¿Puede el Perú, resurgir en esta etapa tan delicada de su vida política e institucional y con un probable gobierno popular e izquierdista de absoluto desapego con la alta burguesía?

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La pregunta no es poca y sí determinante, viendo que la burguesía apoyó sin reservas a la ex primera dama Keiko Fujimori, cabeza de la dinastía Fujimori y la que hasta hace poco no tenía relaciones aceptables con los ricos del país, en tanto ahora, en el horizonte inmediato, parecería que un profesor de escuela primaria y de lo más profundo del país, Pedro Castillo, contra todo pronóstico, parecería que ganaría la presidencia de la Republica y en base al genuino apoyo popular más significativo y con menos de 71 mil votos de ventaja.

De darse esta situación, lo que surge y conociendo la historia política peruana, es un gobierno, no popular y sí enormemente populista e inquietantemente totalitario, que podría colocar al país sudaca en una situación de cambios tan extraordinarios como radicales, que si ambos candidatos no logran un pacto político trascendente para una probable unidad nacional, seguro que antes de un año, Perú podría radicalizarse y provocar que el dormido factor militar, también pudiera resurgir como equilibrio determinante entre ambas fuerzas políticas, las únicas que dominan la vida política peruana.

Castillo y sin duda alguna, es lo más parecido a un enigma dentro de un acertijo, condición que le hace candidato para convertirse en un radical sin control emocional alguno, mientras sus seguidores, creyendo que se vuelve a los tiempos de la pasada Guerra Fría, se aprestan -declaraciones ha habido en este sentido -parecería que aprovecharían su eventual triunfo y para imponer un gobierno faccioso, radical y terrorista como el que incitaba el presidente del Partido Comunista del Perú-Sendero Luminoso, el camarada Gonzalo, en cárcel desde el 13 de octubre de 2006 y desde entonces condenado a cadena perpetua por terrorista que patrocinó las muertes violentas de no menos 48 mil peruanos.

Ahora y siendo Castillo un político más cercano a lo que pudiera ser un resurgimiento de Sendero Luminoso con un Manuel Rubén Abimael Guzmán Reinoso, que nunca pidió perdón a sus victimas y cuyas ideas están vivas entre tantos peruanos del interior y no menos determinados grupos intelectuales de las ciudades, nada evitaría que Castillo tratara de mantenerse en el poder con una alianza tacita con Guzmán y que de suceder, haría, que tanto los militares como la burguesía se decidieran por irse a las armas, situación de la que no podría asumirse que en semejante escenario el fujimorismo también no diera un paso adelante en igual sentido.

Naturalmente, el gran cambio que hay entre los años 1979-1992 es que las nuevas generaciones de juventudes peruanas están más inclinadas por lo que llaman “la contrarrevolución” y en ese aspecto, un eventual triunfo de Castillo y con todo que no sería absoluto, si facilitara las cosas para que el sector más extremista de las juventudes peruanas se radicalizase a niveles extremadamente preocupantes.

Por lo pronto, factores de poder externo como EEUU y cuyas fuerzas especiales, en sus métodos, son tanto o mas radicales que sus adversarios comunistas, no podría desestimarse que no llegaran a actuar radicalmente, teniendo Washington la paranoia persecutora con China Popular y Rusia y lo que hace presagiar, que para el resto de los países sudamericanos y  por el triunfo de Castillo, habría un nuevo tipo de militarismo político y tanto, que habría que  sugerir a esos países y en particular a los caribeños, que tomen nota de quienes de sus militares en activo han estudiado en academias militares peruanas.

Cómo también lo otro y en el caso de que Castillo se le impusiera Fujimori, que esos gobiernos y en particular el dominicano, que tiene una pugna secreta con el sector militar por el asunto de la corrupción castrense y en particular por lo del caso CORAL y que si no se llega a un entendimiento pragmático podría ser utilizado como herramienta de desestabilización institucional y que para un gobierno nuevo, no es tema que pudiera ser desestimado y en un país, donde la mayoría de los miembros de la administración de Abinader se dan ínfulas de izquierdistas, socialistas o abiertamente comunistas.

Al tiempo que y a diferencia con otros países, esos radicales disponen de toda una plataforma desestabilizadora mediática a la que no se le puede perder rastro.

Por supuesto, se podrá argumentar que nos excedemos en nuestro análisis político de Estado, pero y como tenemos la experiencia necesaria sobre lo que se vivió en Perú y tanto con los gobiernos militares y luego la lucha terrible contra Sendero Luminoso y ni hablar con el fujimorismo, así como también con la entrada de Pinochet en Chile, que consideremos prudente ofrecer estas variables de análisis político y para que luego los agentes del PRD dentro del PRM no se vayan a creer que está solos y que podrían comer con su dama.

Mientras tanto, la hija de Alberto Fujimori y con el 98,3% de mesas de sufragio escrutadas, dándole 49,7% de votos, versus 50,2% de Castillo y para una diferencia a favor de Castillo de 71 mil votos, si al final Keiko terminara por perder, seguro que le quedaría el ominoso escenario de un juicio por corrupción originado en el Odebrechtgate, por presunto lavado de activos en sus campañas de los años 2011 y 2016 y habiendo recibido un millón de dólares que hasta ahora ella niega.

Al caer la tarde, el virtual candidato izquierdista de Perú Libre, Pedro Castillo, declaró que "seremos un gobierno respetuoso de la democracia, de la Constitución actual y haremos un gobierno con estabilidad financiera y económica". A razonamiento a contrario, Obsérvese, que puntualizó que será respetuoso “de la Constitución actual” y lo que obliga a pensar, si desde ahora está insinuando una reforma de esta, mientras, les advirtió a las autoridades electorales "no mancillar la voluntad del pueblo". Sin duda, que Perú todavía dará nuevas sorpresas. (DAG)