una, ¿a cuanto llegan los salarios de cada uno de los miembros de ese Consejo?

También en otras dependencias descentralizadas, cuyos directivos son designados via decreto presidencial, se han estado dando situaciones chocantes en materia de manejo salarial para altos ejecutivos y desde luego, las críticas no se hacen esperar. Sin embargo, hay una que otra de esas dependencias, en particular las del orden financiero, que disponen de sus leyes orgánicas y por lo tanto, tienen cierto grado de autonomía para imponer su escala salarial y ello en función de los ingresos y movimientos financieros propios, que son regidos dentro de los parámetros internos del mundo financiero y a lo que, por ejemplo, el poderoso Banco de Reservas no escapa y que son las razones para que determinadas críticas que se emitan, se las entienda que solo son realizadas por el afán de dañar y desacreditar a la mejor y mayor entidad financiera del Estado.

Con ese tipo de excepción y que abarca por igual al Banco Agrícola, las Superintendencias de Bancos y la de Seguros y para citar algunas del área económica, lo que en esta materia se impone, es determinada prudencia y porque la menor critica mal pensada afectaría a más a la propia credibilidad del Estado y por ende a la misma imagen de la República.

Otras determinadas voces críticas de determinados propagandistas gubernamentales, en esta materia suelen perder la perspectiva y al no comprender, que la economía dominicana, hace 20 años que dejó de ser subdesarrollada y para convertirse en lo que es hoy, en una emergente y que es la razón del porque las principales empresas nacionales y como contribuyentes, no les ha temblado el pulso para otorgarle al gobierno de Abinader,  más de cien mil millones de pesos en adelantos de impuestos y lo que sucede, porque el Estado Dominicano es el garante de esas operaciones de alta ingeniería financiera y reforzadas esas garantías por las credibilidad que las políticas económicas y financieras del presidente, son de dominio público.

Véase si esta percepción es la correcta, que recién el gobierno estadounidense firmó un acuerdo con el Gobierno Dominicano y el que envuelve unos dos mil millones de dólares para el reforzamiento de la economía y lo que obliga a entender, que no obstante que el país está experimentando los embates de la pandemia y de la crisis económica y financiera global, continua teniendo la credibilidad y generando la confianza necesaria en los principales actores económicos y financieros nacionales y recuérdese, que China Popular se encuentra en “lista de espera” y con una amplia cartera de créditos y emprendimientos de inversión al solo interés dominicano para su ejecución.

En este sentido, para muchos ciudadanos, no hay la menor duda de que la nación saldrá de los peor de las crisis que nos abaten y que con la garantía de buena administración que el presidente Abinader y su gabinete económico le están imprimiendo a sus ejecutorias, a poco tiempo los dominicanos habremos salido de la fuerte situación heredada de iliquidez extrema, que, impulsada por razones externas, desde enero, se nos vino encima.

Ahora bien y como medida cautelar, hemos visto que el nuevo gobierno dispuso el recorte presupuestario a un cincuenta por ciento y en todos los departamentos gubernamentales, lo que a su vez provocó un efecto catarata en todo el resto de la economía. En principio, una buena medida, que, si no se regula, podría desatar una contracción económica y financiera más que innecesaria a todos los niveles de la vida nacional y esto ¿por qué?, porque ya se sabe que el presidente tiene en carpeta no menos de diez grandes obras de nuevas infraestructuras, que al momento que todas estén en ejecución, estaríamos hablando de aproximadamente 50 mil millones de pesos corriendo por lo canales de comercialización y robusteciendo la economía.

Cuando ello suceda, a ese momento la política de austeridad iniciada preventivamente debería ser eliminada gradualmente y el gobierno deberá haber restablecido la vigencia de los contratos de servicios y publicitarios entre instituciones publicas y privadas, aumentándose de ese modo la tasa de empleos, dinamizando la economía popular y robusteciendo la vitalidad de la clase media.

Por eso y desde el momento que la locomotora económica empiece a rodar, definitivamente la población deberá experimentar el gran reto de dejar atrás la mentalidad subdesarrollada, que atrasa y divide y todos, colocarnos a los altos niveles de crecimiento y producción que la nueva economía impulsada por Abinader generará en el ánimo de todos y es que, al llegar ese momento, seguro que pocos funcionarios serán los que todavía estuvieran perdiendo el juicio. Otros ciudadanos, en cambio, aumentaremos nuestro optimismo y la fe en nuestra República. (DAG)