Sexo y poder

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La gran desgracia dominicana y de todo su liderato político, social y económico, no es el que debería de ser el paso natural de tender puentes y buscar puntos conciliatorios que hagan aceptable el día a día a de todos los sectores nacionales, al tiempo que el desenfreno sexual no continúe desde el poder, sino que, por lo contrario, parecería que se reedita una vuelta a las emociones y enconos encontrados y al grado, de que se piense, que pudiera darse la impresión de que no hay forma ni manera, de por lo menos  tratar de llegar a una paz social y laboral aceptables, en la que la convivencia y la mejor conducta moral pudieran ser las mejores de las políticas y en un país, en el que el desenfreno sexual se ha posicionado.

Por eso, en esta Republica se pelea hasta porque el vecino haya mejorado de nivel y calidad de vida y para no hablar de que cuando una facción social llega al poder, para nada se toma en cuenta, que el triunfo que le acompaña, no solo que es hijo de que ese grupo supo presentar y vender sus propuestas electorales y se ganó la confianza de las mayoría que fue a votar, sino que fundamentalmente y en su marcado primitivismo evolutivo tan atávico, en sentido general, todo triunfo electoral se convierte en una de antagonismos y ajuste de cuentas y de licencia amoral, que automáticamente prostituye la paz social.

Por ejemplo. Hasta ahora y desde el 1962, las disputas por la consecución del poder era un asunto entre grupos de clase media y de la pequeña burguesía y para colmos, divididos en aparcelamientos de aparente clase social de supuestos privilegiados del poder, quienes como tribus primitivas se han creído con el derecho divino de tomar el poder político y a sus instrumentos de mando, prostituirlos a un grado tan extremo, que se genera una paz social de resentidos de la peor especie.

De este modo, generaciones políticas y sociales vienen y van en el lapso de estos 58 años y ninguna y sus gobiernos menos, nunca han sabido imponer una paz social hija de la buena fe, el entendimiento mutuo, la decencia y defensa de las buenas costumbres  y el afán desarrollista común, al contrario, el odio más vergonzoso y como producto de una pequeña burguesía más que depredadora y afanosa por escalar socialmente, predomina y ahoga toda búsqueda de paz racional, decencia y civilidad bien entendidas.

He ahí lo ocurrido con los gobiernos del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) maravillosos en su demagogia complaciente y perversa y en aras de imponer una nueva clase social de clase media originada en el lumpen proletario más significativo. Entraron al poder de manos de su supuesto enemigo histórico el presidente Joaquín Balaguer (el mismo, un resentido social proveniente de la pequeña burguesía tabacalera e importadora del Cibao Central venida a menos cuando el crac económico del 1929) y a quien nunca la clase social de los dones pudo aceptar, hasta que a partir de su segunda o tercera presidencia se le entendió como uno de los suyos.

Al Balaguer establecerse en el ánimo popular y de todos, como el nuevo caudillo civil hijo del caudillaje militar de Trujillo y como intelectual de sobradas luces, se le suponía inmune al resentimiento y el desorden sexual, sin embargo no fue así, por su lecho pasaron voluntades y cuerpos y a semejanza del sistema amatorio perverso de Trujillo, pero con el detalle de la dualidad sexual y al grado, de que gobiernos subsiguientes copiaron de tal variable por la puerta de atrás, de la prostitución del poder y como no se había conocido.

Con el PLD, basta decir, que aquella variable de sexo y poder adquirió y desde el 2004 hasta agosto de 2020 cierta identidad peculiar que llegó incluso al aparejamiento de grandes fortunas tradicionales con la nueva clase política que se imponía en todos los estratos sociales y en base a esas experiencias amatorias donde no había distinciones de sexo y así en todo el resto de la vida de relación de los dominicanos.

Para el 2004 se hizo evidente que el nuevo poder no hacía distingos de nada y que las experiencias balaguerianas, adquirían ahora una nueva dimensión y al grado, de que se hizo política llegar o mantenerse en el poder sin importar que lecho había que utilizar. Y en la República, todo el mundo conocía de la práctica y todas las clases sociales callaban y hasta que sus miembros entendieron que era la mejor vía para pasar de pobre pequeño burgués a millonario en un santiamén y ya con dinero y sabiéndolo repartir, lograr mediáticamente el reconocimiento social.

Desde luego, dice el dicho, que cada uno con su cuerpo y de su uso y soberanía y si lo hace entre cuatro paredes, socialmente no hay nada que objetar y aun cuando se pasen ciertos límites.  Dentro del PLD y en términos generales, parecería que fue la conducta a seguir y a su favor hay que decir, que la deserción moral de algunos privilegiados del poder fue el motor que encarriló a la República a derroteros de crecimiento económico superiores a lo conocido con Balaguer.

Bien habría que hablar, de que en materia de sexo y poder y ya con la “experiencia” de la alta burguesía tradicional metida en la política electoral hasta la raíz del cabello, devino una nueva situación, que primero asombró a muchos y a los mentecatos y pusilánimes en particular, hasta que estos cedieron y accedieron y con certeza y convencimiento, de que, si se fuera un tanto inescrupuloso, hasta los muy ricos podrían llegar al poder.

Y en esa etapa estamos. ¿lo diferente? Que descendientes de Suleimán el Magnifico se estrenan como sorpresiva plutocracia y de la por lo que se ve, viene dispuesta a no dejarse sacar fácilmente del poder. ¿Sus jenízaros? La vieja camada de resentidos sociales del lumpen proletario del PRD que entre los años 1978-1986 tomaron por asalto el poder y en base a toda suerte de inconductas, crearon una nueva variable de clase media depredadora hija del inmigrante criollo asentado en Nueva York y cuyos parámetros eran el lavado de activos, el narcotráfico, el contrabando a gran escala y la inmoralidad absoluta como conducta de Estado.

Con tal herencia  se estrena el PRM y con él, ese periodismo complaciente y seudo izquierdista, depredador, inmoral y de farsantes de opinión, que por lo que se ve, viene dispuesto a tratar de condicionar, a una nación, que en su desesperanza, ha caído de rodillas ante una pandemia que nadie supuso, pero la que alienta a los más débiles de carácter, a aprovechar el poder que de golpe les llegó y por lo que se cree, para generar una nueva política en la que el sultanato y el harén, parecería que lo impregnarán todo. Ya hay muestras, algunas turbias y todavía no del todo desvergonzadas. Pero hay un aspecto positivo y esperanzador, de que el nuevo régimen lo encabeza un matrimonio presidencial, del que y hasta ahora, nadie pudiera decir que no son personas decentes de buen hogar y de gran moralidad.

Naturalmente, todavía es muy temprano para calificar y aunque ya aparece una que otra odalisca afortunada, de esas dé a millón por lecho, lo cierto es, que el nuevo régimen del presidente Luis Rodolfo Abinader Corona y con el apoyo moral de su esposa Raquel Arbaje, tiene todas las probabilidades, de que será diferente en orden moral y políticas humanas a desarrollar.

Y aunque las debilidades de los goces de la carne pudieran presentarse entre sus subalternos, no lo es menos, que puede decirse con firmeza, que, gracias al escudo familiar de sus tres hijas, este gobierno y el Poder Ejecutivo en particular, no tendrá los altibajos y perversidades de sus antecesores y que la relación de sexo y poder no llegará a los limites ultrajantes de algunos de aquellos. Al menos, muchos así esperamos, de lo contrario sería el destape, su desgracia y eventual caída. (DAG)