Presionados por las circunstancias, los que tienen dinero y les sobra, se aprestan a darle apoyo a la medida gubernamental de buscar adelantos de pagos de impuestos. No hay iliquidez insostenible, pero tampoco se está en crisis sistémica como tal

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En los últimos diez años, las finanzas nacionales no habían experimentado el grave colapso cuasi financiero de no disponer de recursos suficientes para cumplir con los compromisos económicos y financieros y lo que se muestra con la reducción de ingresos gubernamentales, parálisis de la locomotora económica, desempleo masivo y quiebra generalizada de negocios y actividades económicas.

La situación tan irregular ha hecho saltar las alarmas y desde el gobierno anterior se empezaron a dar muestras de inquietud, que se incrementaban, en la medida que la oposición política las magnificaba y al punto, de que semejantes críticas y la mayoría desbordadas, generaron dentro de la población y los agentes económicos, una crispación general, que en tiempos de elecciones fácilmente podía dar al traste con el gobierno y lo que ocurrió, o generar una crisis mayor para un gobierno nuevo que requiere y para madurar, tiempos los más calmos posibles y sin agitación extrema.

Ahora y entrando en razón, la mayoría de los sectores nacionales que se le habían ido al cuello al pasado gobierno y el que ya venía con una imagen creciente deteriorada por la insolencia, prepotencia y comportamiento arrogante de sus miembros y también de su partido, caen en cuenta, que el grave problema de iliquidez no era porque el gobierno de Medina Sánchez fuera el culpable, sino porque los dominicanos en sentido general, no supimos manejarnos y torpemente nos pusimos a estar haciendo generalizaciones desafortunadas, por las que paradójicamente, ahora al nuevo gobierno también estas le caen en su haber.

Al darse está realidad, el nuevo gobierno del presidente Luis Abinader y los miembros del gabinete presidencial, ha terminado por caer en cuenta, de que en cierto modo, también a  sus miembros les cabe responsabilidad por los excesos de demagogia política en que incurrieron en la pasada campaña electoral y de ahí a comprender que cuando las cosas o el escenario no les salían como lo habían supuesto, decidieron y rápido, como frenar en seco la debacle económica y financiera que a la República se le venía encima.

Es por ello por lo que debieron frenar tácticamente el discurso virulento anti-PLD y cambiarlo por otro, mediante el cual, el presidente Abinader tirara el ultimo cartucho tratando de hacer creer que el gran culpable lo era el expresidente Danilo Medina Sánchez y su gabinete económico.

En consecuencia y creyendo que esa sería lo mas parecido a su propia medida de salvación, Abinader la emprendió groseramente contra Medina Sánchez e imputándole las responsabilidades mayores sobre un vacío económico, que si lo analizamos en frío, viene siendo el resultado extremo de quien no tenía realmente ningún tipo de programa de gobierno y lo que le ha obligado a improvisar, resbalar sobre mojado y hasta terminar rindiéndose, de que en verdad y por la incompetencia e incapacidad exhibidas, han sido Abinader por un lado y el PRM por el otro, los causantes del agravamiento de la delicada situación económica que se está viviendo.

Lamentablemente, el presidente volvió a errar el tiro cuando el pasado jueves 8 la emprendió contra Medina Sánchez y su gobierno y queriendo que la población entendiera lo que no es, en cuanto a que el único culpable de la situación era el anterior presidente. Pero en su pasión por denostar y zaherir, Abinader no tomó en cuenta o no recordó, que palabras traen respuestas y las que vinieron el pasado martes, en rueda de prensa ofrecida por el equipo económico del gobierno anterior.

De pronto, la situación se puso color de hormiga para las nuevas autoridades y simplemente, porque el rosario de datos y catarata de números que fueron expuestos, desnudaban a cuerpo entero que Abinader y sus ministros fueron manirrotos con los recursos especializados para que comenzaran bien su gobierno y por sus novatadas, estuvieron al tris de que la situación económica y financiera se les colapsara.

A estas alturas ya era imposible negar los hechos y sí el buscar soluciones alternas que pudieran reencauzar el ambiente económico. Lamentablemente y como novatos del poder, el equipo a cargo de la confección del nuevo proyecto de presupuesto y ley nacional de gastos públicos, sus miembros cayeron en la barbaridad de hacer una proyección fundamentada en nuevos impuestos al consumo con lo que se perjudicaba duramente la clase media, emprendedores y negocios de único dueño y en cuanto a los pobres, la plutocracia en el poder pretendía imponerle a la población, nada menos que un impuesto al salario 13, con lo que la población explotó a niveles tan crispantes, que el criterio de quienes se enojaron y pedían la cabeza del gobierno en pleno, no se hizo esperar.

