¿Por qué razón el pueblo dominicano y después de diez meses continuos de toque de queda para enfrentar al coronavirus chino, se ha mostrado reacio a aceptar los lineamientos oficiales al respecto, sino es porque carece de ingresos ciertos para que sus familias puedan confinarse y vivir?

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No entender esta realidad por parte del gobierno, hace absolutamente imposible entender el por qué la unidad social no haya sido dinamitada y peligrosamente, por parte de las mismas autoridades, abusadoras y mezquinas que se tienen. ¿Cómo pedirles a personas que viven en cuartuchos o áreas “habitables” no mayores 30 metros cuadrados, que puedan encerrarse diariamente, cuando el 90 % no tiene ni sabe cómo vivirá y se mantendrá en el día a día y cuando la mayoría son chiriperos y buscavidas de lo primero que aparezca?

Pero hay una situación determinante y que debería mover a preocupación al presidente Luis Abinader y a su gobierno y es la siguiente: ¿Se habrán dado cuenta los miembros de la autoridad pública, que la abierta, evidente como grosera represión policial, propia de un régimen totalitario, es hija precisamente de que los mismos policías y guardias están  hastiados y cansados de la situación que se les somete, siendo ellos, parte también de ese pueblo hambreado, que todos los días tiene que buscársela y con miras de llevar alimentos y dineros a sus familias y viviendo igual que el pueblo en cuartuchos miserables dentro de barrios mucho más miserables todavía?

Para este periódico digital de Por el Ojo de la Cerradura, ahí es que se afinca la ya insostenible situación que se vive y a la que, si se le agrega la corrosiva destrucción de la clase media, el caldo de cultivo ya está hecho para que en cualquier momento se desate una fuerte rebelión social.

Desde luego, en el Gobierno no tienen ni idea del profundo malestar que se agita y dentro de una población, que nunca ha sido precisamente manejable en asuntos de control social público y la que ahora ya da muestras evidentes de descontrol y anarquía a nivel casi absoluto.

¿Creen en el Gobierno, que la gente, el pueblo, la sociedad, no han notado el profundo despilfarro oficial que las autoridades cometen, por un lado, repartiendo limosnas de no más 5 mil pesos mensuales devaluados por cabeza y solo por un periodo corto no mayor de tres meses y para que estén encerrados, mientras por el otro, el oficialismo a todos los niveles y comenzando por el mismo Abinader, disfruta de un nivel y calidad de vida propio de las mil y una noches?

Si los servicios de seguridad del Estado no han estado enviando reportes sobre la delicada situación de inestabilidad social que se está presentando y sobre todo en los barrios de todas nuestras ciudades, donde el hambre cunde, el desempleo también y la falta de ingresos ciertos para mantenerse, el día podría llegar y que algunos creemos que no está lejos, que estallase una rebelión social de características de poblada mayor y que podría generar la posibilidad de que el mismo Gobierno pudiera encontrarse en peligro?

¿O es que el presidente Luis Abinader y los miembros de su plutocracia no han caído en cuenta, de que si estallase una rebelión social de las características que apuntamos, ni sus propias cabezas y las de sus familias podrían quedarse sobre sus hombros?

Definitivamente, ya no se puede estar con paños tibios, la situación está muy mal, la gente pasa hambre, no hay liquidez ni se tienen ingresos ciertos, mientras todo el mundo observa y con envidia y cierto odio, esa formidable mansión presidencial, en la que y de acuerdo con rumores de los propios vecinos ricos, el portón principal fue traído de Europa y a un costo de un millón de dólares estadounidenses.

Por lo tanto, es hora ya de que Abinader y su Gobierno tenga sus pies en la tierra y enfrente una situación de inestabilidad emocional tan profunda, que bastaría con salir a las calles y escuchar a la población y para darnos cuenta, de que el país descansa sobre un terrible barril de pólvora a punto de estallar e impulsado por esa desastrosa política oficial de tirar a las calles a miles de empleados del Estado y amenazando con sacar otros cientos de miles más.

