Presión de la curia católica es un chantaje brutal propio de la desaparecida inquisición y el que no se debe consentir y menos en un Estado no clerical.

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Todo el tiempo y en todas las épocas, los humanos conocemos, que las iglesias y como instituciones religiosas, son simples unidades de control social creadas para que el poder político disponga de una mejor estructura vertical que afiance el control del poder y reduzca a mínimos, el ánimo siempre contestatario de la humanidad.

Por lo tanto, su propósito no es tanto religioso y como pudiera creerse y sí fundamentalmente político y siempre solo para garantizar “la unidad de propósitos” y estos siempre egoístas, de los grupos económicos, financieros y mercantiles, quienes, en cualquier país, tratan de imponerse sobre el criterio y frivolidad de quienes, como pueblo, siempre requerirán de ciertos controles aparentemente morales para saber conducirse.

En este sentido, las iglesias y sin importar denominaciones tienen y en base a lo anterior, dos procedimientos fundamentales que norman sus existencias: Acumular grandes riquezas y ejercer un dominio teocrático tan profundo del ánimo popular y dirigido este a mantener y controlar dentro de la ignorancia absoluta, la conducta seguir de pueblos y naciones.

De ahí que, desde entonces, nadie escape a semejante tipo de tiranía teocrática y mercantilista y en muchos casos, prestamista por usura y que, en la mayoría de los estos, en base a la cruz sangrienta, también busca imponer su concepto de “civilización cristiana” y sin importarle atropellar a quien sea, generar crímenes y hasta infames genocidios.

De este modo, nadie ha escapado a su férula y cuando no es -en el caso católico- en base a ejércitos pontificios, las cruzadas de exterminio y persecución religiosa, impone los genocidios a gran escala y como ha ocurrido en América a partir de su “descubrimiento” o en determinados países asiáticos o africanos mediante asesinatos colectivos que han destruido su alma nacional y como han sido los casos en los que el poder político impuesto por los reyes católicos, Isabel y Fernando en España o Leopoldo de Bélgica, han devastado civilizaciones y pueblos.

Los aborígenes en esta isla en el centro del Caribe y necesario recordarlo, conocieron de primera mano como el odio y la sin razón católicos impulsados por los franciscanos y en menos de cuatro años a partir de 1492, les hizo desaparecer de plano, al tiempo que luego, otro fraile, el Padre Las Casas, pretendió convertirse en el abanderado defensor de aquellos y ya a ese momento, desamparados de Dios y los hombres.

Para los años 1800, el catolicismo católico dominante logró su mayor fortaleza con el gobierno de uno de los suyos, el obispo Meriño, quien como buen “hijo de Dios”, instrumento el decreto ley conocido como de “San Fernando”, por medio del cual, fusiló a adversarios y contradictores y generando los pasos a seguir para que un general de horca y cuchillo, Ulises Hereaux, ascendiera a la presidencia e impusiera la dictadura.

A partir de ese hecho, la cruz sangrienta fue impuesta política y socialmente como nunca se había conocido y en cierto modo, República Dominicana empezó a conocer, qué se entendía como un gobierno teocrático escondido detrás de una dictadura militar.

El cenit de semejante paso llegó en 1954, cuando Trujillo fue al Vaticano y presidiendo una amplia delegación dominicana, firmó y junto a Pio XII, el llamado concordato, por medio del cual, la Iglesia Católica Dominicana y definitivamente, se constituía como un poder político, social y hegemónico paralelo al poder político gubernamental.

Desde entonces, los dominicanos no hemos tenido descanso, en tanto la curia católica y ya en estos tiempos, se constituyó en el aplastante poder económico y financiero aliado al tradicional originado en la vieja oligarquía y el que, amparado en la cruz sangrienta y la imagen del profeta Jesucristo, ha hecho de una fuerte mayoría dominicana, simple esclavos de orden y obediencia ciega.

Pero de buenas a primeras, ha sucedido, que la curia católica siente que su poder político e influencia moral ha empezado a agrietarse e histéricos, sus miembros y al darse cuenta de que el ánimo popular no es el mismo, se han lanzado con furia desatada por tratar de chantajear a la nación y tal como antes la gente tenía que pagar los diezmos con miras de expiar sus pecados.

¿El pretexto?, la reforma del Código Penal y la pretensión social, de que en materia de aborto, solo la mujer sea la única que tiene derecho a decidir y no que se acepte la unilateral y abusiva posición de la curia, de pretender chantajear con el pecado eterno a quienes tengan un criterio flexible y humano de preservar la vida de la mujer por encima del no nato y dentro de cuatro circunstancias: La parturienta en peligro de morir por un mal parto, el hijo producto de una violación o de un incesto o ante la posibilidad de que la criatura nazca con una incompatibilidad que haga que su vida  no sea útil.

Dado este choque de ideas y de conceptos y en un mundo donde no hay hogar, que en líneas generales, pudiera decirse inmune a algún tipo de practica abortiva, casual, premeditada o sorpresiva, la actitud de fanáticos de la curia católica no es comprensible y mucho menos, cuando de 4 mil curas católicos, 5 mil si se les agregan las mil quinientas monjas consagradas, 1,400 de sus hogares han conocido las prácticas abortivas que castiga el artículo 37 de la Constitución de la República o el 42-3 que flexibiliza al imponer la asistencia médica de urgencia  por un mal parto que pudiera llevar a la muerte a la parturienta.

En este plano, obviamente que tenemos que apoyar los preceptos constitucionales y por nada del mundo hacer caso a una posición católica radical que recuerda el tribunal de la inquisición, en el que la orden de los dominicos ocasionó con su aplicación, cerca de 500 mil asesinatos y torturas incalificables a igual cantidad de individuos victimas del terror teocrático católico.

Entonces, al notar las posiciones ultras de ciertos voceros católicos que niegan la realidad que se vive y como las recientes, del cura que arremetió contra un economista y escritor, por el “delito” de este plantear, “que de 200 países que hay en el mundo, solo 17, entre ellos, República Dominicana, prohíben el aborto, sin importar la causa del embarazo” o los otros puntos de vistas, de dos monseñores, quienes en resumen, señalan que “reflexionar y vivir el misterio pascual debe ser centro de la Semana Santa”.

Obligan, a que necesariamente los ciudadanos no nos quedemos callados y nos demos cuenta, de que en materia de aborto terapéutico, es la madre, la única que tiene el poder de decisión y no ningún sacerdote católico, episcopal o luterano y tampoco ningún pastor evangélico y que también nos obliga a plantear, que la presión de la curia católica es un chantaje brutal, propio de la desaparecida inquisición y el que no se debe consentir y menos en un Estado no clerical. (DAG)