Por un asunto urgente de cuido del orden público, el gobierno debe parar en seco la abusiva e histérica campaña desinformativa mediática anti haitiana, dirigida a manipular las emociones individuales y poner a los dominicanos en ánimo de agredir a los haitianos y afectar la gobernabilidad

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Independientemente de que cada gobernante tiene su librito y que, por lo tanto, su agenda la aplica de acuerdo a sus intereses políticos inmediatos, no lo es menos, que la histeria que se ha desatado de parte de ultranacionalistas y anti haitianos furibundos, quienes todavía viven como si se estuviera tres siglos atrás y a propósito del nacimiento 205 del padre de la nacionalidad, Juan Pablo Duarte y Diez, que haya que prestarle la debida atención y el mayor de los cuidados.

            Lo que obliga, a que muchos entendamos y por lo que hasta ahora se ha estado diciendo y hasta del pulpito sagrado y desde los más variopintos grupos de seudo nacionalistas y con la abusiva pretensión de llevar a los dominicanos de ahora, a la reedición aumentada de la acción criminal perpetrada en el 1937 por representantes de los intereses creados y quienes manipularon el criterio del entonces presidente, Rafael Leónidas Trujillo Molina y hasta hacerle ver a dictador, que era menester expulsar sumariamente a la mayor cantidad de indocumentados haitianos del territorio nacional, que teniendo ese pasado tan presente, parecería, que ahora se quiere pretender algo parecido a aquel bochorno nacional y lo que objetivamente, no es posible pensar siquiera, que el gobierno del presidente Danilo Medina Sánchez podría permitir iniquidad sin igual.

            En este sentido, los instigadores y quienes van desde la ultraderecha política vinchista, la derecha nacionalista del Instituto Duartiano y la más abigarrada muestra de desaforados sin criterio personal y sin responsabilidad cívica y como es el caso del Consejo de Desarrollo Comunitario de la zona sur de la ciudad de Santiago y todos, llegando al extremo irracional de reclamar expulsión y muerte contra esos extranjeros y sin distinguir, entre residentes legales e indocumentados, que necesariamente haya que advertir, que no toda la nación dominicana está de acuerdo con los criterios errados de esos sectarios y menos, que se pretendan cometer hechos atentatorios a los derechos humanos de haitianos ya perseguidos mediáticamente y lo que, de continuar, podría ser suficiente, para que desde organismos internacionales y con toda la razón, exijan la condena de República Dominicana por las demostraciones y manifestaciones tan elocuentes de racismo y anti haitianismo enfermizos, como los que se están presentando.

            Todavía más, hasta hora y por lo que se está viendo y comprobando, el mismo presidente de la República, Danilo Medina Sánchez, no ha tenido el coraje de emitir una tajante declaración de Estado, por la que ponga a soga corta a los instigadores y de lo que parecería, podría ser un terrible brote de genocidio con apoyo oficial, que, de realizarse, hundiría a este país en la condena mundial más significativa.

            También es verdad, que todo está ocurriendo, por la cobardía del mismo gobierno central,  que habiendo creado en el 2014 el plan nacional de regularización del extranjero indocumentado en el territorio nacional y el que en gran mayoría estaba compuesto por ciudadanos haitianos, ya para el 2017 había logrado regularizar casi 300 mil haitianos de una población flotante de medio millón de personas y de las cuales, ahora mismo, al abrirse por nueva vez el plan regulador para los extranjeros que habían dejado iniciado sus trámites de regularización y de los que se entiende que 179 mil haitianos son aptos para recibir sus registros de residencia legal, los grupos ultra radicales y con significativos apoyos mediáticos, se les han lanzado al cuello a la misma nación y con miras de hacer creer lo que no es y de manera que el publico se tire a las calles y se exija que se expulse a los inmigrantes haitianos.

            De ahí, que la ola de anti haitianismo furibundo que ha surgido con extraño ímpetu y todo, porque los ultras radícales nacionalistas no quieren aceptar o confunden, que, si en las calles se nota un mayor aumento de la población haitiana, se debe fundamentalmente a la regularización que ha sido hecha, ya que esos residentes legales, al no tener que esconderse o vivir con miedo, sienten y como debe ser, que pueden salir a las vías públicas sin temor alguno e igual con los más de doscientos mil dominicanos de origen haitiano, quienes y como cualquier otro ciudadano de este país, tienen perfecto derecho a transitar por donde les plazca.

            Sin embargo, esa derecha extremista y ultranacionalista y con apoyo de medios de comunicación y del nivel del matutino centenario capitaleño, el Listín, hacen como que olvidan, que mucho antes del 1966, ya en este país habían braceros haitianos para el corte de la caña de azúcar que eran traídos para el servicio de los ingenios o centrales azucareros, públicos y privados y quienes amparados en acuerdos de trabajo de los dos estados, eran trabajadores legales y como anteriormente y tan lejos como el 1920, el primer censo nacional de población y familia arrojaba nada menos que la existencia de 27 mil ciudadanos haitianos y sus familias viviendo legalmente en este país y de los que en gran mayoría, sus descendientes son ciudadanos dominicanos nacidos en el territorio nacional y de origen haitiano.

