Que en lo relativo a los acontecimientos de 1937, algunos sectarios provenientes de la mentirosa y falsa intelectualidad criolla, no les importe difamar el buen nombre de esta nación, a propósito de manipular y mentir sobre aquellos acontecimientos, no es asunto que extrañe y menos, cuando este país tiene la mala suerte de que parte de su gente siempre conspira en su contra

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Solo hay que recordar, que, para los años iniciales de la década de los años sesenta del pasado siglo, en EEUU y en el área de Migración, sus inspectores no tenían que ir detrás de dominicanos indocumentados y por la patética razón, de que los mismos dominicanos y en mayoría, se denunciaban y para recibir a cambio, los cincuenta dólares que se otorgaban en compensación. En ese sentido, los agentes migratorios, siempre señalaban, que los dominicanos eran la única nacionalidad que se denunciaba a sí misma.

            Si al mismo tiempo, se recuerda, que basta conocer el comportamiento vil de la mayoría de los burócratas criollos, quienes en gran mayoría y tan pronto un empleado nuevo  llega a la institución o empresa en las que sirven y más por envidia y resentimiento que por otra actitud, son los primeros que se encargan de ver como lo hacen fracasar y siempre con el perverso interés de querer darle el puesto a alguien allegado, se entiende, que no puede haber sorpresa alguna en la actitud asumida ayer por determinados grupos de intelectuales y activistas, quienes en vez de tratar de hablar objetivamente, han preferido denigrar a la misma República y a propósito de los trágicos y fuertes acontecimientos acaecidos el dos de octubre de 1937 y por 36 horas.

            Sucintamente, ¿qué ocurrió? Que las fuerzas vivas de aquella época y en un país de menos dos millones de habitantes, se alarmaron extremadamente, al ver y comprobar, que más de 25 mil haitianos indocumentados copaban las actividades normales en los pueblos fronterizos y en la ciudad de Santiago y le plantearon al gobernante de entonces, el dictador Rafael Leónidas Trujillo Molina, la necesidad de tomar una acción drástica y para impedir que la ola de indocumentados pudiera llegar a todo el territorio nacional.

            Sobre este particular, las pasiones se exaltaron y mucho más, al conocerse, que el gobierno haitiano de Estenio Vincent, favorecía esa inmigración furtiva y desordenada y frente a la cual, el gobierno dominicano decidió atender la petición ciudadana y encarar el problema, que, y como era de suponer, para muchos dominicanos de entonces, era grave y preocupante.

            En honor a la verdad, las autoridades nacionales hicieron cuanto era posible en materia diplomática y de buena vecindad para corregir la situación, pero el empecinamiento haitiano por tratar de desconocer las leyes migratorias dominicanas, terminó por exacerbar los ánimos y cuando menos se vino a ver, sucedió lo previsible: Que un amplio grupo de representativos de las provincias fronterizas y encabezadas por la feminista, Isabel Mayer, aprovecharan la presencia de Trujillo en las cercanías de Dajabón y presentándole la situación en términos de todo o nada y ante lo cual, el dictador se decidió por dar la orden de desalojo del territorio nacional de todo haitiano indocumentado.

            Ese proceso, realmente inquietante por lo que subyacía de racismo y de anti haitismo por parte de los emisarios que se acercaron a Trujillo, generó las muertes violentas de no menos de cinco mil haitianos indocumentados y la huida a trote de otros miles más y en huida desesperada hacia el territorio del país transfronterizo y el que fue magnificado por el propio Trujillo, cuando en una rueda de prensa en la capital nacional, periodistas estadounidenses le inquirieron “por las muertes violentas de cinco mil haitianos” y el dictador, entendiendo que semejante cifra no estaba a la altura de su recia formación militar, ripostó diciendo y airado, “cinco mil no, 35 mil, sí señor” y a partir de esas palabras, entonces la oposición anti trujillista en el exilio, la hizo suya y la pregonó como el número a reproducir y lo que aun continua hasta nuestros días.

            En realidad, si bien es cierto que esas muertes oscilan entre tres y cinco mil y de acuerdo a los datos más fidedignos y que pueden ser obtenidos o confirmados con los informes de diplomáticos de servicio en este país y enviados a sus cancillerías y lo que ahora y que es el caso estadounidense, pueden ser obtenidos como documentos desclasificados.

             También ocurrió, que cientos de familias dominicanas y a espaldas del régimen, se dieron a la bienhechora actitud de esconder y proteger a miles de ciudadanos haitianos y a los que, por el orden de los 15 mil, lograron repatriar clandestinamente  y de lo que nunca se habla, como tampoco, del hecho cierto, de que si la matanza hubiese sido de la dimensión tan escandalosa que todavía se atribuye, en todo el territorio nacional deberían de estar descubriéndose tumbas clandestinas y lo que nunca ha ocurrido y que es el mayor desmentido a los que especulan y repiten números de muertos que no se corresponden a la realidad.

