Por qué un personaje ‘trumpiano’ como Isabel Díaz Ayuso puede ser presidenta de Madrid (y de España)

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Isabel Díaz Ayuso es un personaje absolutamente trumpiano que puede ser presidenta, y no solo de la Comunidad de Madrid, sino también de España. De hecho, hoy en día es la figura más popular de la oposición española. Una auténtica, y terrorífica, distopía convertida en realidad. Pero ¿cómo es posible que una caricatura política trufada de manifestaciones delirantes, aberrantes, ignominiosas o surrealistas pueda arrasar en las próximas elecciones a la Comunidad de Madrid, gobierne o no? 

Comunismo o libertad 

"Comunismo o libertad", tuiteó Isabel Díaz Ayuso –también conocida como IDA– cuando supo que Pablo Iglesias abandonaba la vicepresidencia del Gobierno para intentar reflotar a Unidas Podemos, por aquellos días al borde del abismo del 5% de votos, umbral bajo el cual los partidos políticos carecen de representación parlamentaria. Una afirmación tan simple como falsa, pero a la altura de la respuesta que recibió –dirigida a ella y a Rocío Monasterio, de la formación ultraderechista Vox–: "democracia o fascismo". Parafraseando a Groucho Marx, la libertad de Isabel Díaz Ayuso es a la libertad lo que la justicia militar es a la justicia, pero la democracia española es a la democracia lo que la música militar es a la música. He aquí la casi insalvable contrariedad. 

El ascenso de IDA, la última presidenta de la Comunidad de Madrid, y su próximo y avasallador triunfo electoral, porque posiblemente vaya a devastar a sus adversarios en las urnas aun cuando ello pudiera no ser suficiente para gobernar, es el reflejo de una sociedad enferma, la española –y la madrileña, de forma especial–, en la que se abren centros de manicura a la misma velocidad con la que se cierren librerías. Una sociedad trumpiana en el que el mensaje simple y carente de contenido recorre las mentes sedadas y adictas a la desinformación a la misma velocidad que los datos viajan a través de la red. 

Porque España es un país trumpiano en el que los informativos de una de las cuatro grandes cadenas de televisión privadas están en manos de un publicista –¡ni se aparenta! –, lo que supone la culminación de la transformación de los programas informativos –y políticos– en telebasura. Ya ni siquiera persiguen aparentar un rigor y una seriedad de la que en el fondo carecen, sino que directamente se han entregado a las entrañas. A las pasiones. Al exterminio de cualquier atisbo de razón. A los insultos, las peleas, los rifirrafes o el sensacionalismo. 

Y es en ese caldo de dislates y de disparates, en ese escenario de película de serie b, de mala película de serie b, en el que personajes más propios de una novela de Eduardo Mendoza han encontrado un ecosistema ideal en el que prosperar. IDA, en cuyo currículum figura haber sido responsable de las redes sociales de Pecas, la mascota de la ex presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, es un claro ejemplo de ello. 

Una mujer que tan pronto añora los atascos de madrugada como asevera que la covid recibe su nombre por haber aparecido en diciembre de 2019, que el virus nos ha unido genéticamente a los españoles y a los latinoamericanos, que estos últimos y su forma de vida son responsables de la expansión de la pandemia en Madrid, que la covid llevaba mucho tiempo circulando en España porque las gomas del pelo son chinas –afirmación realizada en marzo de 2020, al comienzo de la expansión–  o que la pandemia es lo mejor y lo peor que le ha sucedido en la vida. Una mujer que es una distopía en sí misma. Una distopía de la distopía

Democracia o fascismo 

Porque "democracia o fascismo" tampoco parece ser la disyuntiva y, ahí radica precisamente el gran problema para nosotros y la gran oportunidad para las caricaturas, sean de extrema derecha, de extrema extravagancia o de ambas –Isabel Díaz Ayuso podría haber sido candidata de Vox: "Dios no me hizo perfecta y por eso no soy de Vox"–

La democracia española, "una democracia plena", según el PP y el PSOE, lo que en su tiempo fuera denominado el 'PPSOE' tanto por Toni Cantó, que hoy milita en el PP, como por Irene Lozano, que hoy milita en el PSOE, no lo parece tanto. La propia IDA nos deja alguna pista al respecto cuando afirma que "No todos somos iguales ante la ley… El rey Juan Carlos no es como usted". Una democracia en la que lo menos reseñable de sus carencias se encuentra en que un sujeto permanezca al margen de la legislación hasta el punto de haberse convertido en un delincuente múltiple apartado del país para rebajar la presión sobre sus actividades delictivas –los monarcas españoles gozan de inviolabilidad jurídica, lo que les permite de facto cometer cualquier delito con impunidad–. Por: Luis Gonzalo Segura [RT]