¿Puede una familia pobre mantenerse con mil quinientos o cinco mil pesos mensuales, cuando la canasta familiar para 4 personas requiere de un mínimo de 20 mil pesos cada mes?, igualmente, ¿puede una familia de clase media, de cuatro personas disponer de cierta seguridad de vida, cuando de golpe y via la inflación, ya no produce los necesarios 55 mil pesos mensuales para mantenerse cada treinta días, sea porque no hay dinero en la calle o porque simplemente y con esa brutalidad propia del PRD de antes y ahora disfrazado de PRM, las autoridades mantienen una ola de despidos, que ya afecta directamente a no menos 100 mil personas e indirectamente a cerca de otras 200 mil y para no hablar de los casi 70 mil suplidores del Estado que han sido llevados a la bancarrota y por el Gobierno de Abinader y el PRM desconocer los contratos legales y legítimos que tenían?

Y así todo, todo ha sido puesto patas arriba y ya la gente empieza a maldecir el Gobierno que se tiene y si Abinader, lo que comentamos no lo sabe, entonces que Dios nos proteja y porque abría que decir, que el joven presidente no está a las alturas de las circunstancias y estas le han convertido en un pelele de grupos de poder dentro del mismo Gobierno plutocrático que representa, mientras en el Poder Legislativo como en el Poder Judicial y por las irresponsabilidades e incompetencias de todos sus miembros, allí también están llevando a la República a lo más cercano a la disolución social.

Entiéndase, todos los dominicanos sabemos que el régimen ha despilfarrado cerca de 300 mil millones de pesos y con miras de levantar el nivel y calidad de vida de los miembros de su partido y restablecer la mejoría de ingresos de los ricos y sus bancos, quienes ahora ahogan con intereses y mas intereses la economía de la clase media venida a menos y cuando perfectamente pudo otorgar y directamente y por un año de toque de queda, a diez millones de dominicanos, no menos de 20 mil pesos mensuales por cabeza de familia y para que así la gente se aquiete y se quede donde vive cuidándose de la pandemia y hacer esto, comenzando por decretar una cesación de pagos “a la buena”, con el congelamiento por un año de todas las deudas habidas y por haber y la mayoría, producto de pura usura, decretar la prohibición de entrega de la fuerza publica para fines de desalojos y anunciar el pago directo del consumo de la energía eléctrica, el agua, la recogida de basura de todas las familias pobres y de clase media y mientras dure la pandemia que nos abate.

¿Qué por esas medidas, parte de la producción burocrática se va a caer, ¡claro que sí!, pero la agrícola y tampoco la minera o la comercial no decaerían y si se restablecen los contratos de servicios de suplidores del Estado y medios de comunicación análogos y digitales y se deja a un lado la represión publicitaria, mucho habría por adelante para que el optimismo vuelva a la República.

Pero Abinader y su gobierno menos, no le está haciendo caso a nadie, vive dentro de una burbuja y por lo visto, no quiere salir de ella y eso no es así y por ello y hablando por no menos 5 millones de dominicanos que estamos pasando hambre y no llegamos a fin de mes y encima, viendo la incapacidad e incompetencia oficial para frenar al coronavirus chino, se lo advertimos, ya estamos hartos de que no sepa gobernar y hastiados de su vacía y abusiva política de propaganda tan alienante como mentirosa. Debe hacer lo imposible por reencauzar a la nación, tiene con qué hacerlo o de lo contrario, se expondrá a una poblada de desobediencia cívica y social como nunca había ocurrido y en base a que los dominicanos nos estamos muriendo de hambre.

Y lo que nos impulsa a preguntar, ¿por qué razón el pueblo dominicano y después de diez meses continuos de toque de queda para enfrentar al coronavirus chino, se ha mostrado reacio a aceptar los lineamientos oficiales al respecto, sino es porque carece de ingresos ciertos para que sus familias puedan confinarse y vivir? Con Dios y ahora y por lo dicho, que venga la represión y que Dios reparta suertes. (DAG)