           Precisamente, porque luego el gobierno de Vincent recibió confirmación estadounidense y francesa, de que los muertos “no llegaban a cinco mil”, fue que ese presidente haitiano aceptó la compensación en metálico que el gobierno dominicano ofreciera de medio millón de dólares estadounidenses y de los que buena cuenta dieron funcionarios haitianos cercanos a aquel mandatario, al tiempo de exigir que este país se desprendiera de 600 mil tareas y las cediera -lo que se hizo-a dominio de la República de Haití.

           Aun así y con Trujillo, muerto en mayo de 1961 y  por traidores que eran asimilados de agentes de la CIA estadounidense, todavía se continua repitiendo la falaz mentira, de toda “una masacre horrorosa” y la que nunca ocurrió en las dimensiones propagandísticas que determinados grupos de dominicanos, compuestos ahora por individuos que no habían nacido en el 1937, repiten continuamente y tal como si fuera un dogma de fe sabida y comprobada y lo más grave, sin importarles con ello afectar el buen nombre y prestigio de nuestra nación.

          La muestra de lo que decimos, se tiene, en el siguiente texto publicado ayer en el gratuito del grupo Corripio y en el que, sin respeto a la verdad histórica, se dice: “A propósito de que este mes de octubre se conmemoran 80 años de la Masacre de 1937, en la que, por órdenes del régimen corrupto y asesino del tirano Rafael Leónidas Trujillo, fueron asesinados miles de haitianos y de dominicanos, para lo cual fueron inventadas diferentes excusas y justificaciones, en nombre de “defender los intereses nacionales”, un conjunto de entidades académicas, culturales y sociales han unido esfuerzos para desarrollar un programa que permita un análisis sosegado, profundo, crítico y reflexivo”. Y quienes, llegando a un grado de extremismos propio de imbéciles, también dicen que “Esperamos hacer un aporte pedagógico, cultural e intelectual a que la sociedad dominicana, independiente y soberana, supere las taras de un pasado de crimen, odio, discriminación y abusos, y se reencuentre en una senda de libertad, derechos, respeto y dignidad humana”.

            En otras palabras, esos grupos de sectarios y haciendo causa con grupos intelectualoides haitianos profundamente anti dominicanos (pero no para dejar de consumir productos dominicanos o tener relaciones carnales con dominicanos de ambos sexos) pretenden, que los dominicanos que nacimos después de los hechos arriba descritos y sobre todo desde el 1939 a la fecha (estamos hablando de ochenta años) debamos sentirnos como si fuéramos culpables de hechos del pasado que ocurrieron cuando no se había nacido, cuando lo correcto debe ser, que recordando los hechos del 1937, los dominicanos debamos sentirnos orgullos del comportamiento civilizado de cientos de familias dominicanas, que salvaron a no menos de 15 mil indocumentados haitianos, a los que a su riesgo, ayudaron a salvar sus vidas sacándolos hacia su país y que es la gesta que debe conmemorarse y no tirarle basura al buen nombre de República Dominicana.

            Pero, busquemos entonces la propia defensa que el mismo Trujillo hiciera sobre aquella situación, cuando entre los años 1937 y 1939, en Santiago, el expresidente, generalísimo y dictador, Rafael Leónidas Trujillo Molina, expresó lo siguiente ante una delirante audiencia conformada por jóvenes como Euclides Gutierrez Félix, quienes ahora tienen no menos de 77 años. “Si mis manos se han manchado de sangre, ha sido para salvar de la haitianización del país a la generación de ustedes. Dentro de cincuenta años (1988) la ocupación pacifica del territorio nacional por parte de Haití, significará para ustedes, que los haitianos podrán elegir autoridades dominicanas, podrán poner y disponer, podrán mandar a Duarte y a los Trinitarios al zafacón de la historia y anular para siempre sus ideales y su abnegada lucha, los cuales, ideales y lucha, no tienen ningún sentido para los haitianos. Estancados en su error, los haitianos piensan que este lado les pertenece y como ven que somos gentes decentes y pacíficos, mansos vecinos que nunca en la historia les hemos invadido, creen que pueden venir aquí a hacer y a deshacer. Hasta hace poco andaban por ahí robando y matando reses a su antojo, como si fuesen animales silvestres y sin dueños o como si aquí no hubiera ley ni autoridad. Y ahora han aprendido que aquí hay LEY y hay AUTORIDAD. Jóvenes dominicanos: En esa gente no se puede confiar. Cuiden su país. Y con más ahínco, después de mi desaparición del escenario político nacional. Traten de preservar los programas de dominicanización fronteriza que yo he creado y ciertamente, extiéndale la mano al necesitado, concédanle incluso un rincón para vivir como ya hicimos al cederles Hincha, pero no dejen que les invadan sus casas ni sus haciendas ni su patria y mucho menos que se las arrebaten con argucias y con fuerza. Recuerden siempre las palabras sacrosantas de Juan Pablo Duarte: DIOS, PATRIA y LIBERTAD”.

