REALMENTE

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REALMENTE, ¿cuál ha sido el verdadero legado de los acontecimientos bélicos de abril de 1965?, que un grupete de dominicanos del lumpen proletario y la baja burguesía y en base a inescrupulosidades de todo tipo y crímenes incluso y muchos, de guardias y policías. Escalaron los primeros pasos de ascenso social, logrando al final pingues beneficios económicos y cierto posicionamiento político que tuvo varias escalas: Los que se unieron a Balaguer en el 1966 y medraron a su sombra hasta el 1978. Después los otros dizques “revolucionarios” que entraron al Palacio Nacional con el PRD y todos disfrazados con trajes y chalecos y al final, la cuadrilla de su segunda generación que siguió en el 1986 hasta que les tocó la lotería con la traición perpetrada por Balaguer al regalarle el poder al PLD en el 1996. A partir de ahí, todo ese lumpen y baja burguesía pasó de un solo golpe a clase media baja y cuando el régimen peledeísta cesó en el 2000 quedaron económicamente bien plantados y tanto, que algunos reciclaron como la generalidad de los periodistas y directores de medios y productores de radio y televisión con el nuevo gobierno del PRD y otros, siguieron dentro del PLD y preparándose para el gran salto a burgués pleno y millonario desde el 2004 en delante de nuevo, con el PLD.

Lo hicieron tam bien, que en septiembre de 2012 el nuevo régimen de origen peledeísta encontró bien escondidos dos déficits fiscales de más de 600 mil millones de pesos. Uno del gobierno de Leonel Fernández y el que cubría también todas las deudas en dólares y euros de los delincuenciales grupos económicos y financieros y lo que ahora paga el contribuyente, en tanto el PLD ha llegado al pináculo: Convertido en una poderosa corporación económica y política que rivaliza con las fortunas tradicionales. Este y no otro, ha sido el gran legado de los acontecimientos de abril de 1965, más el colateral de todos aquellos jóvenes “izquierdistas y antiyanquistas” que por consejos de Balaguer se le dieron visas estadounidenses y allá se hicieron ricos, estafando y vendiendo drogas. Ese es el legado. No hay otro. Fuera del inconcluso de los cientos de jóvenes soñadores de los barrios capitaleños, que solo con el pecho, piedras en mano y coraje cívico enfrentaron a los soldados yanquis y les provocaron cerca de quinientas bajas. Desde luego, para los farsantes que han suplantado en las crónicas periodísticas a los jóvenes héroes, los malos somos los que no hicimos como ellos y solo hemos vivido de nuestro propio esfuerzo e intelecto y de paso, creen que insultan diciéndonos despectivamente: ¡Derechistas! Pero, ¿se ha visto el Diablo?

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