Solo si Dios no mete su mano entre Haití y República Dominicana, se podría evitar una guerra por el agua. En el 2013 lo advertimos y para el 2003 hicimos la primera advertencia. Y recordamos con reiteración la violación del tratado de 1929 sobre aguas limítrofes y que es el fundamento de lo que ya está sucediendo.

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Ahora que el gobierno del presidente Moise está en procura de generar un fuerte desencuentro entre los dos países limítrofes y ya al punto, cuando solo faltan 20 metros para que el canal de riego que está excavando para sacar aguas del limítrofe río Masacre sea terminado, recordamos cuando en el 2003 ofrecimos la primera alerta sobre la posibilidad de una eventual guerra por el agua y tomando en cuenta que el país transfronterizo, a ese momento tenía perdidos el 90 por ciento de sus aguas de superficie, al tiempo que observábamos, que en nuestra nación, no solo no se había preparado un plan de emergencia, sino peor, que nadie pensaba en la posibilidad.

En este sentido y con una irresponsabilidad terriblemente inquietante, el gobierno dominicano de aquel entonces, el del PRD presidido por Hipólito Mejía, prácticamente tomó a juego la probabilidad de un contencioso o diferendo armado sobre las aguas limítrofes y el gran potencial de aguas de superficie que nuestra República tenía y ahora en 2021 en una proporción menor de un 50 %.

O sea, y para que se entienda la terrible dimensión del problema que se nos vendría encima, en solo 18 años hemos visto perder la mayoría de nuestras aguas en superficie, en tanto Haití, apenas llega menos de un cinco por ciento de lo poco que disponía.

¿Resultado de semejante retroceso?, que ya es imposible evitar una guerra por el agua entre los dos países. Haití a la desesperada tratando de ocultar su grave irresponsabilidad ciudadana y nosotros, también por combinación de irresponsabilidad y cobardía, no queriendo reconocer, que Haití y en nuestra propia cara nos robaba el apreciado líquido. ¿Responsabilidad última? De los expresidentes Hipólito, Leonel y Danilo.

Ahora y cuando menos se lo suponía, el presidente Moise ordena la construcción clandestina de una especie de canal de riego para sustraer agua del río masacre y durante todos estos meses, los dominicanos no dándonos por enterados, cuando ya se está a ley de 20 metros para que la zanja o eventual canal de riego o rigola, se nutra de aguas limítrofes y sustrayéndolas directamente del territorio dominicano.

Ahora es el rasgarse las vestiduras y en momentos que el plan haitiano de provocación e invasión territorial por vía acuática y con el apoyo taimado de determinados organismos internacionales, va a entrar en su fase de confrontación y de violencia abierta.

¿cómo es posible que esto está a punto de proceder?, ¿de donde sacaron loa haitianos fuerzas para desafiarnos y eventualmente sorprendernos?, si se toma el caso del contencioso apunto de estallar de 1901, cuando un terrateniente haitiano pretendió apoderarse del río fronterizo Artibonito y lo que fue impedido “razonablemente” por parte dominicana, con unas unidad de guerra del mil efectivos militares al mando del ministro de la Guerra y posterior presidente de la República, el general Horacio Vásquez Lajara, pero al costo, de que el país transfronterizo represara el río fronterizo en nuestra frontera sur, logrando con ello acabar con todo lo que significa producción agrícola del río más caudaloso que tiene la isla y convertir aquella parte haitiana, de prácticamente hoy, un desierto. Como ni siquiera elevamos una nota diplomática de protesta, Haití no se inquietó. Igual ocurrió en el 2013 y anteriormente en el 1929 y como tampoco hicimos valer nuestros derechos, ahora ocurre lo que en definitiva será una arbitraria zanja de irrigación que quieren los haitianos.

Pues bien, hay solo dos vías para solucionar este asunto: Permitirles el uso de medio metro cubico extraído del río Masacre en la frontera norte y sin que la zanja que están construyendo no penetre al rio, al tiempo que, del Artibonito, los dominicanos saquemos medio metro cubico de las aguas que nos robaron y para las necesidades de nuestra agricultura en la zona sur. ¿No se llega a acuerdo? Entonces que nuestra Fuerza aérea bombardee la zanja que los haitianos están construyendo y también lo que queda del Palacio Nacional en Puerto Príncipe. ¿Costo?, el político muy fuerte y el económico mucho más, en este último aspecto, retrocederíamos a un nivel de compras haitianas de productos dominicanos no superior a los 500 millones de dólares por año y reforzado por el cierre absoluto de la frontera terrestre.

¿Qué hará la comunidad internacional?, ¿sancionarnos?, ¿por qué?, si ahora Israel está acabando con la Franja de Gaza y en un genocidio intolerable que hiere la dignidad humana o lo otro, de próxima guerra abierta entre Ucrania y Rusia, a resultas del bloqueo de uno de los grandes canales europeos, el canal de Crimea del Norte de 400 kilómetros de largo efectuado por Crimea y lo que ha motivado que Rusia haya estacionado todo un ejército de 80 mil efectivos rusos, que no permitirán que Crimea, unida a Ucrania por el Río Dniéper no sea desde la anexión de 2014 parte permanente de Rusia.

Hablamos de un contencioso sobre una variable de guerra por el agua y entre dos países, semejante y dentro de las proporciones debidas, a lo que se está presentando entre Haití y Republica Dominicana y con la diferencia, de que la comunidad internacional no se meterá con Rusia, por lo que de alguna forma buscará como entenderse con el presidente Putin. Y si esto es así, ¿por qué los dominicanos tenemos que temer una comunidad internacional que solo se mete con los países chiquitos y cuando lo que está ocurriendo, es una grosera interferencia haitiana en nuestro territorio y soberanía?

Entre los dos países transfronterizos no deberíamos llegar a una guerra abierta, pero Haití ha mostrado siempre su falta de interés  en saber cohabitar en la misma isla con la nación dominicana vecina suya y menos ahora, cuando sus políticos le han llevado a un lamentable Estado fallido, mientras el impopular gobierno de Moise, quiere la guerra entre los dos países para ver si con el fantasma del nacionalismo pudiera mantenerse en el poder, los dominicanos no podemos hacerle el juego y sí enfrentarlo y aplastarlo y a Dios que reparta suerte.

Por eso decimos, que solo si Dios no mete su mano entre Haití y República Dominicana, se podría evitar una guerra por el agua. En el 2013 lo advertimos y para el 2003 hicimos la primera advertencia. Y recordamos con reiteración la violación del tratado de 1929 sobre aguas limítrofes y que es el fundamento de lo que ya está sucediendo. ¡Basta ya! (DAG)