Son más de tres millones de personas que están sin trabajo o dependiendo de desempleados. Es una verdadera bomba de tiempo a la que hay que prestarle la debida atención y para evitar un mal mayor

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Muchos no entendemos, como es posible, que la clase gobernante, el gobierno y el empresariado, no estén prestando la debida atención, al hecho cierto, de que, a nivel juvenil, de cada joven de 15-24 años, 30 están sin trabajo y a lo que, si se le agrega el desempleo de los adultos, nos encontraríamos, con que cerca de sesenta de cien dominicanos están sin trabajo y desde hace más de seis meses, la mayoría.

            Semejantes indicadores, lo que hablan, es de explosión social grave por todos lados  y de lo que se nota su cercanía, viendo el incremento escalofriante en la criminalidad juvenil, el desarraigo de tantos hogares, la falta de salud mental entre cónyuges, los crímenes horrorosos perpetrados por estos, el incremento de la prostitución a gran escala y la otra muestra de grave incivilidad y ausencia de educación domestica así como de educación moral y cívica, como es el incremento galopante en el narcotráfico, el lavado de activos y todas formas de contrabandos.

            Que quienes estén pasando necesidad extrema, lo hagan, si bien no se puede aceptar su materialización, no lo es menos, que es una verdad que cuando el estado de necesidad está de por medio, pudiera entenderse como una causa atenuante. Sin embargo, el otro grave fenómeno que abate a la sociedad y ciudadanía dominicanas es el incremento mucho más escandaloso en todas las formas posibles de ilícitos perpetrados por el empresariado y en los que resalta la evasión fiscal también a gran escala y todas las inconductas habidas o por haber de la comisión de fraudes, desfalcos, quiebras criminales y violaciones sistemáticas de leyes y regulaciones administrativas.

            Y que, a su vez, semejante inversión de valores morales, lo que también nos dice, es de la notoria ausencia de principios morales mínimos dentro de los que se entienden que pertenecen o son parte de la clase gobernante y que se observa con mayor desfachatez, en el podrido sistema policial de cobros por extorsión, los asesinatos por encomiendas de comerciantes, la compra millonaria de cargos administrativos dentro de la misma policía y esa incapacidad tan notoria del ministerio de interior y policía para implementar políticas válidas, que hicieran factible que los indicadores sobre criminalidad disminuyeran lo más rápido posible.

            Entonces, cuando este es el panorama en el que se desenvuelve la vida nacional, donde a nivel de pueblo, más de cien mil familias viven del narcomenudeo o de ese sicariato que la misma policía incita a que muchachos de barrios periféricos de las ciudades, sean participes  o lo otro, que ni siquiera puede decir que es peor que lo primero y como lo son, esas muestras detestables de militares en activo metidos en la narco milicia y todas formas posibles de prácticas de corrupción como traficantes de personas,  suplidores del Estado o espalderos de empresarios, banqueros, importadores y dueños de medios de comunicación de comportamiento de delincuentes y para rematar, con ciertas practicas delincuenciales de dependencias y funcionarios gubernamentales, que se deba concluir, que de improviso y por la irresponsabilidad de muchos, cada vez República Dominicana se está acercando a que pudiera ser tipificada como un estado fallido.

            Pero, también está lo otro. ¿Cómo los de la clase gobernante pueden reclamar corrección y ajuste a los cánones legales, cuando cerca del 85 % del empresariado son individuos de moral laxa, que no pagan impuestos, que efectúan todo tipo de prácticas monopolísticas, también de contrabando e igual de extorsión y rematando con todas esas cuentas bancarias en el exterior y principalmente en paraísos fiscales, en los que los ricos dominicanos tienen oculto o registrado más de 20 mil millones de dólares estadounidenses producto de orígenes no del todo lícitos?

            De ahí, que cuando se concluye, que este país ha llegado a unos niveles de desintegración moral, que no permiten decir que toda la nación esté limpia de responsabilidades y de culpas, debe entenderse, que de alguna manera hay que buscar los mecanismos correctos de enfrentamiento a tantas inconductas y en lo que los que gobiernan o los partidos que ejercen el poder político, son los primeros llamados a buscar las formulas correctas para detener tanta inescrupulosidad y afán extremo por el enriquecimiento ilícito y el interés de lucro más desordenado.