En este análisis político-económico-social no partidarista, no vamos a entrar en lo evidente, de hacer entender políticamente, que el gobierno prácticamente dilapidó los dineros en caja y los ingresos por impuestos ya crecientes de la última quincena de Agosto y todo el mes de septiembre y porque no es nuestro papel y al no ser agente político de intereses oscuros, pero sí debemos decir, que de pronto, Abinader y su equipo, sí que se encontraron entre la espada y la pared y lo que para un gobierno nuevo tenía ribetes apocalípticos.

¿Qué hacer?, lo lógico hubiese sido, buscar en países y economías amigas no tradicionales los poyos económicos y de financiamientos de lugar y dentro de un marco de generosidad institucional entre naciones que se necesitan las unas y las otras.

En este campo, la opción China Popular estaba presente y mucho más, cuando esa super potencia asiática, 30 días antes de Medina Sánchez entregar el poder. Su simpático como duro embajador, recordó que estaban pendientes de ser aprobados toda una serie de proyectos llave en mano y financiamientos manejables de miles de millones de dólares y a un interés también manejable para las partes.

Pero para el nuevo gobernante, la alternativa era impensable geopolíticamente hablando y por la simple razón, de que el mismo Abinader y a un día de llegar al poder, dejó claro que el sería un presidente pro estadounidense y para no decir pro-Trump y olvidando, que primero debía y tenía que ser un presidente que velara y aumentara los intereses permanentes de los dominicanos. Y es que, en ese punto, al ser Abinader y todo su gabinete un gobierno de multimillonarios cuyos dineros en el exterior estaban bajo el manto de la esfera financiera de los bancos y los paraísos fiscales estadounidenses, no se podían darse el lujo de irse en contra o afectar sus propios intereses.

De ahí que y como medida desesperada, se optó por la formula Balaguer de exigirle a las grandes empresas y negocios y cotizantes al fisco, que adelantaran determinadas cantidades de dinero a cuenta de los miles de millones de pesos a pagar por impuestos sobre sus ganancias y ahí la presencia del Banco Central en la persona de su eterno gobernador y los miembros de la Junta Monetaria, trabajando al unísono una reingeniería financiera y de la que ahora se anuncia que los bancos adelantarán impuestos por mas de 20 mil millones de pesos. Antes, la minera Barry Gold se inclinaba por adelantar una cantidad similar y por el mismo camino estarían dispuestos a recorrerlo otras empresas y negocios de los demás sectores productivos.

Pero faltaba el golpe maestro para que el gobierno recuperara liquidez y acentuara su propia dependencia. EE. UU. ofrecía la firma de un acuerdo de esos “de cooperación” por un monto de 2 mil millones de dólares “para energía y turismo con el objetivo de crear puestos de trabajo y reforzar la economía local”. Y dicho y hecho, en menos de dos días emisarios estadounidenses y de manos de su embajadora, se presentaron en el territorio nacional y esta mañana se firmó el nuevo acuerdo entre el presidente Abinader y Adam Boehler, director ejecutivo de la Corporación Financiera de Estados Unidos y la embajadora Robin S. Bernstein.

En teoría habrá dinero por pipá, es decir, mas que suficiente para capear el temporal de iliquidez casi absoluta en el que las novatadas del nuevo gobierno habían metido a la economía y por lo menos hasta todo el año 2021 y posiblemente hasta 2022 si tomamos en cuenta que los ingresos del fisco se encuentran en franca recuperación. Ahora todo dependerá de Abinader y su equipo económico y responsabilidad suya es y la que si mete la pata no podrá cargar a ningún otro sector político.

Mientras tanto, es auspicioso entender que, presionados por las circunstancias, los que tienen dinero y les sobra, se aprestan a darle apoyo a la medida gubernamental de buscar adelantos de pagos de impuestos. No hay iliquidez insostenible, pero tampoco se está en crisis sistémica como tal. Pero ¿y si EE. UU. decide que esos dineros a prestar, primero hay que pagarles a los bancos estadounidenses a los que el Estado Dominicano les debe directamente o como garante de préstamos de nuestros grupos económicos y financieros? Con Dios. (DAG)