¿Por qué en este país los ciudadanos y periodistas que expresamos nuestro sentir y hacemos valer nuestro derecho a la libre expresión, otros y como el director del Listín Diario, se les presume que mantienen una constante cacería en contra de estos y hacen de todo lo inimaginable para impedir el ejercicio del periodismo auténticamente libre?

0
84

Una de las razones fundamentales del por qué los políticos y los miembros de la partidocracia, la emprenden contra los periodistas y medios que ejercemos la libertad de critica y también la de disidencia y sabiendo, que al oponerse y por más que expresen en el seno de las asambleas de la Sociedad Interamericana de Prensa, todo cuanto a contrario ellos efectúan dentro del territorio nacional, se fundamenta básicamente en un solo hecho: Querer estar bien con los barones mediáticos e igual con los políticos del poder y de esa forma hacerse simpáticos a quienes les pueden mantener sus calidades, beneficios y canonjías y lo suficientemente amplias, como para impedir o bloquear que otros medios y periodistas sigan el predicar y accionar de aquellos que se atreven a ser de pensamiento libre y lo suficientemente contestatarios para mantener incólumes las libertades públicas.

Ciertamente que se trata de una pantomima dirigida a confundir a la población y desorientar a quienes ejercen el periodismo libre, pero lo que en nuestro caso no pueden engañarnos con su largo proceder de tartufos que han contribuido como pocos a que en Republica Dominicana no exista realmente un clima pragmático de auténticas libertades públicas y que es el grosero factor, que impide que esta nación no salga del ámbito dictatorial por medio del cual, nuestra democracia no es más que un sistema obligado de dictadura en sí y matizado a mayor como la terrible tiranía política que impide que el periodismo sea auténticamente libre, independiente y auténtico.

¿Quiénes son los llamados “lideres de opinión” que en este país ganan reconocimientos y laureles?, todos aquellos a los que no les importa que se les vea como gente adocenada y mentirosa y al grado, de que junto a los barones mediáticos que regalan premios de reconocimiento dizque profesional, se convierten en la ominosa corte de tartufos a los que al público les hacen creer que realmente son individuos de valer.

Por eso, los gobiernos se apresuran y con el propósito de estar bien con los barones mediáticos, de condecorar a sus principales periodistas directivos de medios y tal es la bochornosa situación que semejantes intereses provocan, que se convierten en la especie de “arma perfecta” que impide que el periodismo libre se propague y se imponga.

Solo hay que ver los listados de contentivos de ese tipo de periodista insolentemente desalmado, que una veces por sí mismo y otras mediante terceras personas,  reciben ingresos publicitarios mensuales, que por su volumen no pueden justificar, pero como en el gobierno necesitan de periodistas  muy parecidos a corruptos y corruptores, el gobierno les tira la mano para que entre la dirección de impuestos internos y el ministerio de Hacienda, se les acomoden cifras y les maquillan esos ingresos o lo otro, que haciéndose serviles de determinados altos funcionarios públicos en organismos descentralizados del área económica, financiera y monetaria, imponen una tarifa de protección mediática, que en la mayoría de los casos pasa de los 25 mil dólares por mes, situación deleznable, que los mismos barones mediáticos conocen y porque de ese modo, también ellos pueden chantajear a ese tipo de funcionario corrupto.

Desde luego nada de lo anterior se dice y menos entre periodistas mil veces “galardonados” como el actual director del Listín Diario, Miguel Franjul u otros en la radio y la televisión y uno que otro en otros medios escritos, dizque consejeros de políticos o asesores de grupos de presión.

Entiéndase, en este punto, necesariamente no tenemos por qué señalar al director del matutino centenario capitaleño, pero sí podemos decir, que como él tiene una moral profesional (no hablamos de la personal) prácticamente de hojalata, le haría un bien extraordinario a la clase periodística, si él impulsara lo más parecido a una fuerte campaña de decencia moral dentro del periodismo profesional y sobre todo a nivel de directores de medios.

Franjul es miembro de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) Y no por sí y sí por ser un empleado periodístico directivo de la confianza del barón mediático Pepín Corripio y con semejante apoyo, hay veces que se le va la mano y dice y hace cosas o toma de decisiones, que en ocasiones provoca el estupor entre los colegas de su entorno que más le miman.

De ahí, que también sin darse cuenta, muchas veces cae en ciertos excesos periodísticos, propios de cuando se tiene algún choque de intereses y lo que facilita que trasciendan y generen especulaciones de todo tipo. En este sentido, no le creemos de comportamiento personal errado y porque solo hablamos del profesional  que en ocasiones ha sido susceptible de cometer ciertos errores de bulto, que como pocos conocen, han generado, por ejemplo, que su primera esposa le critique con cierta vehemencia.

Naturalmente, todos y en una sociedad que se precie de libre, no podemos oponernos a que se nos critique y mucho menos quienes generamos opinión pública, pero si es indudable, que cuando en el pasado Franjul utilizaba las páginas del Listín para difamar e injuriar a otros periodistas y desde luego, siempre disfrazando la crítica, de modo que solo a quien el ataque este conociera del mismo, que necesariamente haya que poner en duda su hombría de bien y hasta su calidad personal de hombre decente.

Y es que en definitiva, lo mejor que en el periodismo podría suceder y que además, es una inequívoca muestra de madurez emocional, sería, que todos esos periodistas que se oponen al pensamiento libre y que solo atacan el pensamiento crítico que le hace contrapeso al periodismo corruptor, entendieran, que por sus inconductas, ellos y solo ellos, son los grandes autores del por qué la corrupción política está a punto de tragarse a este país y reducir a la nación a una cuneta o pocilga de deshonor aposentada en lo más bajo del periodismo que controlan y manejan la mayoría de los barones mediáticos.

Si todo lo anterior se analiza con frialdad, se entenderá el por qué preguntamos: ¿Por qué en este país los ciudadanos y periodistas que expresamos nuestro sentir y hacemos valer nuestro derecho a la libre expresión, otros y como el director del Listín Diario, se les presume que mantienen una constante cacería en contra de estos y hacen de todo lo inimaginable para impedir el ejercicio del periodismo auténticamente libre? (DAG)