            ¿Puede ser extraño, que en el exterior vivan más de dos millones de dominicanos o que en EEUU hayan más de un millón de estadounidenses de origen dominicano o cantidades parecidas en otros países y continentes? Mientras tanto, quienes tienen mucho que perder y si en este país estallara un amplio movimiento social contestatario contra tanta enequidad, no quieren darse cuenta, de que están viviendo encima de un barril de pólvora a punto de estallar y por eso, que los medios de comunicación y de información de masas electrónicos y en gran mayoría e incluidos los que están en internet, apoyan la existencia de ese periodismo de inmoralidades absolutas, en el que quien más se degrada y se convierte en un agente de lo mal hecho, es al que se alaba, premia o se le destaca.

            En este sentido, muchos entendemos y porque con todo y tanto desastre moral, todavía hay personas decentes y para que se entienda, que los primeros que deberían reaccionar tratando de imponer un cierto afán de saneamiento moral, son los altos cargos públicos en los tres poderes inter dependientes del Estado, así como el conjunto de todo el aparato religioso o de lo contrario, la nación continuará a ciegas y hacia el despeñadero.

        Incluso, a muchos, nos resulta difícil entender la incapacidad oficial para enfrentar tanta ola de delincuencia desde y fuera del poder, sobre todo, que cuando se comprueban las riquezas desproporcionadas que tienen los funcionarios públicos y en los tres poderes del Estado y la increíble ausencia de control y castigo por parte de la administración central, que definitivamente hubiese que preguntarse, que si acaso es, que a ese nivel todo pudiera estar perdido y que ni diez altos cargos públicos determinantes, pudieran ser señalados como personas limpias y probas de conducta moral de absoluta integridad en toda la República.

            Pues de ser así, que los componentes de la clase gobernante y a lo absoluto, se tapan unos con otros y negándose a implementar formulas de corrección e integridad personal que pudieran darle un giro a la presente situación de amoralidad casi absoluta que por donde quiera se palpa, que definitivamente habría que decir, que parecería, que ni por más presiones que se hagan desde el exterior para lograr que la corrupción, el contrabando, el lavado de activos o el narcotráfico pudieran ser erradicados o disminuidos en no menos el cincuenta por ciento de las actividades ilícitas que ahora se registran, pudiera lograr conseguir.

            Desde luego, quisiéramos entender, que en el gobierno se está haciendo algo o mucho para acabar con tanta corrupción a nivel tan desproporcionado y por lo que hasta se anhela, que el próximo martes 27, el mismo presidente de la República y en la presentación de memorias ante la reunión conjunta de las cámaras legislativas en el salón de la Asamblea Nacional, sea el primero en dar el necesario grito de enfrentar con decisión y coraje y sin que le tiemble el pulso, todo lo relativo a las practicas de corrupción que realmente han estado ahogando la vida nacional.

            De ocurrir, los pasos que se están dando para hacer creer que la justicia hará lo suyo en lo relativo al Odebrechtgate, deberían de ser intensificados y no para ocultar y sí para develar las acciones criminales ocultas que desde el poder o con amparo de este, una minoría sedienta de dinero ha podido motorizar y por lo que se ha estado viendo, contando con la inmunidad e impunidad más absolutos.

            Porque lo cierto es, que no es posible, que en este país y su economía, exista una concentración de poder económico, por el que no más de cinco mil individuos son casi los dueños de todo y cerca de 500 corporaciones económicas, empresariales y financieras, las que tienen el monopolio de todo y al extremo, de que de cada diez personas que trabajan, las diez dependen de esos sectores para vivir y  que si le unimos la realidad cruda, de que mas de siete millones de dominicanos se encuentran entre la línea de pobreza, la marginalidad social, la clase media venida a menos y el pueblo sometido al clientelismo político mas avasallante, se entenderá con mayor discernimiento, el por qué millones de dominicanos son incapaces de llegar a fin de mes.

            Si lo anterior es dantesco, peor es conocer, que en estos momentos, en toda República Dominicana, los negocios o emprendimientos profesionales de único dueño y en más de un 50 %, se encuentran al borde de la quiebra y que a nivel de clase media no peledeísta, cerca del 70 % no está en capacidad de cumplir sus compromisos fiscales, mientras más del 30 % de los negocios al detalle no producen lo suficiente para mantenerse abiertos, en tanto una minoría super rica lo tiene todo y en abundancia y dando muestras de importarle un pepino como el resto de la nación trata de sobrevivir.

            Todo lo anterior en conjunto, habla de explosión social por los cuatro costados y por eso, al plantear que son más de tres millones de personas que están sin trabajo o dependiendo de desempleados. Es una verdadera bomba de tiempo a la que hay que prestarle la debida atención y para evitar un mal mayor y si es que queda tiempo para y que de golpe, todo estalle. Con Dios. [DAG. Viernes, 09 de febrero de 2018. Año XVI. Número 6,174]