¿Redescubriendo la República en materia de sexo y poder o tomándola de pretexto para delinquir?

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El problema dominicano es básicamente el de una realidad congénita propia de ciudadanos que hace tiempo actúan como súbditos y debido a lo cual y en la mayoría de los casos no se tienen gobiernos sino grupos de poder factico dispuestos a todo con tal de hacer de loa República una especie de protectorado hijo de los manejos turbios de sus mismos habitantes.

En este sentido nada es lo que parece y todo el tiempo se vive de simulación en simulación y por eso los gobiernos no son tales sino mascaras personalizadas de gobernantes inescrupulosos, viles y canallas y quienes cínicamente y en base a una propaganda común ultrajante, disponen de los dominicanos cual si estos solo fueran mecanismos de corruptores plenos a los que solo se les ha enseñado que no entiendan como malo o ilícito cuanta sinvergüencería se instaures desde el poder e incluyendo la más infame comercialización política y solo en base de aprovechar y mal suponer el manejo perverso de las bajas pasiones sexuales para procurar la sumisión absoluta y el vasallaje mas infame.

En este plano, los políticos en líneas generales y en base a sus espalderos dizque moralistas desde la perversa prensa mercancía dentro de los medios tradicionales, lo único que saben hacer es ponerle precio a quienes estén dispuestos a participar en el abusivo mercado de “derecho de cama” que el liderato político general y sin exclusiones de ninguna especie alienta y práctica.

Y es en base a semejante desajuste moral que abarca inclusive a la mayoría de los lideres religiosos cristianos, la República y moralmente, ha sido convertida en una especie de abstracción simuladora que fomenta el relajamiento de las costumbres y al grado, de que el mecanismo  mas infame de sexo y poder ha sido puesto en práctica en los últimos 54 años (Abinader y Raquel Peña apenas nacían) y tomando de base o plataforma de proyección, el sexo en su expresión mas alocada de degradación física y moral de cuanto pequeño burgués depravado y el que asume, que el sexo ha sido hecho para definir a las personas entre las que están dispuestas a todo y las otras -una minoría moral-que constantemente se subleva contra lo incorrecto.

Se habla de “combatir el aborto”, pero en un país donde el 60 % de los hogares tienen una que otra muestra aleve de familias desgarradas o devastadas por ese genocidio masivo y consentido en silencio. Se pretende ser moralista, pero para ocultar la parte mala y perversa del alma nacional. Se critica el enriquecimiento ilícito, pero siempre y cuando no se descubran las pérfidas maniobras del lumpen pequeño burgués siempre dispuesto a envilecerse y con tal de ganar apoyos en las diversas cofradías de poder y desde todo el espectro político, social, religioso y económico.

Solo hay que ver en el estercolero que amoralmente se convirtió el PLD y cuanto de lo mismo podría ocurrir dentro del PRM y como muestras patéticas de un PRSC y PRD maestros en el arte de delinquir y prostituirse en el poder y ni hablemos de la llamada “izquierda radical” de cuando la guerra fría y es, que parecería, que ante la impunidad reinante desde el 1996, no exista político alguno del que moralmente se pueda confiar.

 Ahora, lo probable es, que quien dona a un candidato o partido, al final lo que procura es comprar un puesto en la administración pública y desatar las inmoralidades más inverosímiles y audaces en materia de prostitución desde el poder, donde meretrices de cuello blanco hacen de ciertos despachos el más ignominioso tráfico de influencias sexuales y tanto, como si fuera una lotería en la que los altos salarios se imponen en base a los servicios amatorios que se ofrecen. Unos haciéndose pasar como gente honesta y padres de familias serios, al tiempo que sus debilidades de sexo son tapadas con funcionarios alcahuetes y esto, tanto en el mundo privado como en el público.

A todo esto, una situación nueva, con el ramal de pequeña burguesía mediática sirviendo de parapeto para que sus jefes logren los favores sexuales de sus subalternos de ambos sexos, mientras en público, aquellos se dan golpes de pecho y arrodillados y clamando a Dios, mientras para sí, solo están pensando en la hembra o el macho disolutos que se les brinda a placer, al tiempo que periodistas y comunicadores de ahora, son nada menos que agentes de tráfico sexual,  vía sus programas de radio y televisión y en internet, sencillamente increíbles y casi indetectables.

Y ahora en una personificación mas sofisticada de aquel accionar tan vulgar de los años 70 del siglo pasado, cuando un sargento militar destacado en Palacio, andaba de despacho en despacho y con una libreta de fotografías masculinas pornográficas ofreciendo sus servicios de alcahuete al mejor postor y como lo otro, tan infame como lo anterior, de militares de puesto nocturno en el Altar de la Patria vendiendo puntos de contacto para el desahogo de clientes y prostitutos sexuales a pulgadas de las tumbas veneradas y que motivara que el presidente de la República de la época se estremeciera y al comprobar que la denuncia que recibió fuera comprobada a plenitud y castigada sumariamente.

Lo grave y tomando siempre de muestra amoral al mismo Palacio Nacional, es que nuevos licenciosos de uniforme y depravados civiles disfrazados de políticos, camarógrafos o reporteros o empleados públicos siguen actuando impunemente en este sugerente y clandestino mercado sexual tan insospechado muchos y por el que unos pocos dañan la conducta moral de una mayoría decente.

¿Hay que decir que se está redescubriendo la República en materia de sexo y poder o tomándola de pretexto para delinquir? Bueno y por lo que a nosotros respecta, lo que vemos, es que ahora tales practicas son mucho peores que en el pasado y que las inconductas proliferan desde las fuentes de poder, públicas y privadas, civiles o castrenses.

Ayer concluíamos diciendo, que si se quería reordenar moral y cívicamente a la nación, era menester un cambio radical de conducta dentro de la clase gobernante y los estamentos de control de la partidocracia y por lo que entendemos, que si el principal inquilino del poder da una muestra fehaciente de probidad, decencia, honradez y control moral, nada impediría que la moral social pudiera evolucionar y mejorar. En este sentido, muchos entienden que el Poder Ejecutivo de ahora va en ese camino, pero ¿hasta dónde se puede decir lo mismo de los altos cargos del resto del gabinete presidencial y los jefes de los organismos descentralizados?

Desde luego, la política no es para santos ni cosa parecida, pero si se lograra con el apoyo de todos, un mínimo de reordenamiento moral, seguro que la nación podría dejar atrás las maculas del pasado y las nuevas generaciones podrían emprender un camino y ruta que les garantice un mejor futuro y sin dejar de ser humanos y tener sus propias apetencias oníricas y de sexo. Orden y civilidad, decencia y respeto así mismos y hacia los demás. Son los parámetros por emprender y tendremos nación. (DAG).