Reino Unido busca dejar atrás una etapa de gran turbulencia política

0
42

Desde que decidió abandonar la UE hace un año, Reino Unido vive instalado en un clima político de excepcionalidad. El tiempo dirá si las elecciones de este jueves, las terceras a nivel nacional en dos años, logran enderezar el barco o lo siguen empujando a la deriva. La crisis de liderazgo en los partidos, el desafío del independentismo escocés, la incógnita de Irlanda del Norte, la seguridad nacional amenazada por el terrorismo y, encima de todo ello, el Brexit. Esos son algunos de los asuntos que llenarán la agenda del Gobierno que salga del Parlamento elegido por los británicos.

El 8 de mayo de 2015, a las puertas del 10 de Downing Street, David Cameron comparecía ante el atril de las grandes ocasiones, arropado por una inesperada mayoría absoluta en las elecciones del día anterior, y confirmaba que el país celebraría un referéndum sobre la permanencia en la Unión Europea. El 24 de junio de 2016, un día después de perder dicho referéndum, Cameron abandonaba el mismo atril tarareando una cancioncilla tras anunciar su dimisión como primer ministro. Una derrota que las encuestas no habían logrado anticipar y que ha hecho más difícil constatar la fiabilidad de los sondeos previos.

Ese día de junio Reino Unido emprendía ese día un insólito camino de turbulencias políticas. El Gobierno que salga del Parlamento elegido el jueves tendrá una prioridad: tratar de normalizar el escenario político de un país, sacudido por el terrorismo, que se enfrenta al mayor reto de su historia reciente con su salida de la Unión Europea.

La dimisión de Cameron sumió al Partido Conservador en el caos. Se abría una batalla por la sucesión de la que iban descolgándose quienes habían abanderado el Brexit, mientras emergían las mentiras que sustentaron la campaña. Al final, tras la retirada de todos sus rivales, se impuso Theresa May. Una mujer avalada por seis años al frente del Home Office, que había apoyado la permanencia en la UE, tomaba las riendas del país sin haber defendido un proyecto propio para hacerlo. Reino Unido encaraba una etapa crucial en su historia con una líder no electa. Pero Theresa May insistía en que no adelantaría las elecciones.

Mientras tanto, el laborismo se hundía en la crisis. Segunda batalla por el liderazgo en dos años y segunda victoria de Jeremy Corbyn, un líder enfrentado a su propio grupo parlamentario. Pero su crisis palidecía en comparación con la del UKIP. El partido populista antieuropeo, que había marcado la agenda política en los últimos años, directamente implosionaba una vez conseguido su objetivo de sacar al país de la UE.

May, mientras tanto, prometía activar el artículo 50, que iniciaría el proceso del Brexit, antes del final de marzo. Y así lo hizo. Pero después de que la Justicia dictara una sentencia histórica contra el Gobierno, obligándolo a someter el inicio de las negociaciones a la aprobación del Parlamento.

El Gobierno activaba al final el artículo 50 el 29 de marzo. Apuró el plazo al límite porque las cosas se ponían feas en el frente del norte: el anuncio de otro referéndum de independencia en Escocia abría una crisis que aún hoy sigue sin cerrarse.

Activado el artículo 50, los primeros contactos con Bruselas resultaron, cuando menos, poco prometedores. El 26 de abril May invitaba a cenar en Downing Street a Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, y este salía con la conclusión de que la primera ministra “vive en otra galaxia”.

Llegaron las vacaciones de Pascua y, justo al volver, la primera ministra anunciaba el adelanto de elecciones que reiteradamente había descartado. El 3 de mayo se disolvía el Parlamento y empezaba la campaña. Esta no ha sido como había planeado May que, aunque favorita hasta el final, perdió apoyo en las encuestas según avanzaban las semanas.

Terrorismo en escena

De repente, el terrorismo islamista. Tres atentados en menos de tres meses. Uno en las puertas del Parlamento. Otro a la salida de un concierto lleno de adolescentes en Mánchester y, por último, otro más en un centro de ocio nocturno de la capital, al final de la campaña. 36 muertos que colocan la seguridad nacional en la primera página de la agenda del próximo Gobierno. Una página donde figuran también el Brexit, el desafío escocés, la incógnita norirlandesa, la gestión del liderazgo en el partido. Y, después de todo eso, el cumplimiento de las promesas del programa electoral.

Hoy buena parte de las miradas se volverán hacia la libra, como forma de medir cómo interpretan los inversores y los mercados los resultados electorales. (http://internacional.elpais.com)