Tyrese Rice, la pesadilla del Real Madrid, lleva al Barcelona a la final

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El viejo nuevo Madrid, el viejo nuevo Barça. No son demasiados, en cantidad, sus cambios para esta temporada 2016/2017 y sin embargo parecen nuevos sus corazones, los tipos que bombean su baloncesto. El Barça de Georgios Bartzokasserá el Barça de Tyrese Rice, un tipo de los que se adueñan del escenario. El Real Madrid post Sergio Rodríguez deberá luchar por intentar no perder la identidad que inyectaba el base, porque no echarle de menos será imposible. La primera colisión, en la semifinal de la Supercopa Endesa, fue un esbozo de la rivalidad por venir, igualdad de infarto hasta que el pequeño genio -y dos canastas de Doellman-, dejaron a los blancos, por segundo año consecutivo, sin el título que abre el curso. [Narración y estadísticas: 93-99]

Evidentemente, fue un duelo de baja temperatura el del Buesa Arena. Nada que ver con las chispas pasadas, tampoco con las futuras. El Barcelona se sacó mínimamente la espina de las últimas derrotas, de la final perdida de Liga sin ir más lejos, la que acabó con la era Pascual. Como el año pasado en Málaga, empezó con buen pie aunque ni siquiera revalidar, ante el Gran Canaria, la Supercopa le garantizará demasiado. Se aprovechó de un Madrid todavía falto de cocción -sólo ha disputado dos partidos amistosos-, al que sólo sostuvo el acierto de Llull (seis triples), un tipo que no entiende de pretemporadas: llegaba tocado al duelo, duda hasta última hora por unas molestias en su rodilla, y no hubo quien le parara.

Su batalla con Rice fue como una promesa. Es un demonio conocido para el Real Madrid el pequeño norteamericano. «Un gran jugador, lo sabíamos», se lamentabaPablo Laso después. Un base eléctrico, con temple, zurdo, valiente. También con evidentes lagunas defensivas. Él fue quien desarboló a los blancos en la final de Milán (14 puntos en la prórroga), llevando al Maccabi a la cima de Europa. También con el Khimki le ha hecho algún siete. Anoche sí estaba Draper, de vuelta a Madrid, pero fue una pesadilla igualmente. Anotando, dominando. Con la total confianza de Bartzokas, que además tenía la baja del que será su suplente, Koponen.

 

No hubo ni rastro del juego interior del Madrid. Asusta su pintura, por nombres y por cantidad. Pero su querencia es al baloncesto de perímetro, a la carrera. Le será difícil reconducir su espíritu, pero con una pareja titular de los quilates deRandolph y Ayón, más Felipe, Hunter o Thompkins (ayer se quedó fuera), debe mirar más y mejor dentro.

Los blancos llevaron la iniciativa gracias a los triples de Llull y Rudy. También a la presencia de Doncic, que estuvo es todos sitios hasta que se torció el tobillo. Con 17 años ya es uno más. Pero su incosistencia hizo revivir al Barça. Primero al final del segundo cuarto, cuando recibió un parcial de 0-8 que le hizo irse al descanso sin ventaja. Y después a la vuelta de vestuarios, donde volvió a encajar otro (0-13), del que se recompuso con su habitual amor propio para llegar con aliento a la orilla.

Fueron decisivos tres triples de Claver y las dos canastas postreras de Doellman. Antes, una antideportiva a Llull por falta táctica -al Barça no le habían pitado dos en la primera parte-, hizo estallar a Laso. La aplicación de esa nueva norma promete dar que hablar.

Rudy, que había empezado con buen pie, se diluyó. Llull asumió toda la responsabilidad, con la pequeña colaboración de Carroll, y evidentemente no estaba el Chacho. Costará acostumbrarse a su ausencia. Él era el que tomaba las riendas en los desenlaces, a lomos el Madrid de su genialidad como ayer lo estuvo el Barça en la de Rice (34 de valoración, récord histórico en la Supercopa). Y eso que tuvo que retirarse momentáneamente por un mal gesto con su rodilla. (http://www.elmundo.es)