Rosa Duarte en el Panteón

0
56

En una época en la que aún no se discutían los derechos de la mujer, ni la equidad de género, ni tam­poco existían grupos a favor del feminismo y la inclusión plena de la mujer en la So­ciedad, vivió una mujer de cualidades excepcionales que se unió a la gesta pa­triótica inspirada por su her­mano, el padre de la Patria, Juan Pablo Duarte, de quién elaboró el relato más com­pleto sobre su vida y trayec­toria política.

Sin el diario de Rosa Duarte, la historia del pró­cer se habría escrito con muchos asteriscos para in­dicar que los datos eran cuestionables, puesto que sus detractores promovie­ron una historia sesgada y motivada por la inquina, que buscaba hacer mella en la autoridad moral de Juan Pablo Duarte como Padre de la nación. Al conmemo­rarse el bicentenario del na­cimiento de Rosa Duarte, el presidente Luis Abinader ha hecho justicia al disponer la construcción de un cenota­fio a esta insigne luchadora independentista, en el mo­numento que hace honor a los luchadores por nuestra soberanía y libertad, el Pan­teón de la Patria.

Desterrada a Venezuela junto a su familia, le tocó sufrir junto a sus seres que­ridos bajo el látigo de la in­diferencia y la tortura de la destrucción física y moral.

Acompañó a su hermano a enfrentar la confrontación “entre la pureza de su doc­trina y la hosca realidad”, como ha dicho Emilio Ro­dríguez Demorizi.

Demostró muchas veces “el ardiente amor por el sue­lo donde nació, por cuya li­bertad derramó amargas lágrimas, sufrió persecucio­nes, perdió sus bienes, pa­deció destierro perpetuo en unión de su madre, de sus hermanos, hermanas y so­brinos y vio desvanecerse las ilusiones de su juventud al quedar sin novio, fusilado junto a las tapias del cemen­terio de El Seibo”, en la va­loración que hizo Vetilio Al­fau Durán.

El compromiso irrestricto con sus valores y principios condenó a la familia Duarte y Diez a la enfermedad, a la precariedad económica y al fusilamiento moral.

No fue hasta 1883, sien­do Ulises Heureaux Presi­dente y ya fallecido el Pa­tricio, que el Congreso Nacional mediante Decreto número 2153, comprendió su “deber de gratitud nacio­nal” y autorizó el traslado y retorno de los hermanos de Duarte al país y la asigna­ción de una pensión vitali­cia por cuenta del Estado dominicano.

¡Qué bueno que hemos comprendido que ese gesto no resultaba suficiente para honrar a quiénes dieron su vida, su salud y su posición económica para liberar a la Patria!

Exaltar a Rosa Duarte al Panteón de la Patria es par­te de nuestro compromiso con una guerrera que ejem­plifica el valor de la mujer dominicana; su compromi­so familiar es parte del alma misma de todas las que he­mos nacido abrigadas por la enseña tricolor, gracias a ella y a su familia.

La entrada de Rosa Duarte al Panteón es par­te del pago de la deuda que aún conservamos con ella y con su familia, con la hija ejemplar, la herma­na abnegada, con la mujer capaz de sacrificar su vida por los demás, con la mu­jer independentista. Es un símbolo para la lucha de las mujeres a favor de la equidad y un ejemplo que no perecerá nunca, para que muchas más se inspi­ren a luchar por sus dere­chos y sus creencias. Por:  Margarita Cedeño de Fernández [Listín Diario]