            También habría que tener cuenta y para disponer de elementos de juicio que faciliten a los dominicanos de ahora entender la razón de aquella tragedia, la encontramos en el escritor, Ramón Marrero Aristy y quien como periodista en el 1937 fue un testigo de primera mano y puntualizaba: “La población fronteriza haitiana, desde tiempo inmemorial, vivió en acecho de las propiedades dominicanas, en activa campaña de merodeo, para cometer las mayores depredaciones. En octubre de 1937, la zona norte de la región fronteriza fue sacudida por los violentos sucesos ocurridos entre agricultores y ganaderos dominicanos de Dajabón, Restauración y otros lugares, y verdaderas bandas de merodeadores, que noche por noche se dedicaban al robo de ganado y otras fechorías”.

            Tratando de presentar pues, los argumentos de cada parte, no solo le salimos al frente a las mentiras y soflamas que pretenden hacer creer como verdad, los activistas de las entidades: Flacso, Clacso, Fundación Juan Bosch, Intec, Instituto de Historia de la UASD, Instituto Filosófico Bonó, Médicos Del Mundo, Obmica, Ciudad Alternativa, Escuela Multitemática, Reconoci.Do, Teatro Guloya y Makandal, sino que llenos de gran autoridad moral y como dominicanos nacidos luego de aquellos acontecimientos y quienes nos sentimos orgullos de ser dominicanos, recalcamos, que  en lo relativo a los acontecimientos de 1937, que algunos sectarios provenientes de la mentirosa y falsa intelectualidad criolla e incluyendo medios de comunicación e información de masas y periodistas, no les importe difamar el buen nombre de esta nación, a propósito de manipular y mentir sobre aquellos acontecimientos, no es asunto que extrañe y menos, cuando este país tiene la mala suerte de que parte de su gente siempre conspira en su contra.

            Finalmente y gracias al presidente Danilo Medina Sánchez, y ya EMPEZANDO a RESOLVERSE la delicada situación de la regularización del extranjero indocumentado o ilegal en el territorio nacional y cumpliéndose así con el Tratado de Modus Operandi suscrito por este país y Haití en 1939, por el cual se resolvió el contencioso creado a raíz de los acontecimientos del 1937 mediante una paga de dinero en efectivo por medio millón de dólares estadounidenses de entonces y la entrega de 600  mil tareas en la parte occidental de nuestro territorio y lo que se concretó (plan de regularización 2015) con la entrega por parte de nuestras autoridades del documento que cada extranjero registrado tendrá para terminar de regularizar su estatuto migratorio en dos años a partir de la fecha de entrega, es hora de enfocarnos en la otra situación que se deriva de ese tratado: Los dominicanos de origen haitiano.

            PARA ello, solo vamos a recordar cinco fechas puntuales: 1920: Primer censo nacional de población y familia que arrojó la existencia de 27 mil haitianos con residencia regular en territorio dominicano. 1939 Tratado de Modus Operandi para procurar la regularización total del problema migratorio del lado dominicano y de entrega de sus documentos de identidad a los haitianos de parte haitiana. 1952: El acuerdo binacional sobre la contratación en Haití y de entrada en República Dominicana de jornaleros temporeros para trabajar en la agricultura y la industria dominicanas. 1963: Reforma constitucional que propició la reforma hecha por el presidente Juan Bosch a la Ley 6125 del 7 de diciembre de 1962, mediante la Ley No. 17 del 27 de abril de 1963, que estatuyó, que a partir de esa ley todos los extranjeros con más  de sesenta días en el territorio nacional había que expedirles sus documentos como extranjeros con residencia legal y lo que a su vez significa, que desde abril de 1963 y hasta enero de 2010 con la reforma constitucional de Leonel Fernández, son 47 años en los que legal y legítimamente no existían extranjeros, ilegales, indocumentados o transeúntes en el territorio nacional y lo más importante, que no obstante que quienes derrocaron a Bosch, restablecieron el estatuto anterior de trabajador haitiano esclavo y “transeúnte”, los haitianos que se acogieron a esa Ley 17, tienen derechos adquiridos que no pueden ser desconocidos absolutamente y 1966: Acuerdo binacional de contratación de braceros y renovable por cinco años entre los presidentes Duvalier y Balaguer.

            CUANDO se conoce este cronológico, automáticamente se debe entender, que existen dominicanos de origen haitiano y sus descendientes, que por ningún concepto podrían ser tratados como extranjeros indocumentados e ilegales. Los inmigrantes haitianos registrados del 1920. Los que entraron legalmente con contratos de trabajo en 1952. Los beneficiados por la reforma constitucional de 1963 y los favorecidos en 1966 con contratos de trabajo para trabajar en los centros de caña de azúcar dominicanos, básicamente en CEA, CAEI y CENTRAL ROMANA. LAS autoridades deben hilar fino en este aspecto y sacar de sus registros de “ilegales” a los dominicanos de origen haitiano productos de padre o madre haitiano con nacional dominicano, favorecidos por las cuatro fechas mencionadas y otorgarles definitivamente sus documentos como nacionales dominicanos. No hacerlo, implicaría, que solo por humanidad, medio mundo le caería encima al Gobierno y a la República. Con Dios. [DAG. Jueves, 28 de septiembre de 2017. Año XV. Número 6,040]