            También lo sectarios ultraderechistas y anti haitianos, quieren olvidar, que en el periodo 1966-1978, hubo años en que más de 200 mil obreros haitianos trabajaban en la industria de la construcción e igual otros 250 mil en las empresas agrícolas y ya había un amplio segmento de trabajadores haitianos en el área hotelera. Es decir, personas que no eran ninguna carga fiscal para este país y quienes, al contrario, pagaban con regularidad sus impuestos.

            Pero igual hacen como que olvidan, que, si la inmigración haitiana tomó las labores de construcción, minas, turismo y en fincas, se debió básicamente a dos factores. Que los dominicanos eran renuentes a hacer esos trabajos y porque en el mismo lapso, más de 300 mil dominicanos inmigraron al exterior, cifras que aumentaron casi al doble desde el 1978 al 2018.

            Es por esas causas, que también hay poblados fronterizos, casi sin habitantes dominicanos y debido a las malas políticas gubernamentales criollas e igual y por la maldad y perversidad de autoridades militares y civiles criollas en las cercanías de la frontera con Haití, quienes, con sus excesos y negocios irregulares, han incentivado la ocupación de esos poblados dominicanos por ciudadanos haitianos, traídos en los últimos 22 años.

            Todas estas inconductas e irresponsabilidades, son ahora la base y motivación de la histérica ola de anti haitianismo desatada y que repetimos, si el gobierno y todavía más, el mismo presidente Medina Sánchez, no envía y rápido, un fuerte mensaje de desaprobación, contención, enfrentamiento y control, bien que pudiera generar y dado lo caldeado cada día del ambiente social y político, una situación de hecho, de violencia y sangre que luego haya que lamentar y prepararnos como nación, a exponernos a la posibilidad ominosa, de que tribunales y organismos internacionales nos declaren como un estado delincuente y fallido que hay que segregar del concierto de las naciones.

            Al mismo tiempo, conforta, que entre tanto extremismo abusador y sin sentido, se den también muestras elocuentes de intentos de convivencia pacifica entre las dos naciones y sus habitantes y como esa que acaba de ocurrir entre dos universidades, una dominicana (Henriquez y Carvajal) y otra haitiana (Quisqueya), suscribiendo acuerdos de trabajo, colaboración y de intercambio de profesores y estudiantes y que si lo unimos a los 15 mil bachilleres haitianos de clase media, que estudian carreras universitarias en este país desde hace más de cuatro años, representan y en mucho,  el mejor propósito de que existan las mejores relaciones entre las dos naciones y sus pueblos respectivos.

            Desde luego, debe reconocerse, que hay que admitir, que  así como tenemos el nicho de fanáticos e histéricos ultranacionalistas anti dominicanos, igual en Haití, pero sobre todo en Puerto Príncipe y Cabo Haitiano, hay grupos de furibundos anti dominicanos, que en sus odios, no se diferencian mucho de sus iguales de aquí y ante lo cual, proponemos, que en una especie de tierra de nadie, los dos gobiernos de los dos países limítrofes, los coloquen y para que los dos bandos se destruyan hasta exterminarse y de esa manera, se acabe con ese grupo de sectarios y frustrados fracasados, quienes hasta ahora, solo incitando al odio y a la violencia entre las dos naciones es que han entendido que solo así es que pueden tener vigencia pública.

            Por eso y encarecidamente, hay que solicitarle al presidente Medina Sánchez, que preste la debida atención al terrible problema social que está siendo incubado por sectores retardatarios y reaccionarios seudo nacionalistas y quienes con el falso mensaje, de que “Haití nos invade”, también tienen entre ceja y ceja y porque quieren  aprovechar la mínima oportunidad de inestabilidad social y política y para ver si pueden derrocarle y como será ese nuevo intento de hoy y si es que por la división que tienen en su seno fracasara su convocatoria sediciosa y altamente provocadora, cuando los contestatarios de la MVerde, financiados por determinados grupos económicos y políticos radicales, se van a tirar a las calles con el pretexto de "sitiar" el Palacio Nacional y gritarle a la República, quienes son, a su criterio, los ladrones y corruptos del gobierno y del PLD.

            Entonces, al conocer que es lo que en realidad está ocurriendo y lo que realmente se quiere para afectar la paz social y desestabilizar al gobierno, advertimos al presidente y a sus dos ministros principales, a que no se descuiden, pues sus enemigos y disfrazados de anti haitianos, les tienen  “el agua puesta” y lo que nos obliga a decir, que por asunto urgente de cuido del orden público, el gobierno debe parar en seco la abusiva e histérica campaña desinformativa mediática anti haitiana, dirigida a manipular las emociones individuales y poner a los dominicanos en ánimo de agredir a los haitianos y afectar la gobernabilidad. Con Dios. [DAG. Domingo, 28 de enero de 2018. Año XVI. Número 6,164]