Por lo de China Popular, EEUU podía irritarse un momento, pero entre naciones soberanas e independientes es lo más natural del mundo que ocurra. También entre naciones hay celos. Nada de qué preocuparse

0
80

Cuando por más de 100 años, dos países mantienen unas solidas relaciones diplomáticas que trascienden lo comercial, que de pronto se encuentren ante una situación nueva marcada por una pandemia común que las arrastra a buscarse sus propias iniciativas de defensa, es natural que cuando la más pequeña busca el apoyo de otra grande y tan gigante como China Popular, que el primer socio comercial de la pequeña definitivamente se inquiete.

Sin embargo, la nueva situación de supervivencia común, en modo alguno podría terminar en una relación definitivamente rota, cuando de lo que se trata, es que todas las naciones y en la situación actual, requieren y como nunca, el auxilio solidario de las demás y lo que, en 175 años de amistad y colaboración, EEUU ha sido más que generoso con República Dominicana.

En este aspecto, los detalles son los puntos que marcan la vieja relación mutua, por lo que para nada pudiera entenderse, que debido a que contra todo pronóstico el presidente Abinader ha reforzado las relaciones dominico-chinas y llevándola a un punto, que ciertamente a Washington le ha sido toda una gran sorpresa, necesariamente nadie puede asumir que, por ello, las relaciones entre sus gobiernos pudieran ir de mal en peor.

Muy al contrario, lo que entendemos ver en la reacción de la embajada estadounidense, de sacaliñarle  al gobierno dominicano, que hace dos meses se llegó a un reforzamiento de las relaciones bilaterales mediante un nuevo acuerdo de colaboración, para que ahora resulte que las relaciones dominico-china se fortalecen y al punto, de que el mismo presidente Abinader acaba de anunciar que tuvo un cercano contacto telefónico con el mismo presidente chino, Xi Jinping y que de tan promisorio, este último dio garantías de mayor colaboración e intensificación de las relaciones entre los dos países y Abinader de aceptarlo.

Es una reacción, sí molesta, pero no de EEUU como nación, sino de su encargado de negocios a.i., Robert W. Thomas, quien hombre de emociones frágiles, como lo es todo gay y de lo que mucho sabe nuestro diligente canciller Roberto Álvarez, por lo visto entendió y conociendo la lamentable mentalidad dominicana, en cuanto a que si mostraba una reacción negativa, tal vez podría acobardar a determinados dominicanos de poder, sumisos y dóciles en extremo y siempre temerosos de que Washington “se nos volteee” y para lograr de esa forma que estos pudieran presionar a Abinader y hasta lograr “domesticarle”.

Thomas, excelente diplomático y con una brillante hoja de servicios y quien desde mediados de enero se encuentra al frente de la delegación diplomática, seguro que después de su encono y que dicho sea de paso, nos pareció la reacción más natural del mundo, mostrará la suficiente cabeza fría para entender, que si bien nuestros países están indisolublemente unidos por lazos de amistad que nunca podrían ser destruidos, República Dominicana y como nación libre e independiente y una de las cuarenta y tanto primeras que fundaron la ONU, tiene también sus propios juicios, valores y políticas y como tal las ejerce y usufructúa.

En este plano y si Thomás cae en cuenta de que en otros aspectos, aquella política de corte imperial de “América para los Americanos” de Monroe, fue una que nos agredió terriblemente, por lo que ahora, más de cinco generaciones criollas han mantenido ese ruinoso sedimento de enconos fuera de tiempo contra EEUU, la actitud amistosa de Abinader hacia Xi Jinping, es una magnífica oportunidad para crear un punto de equilibrio por el que las dos grandes potencias y nuestro país, podríamos y de ahora en adelante, mantener una relaciones pragmáticas lo suficientemente útiles y sin enemistades de ningún tipo entre sus gobiernos respectivos.

Véase por ejemplo, que las relaciones comerciales dominico-estadounidenses han alcanzado unos niveles de crecimiento, que por un lado, fortalecen las relaciones diplomáticas y en tanto por el otro, las relaciones entre los dos pueblos y con esa carga anímica de casi un millón de inmigrantes criollos viviendo en el territorio continental estadounidense y los casi tres millones de estadounidenses de origen dominicano y muchos con cargos públicos desde el Congreso Federal, las gobernaciones, el aparato de justicia, las alcaldías y también en el gobierno federal y en muchos estados de la Unión, ha provocado, que tanto Washington como Santo Domingo de Guzmán aumenten sus vínculos comunes, que ciertamente también hacen imposible que el puente de amistad y comercio con China Popular, pudiera ser uno que pudiera debilitar los nexos dominico-estadounidenses de cerca de 175 años.

Lo que importa en las relaciones humanas y también en las relaciones entre naciones, no es detenerse en lo que pudiera desunir y sí avanzar cada día más en lo que nos une. Además, estos no son tiempos de las viejas ideologías y menos de recrear la pasada guerra fría. China Popular es un nuevo socio y amigo que sabe perfectamente cual debe ser su comportamiento paso a paso hasta lograr una relación más sólida con República Dominicana y Estados Unidos y desde sus propios parámetros, sabe por igual, que 175 años de relaciones binacionales, nunca permitirán que las relaciones se resquebrajen.

Más bien, en Washington tienen y deben acostumbrarse a que este país caribeño hace años que dejó de ser de economía subdesarrollada y sí emergente y que, como tal, es la primera economía en importancia entre las islas-estados caribeñas, lo que significa, que en algún momento podría ser baluarte o muro de contención dentro de la geopolítica regional.

Además, el nuevo despertar criollo, se representa de la manera tan positiva, de como en un gobierno dominicano seudo de izquierda se iniciaron los lazos de diplomáticos, de amistad y comercio con China Popular y en el siguiente nuevo gobierno dominicano de centro derecha, la relación se ha fortalecido y para bien y sin este último abjurar de las relaciones con EEUU y lo que está bien.

De ahí que digamos, que por lo de China Popular, EEUU podía irritarse un momento, pero entre naciones soberanas e independientes, es lo más natural del mundo que ocurra. También entre naciones hay celos, Nada de qué preocuparse. (DAG)