jueves, agosto 11, 2022
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Un ataque político de índole rastrera y pretensiones profundamente desestabilizadoras es la normativa opositora y mediática que ahora se presenta

Realmente nos hemos quedado más que sorprendidos al observar, que a dos años del termino del mandato del presidente Luis Abinader y de las elecciones y cambio de gobierno, políticos de la oposición a nivel de los presidentes del PLD y de la FP como del senador vocero peledeísta, se hubiesen lanzado a un principio de campaña publicitaria sucia contra el mismo presidente Abinader y con el pretexto de ejercer temprano la oposición política de corte electoral.

¿Por qué sucede esta circunstancia?, porque hasta ahora y que es lo que creemos visualizar, los opositores se encuentran más que alarmados y al observar que todavía no han podido encontrar el menor indicio de que al mismo presidente de la República pudiera demostrársele que se ha enriquecido en el cargo o que estuviera haciendo acciones de administración, de las que se pudiera plantear que el primer mandatario pudiera ser reo de cohecho y prevaricación.

En este sentido, hemos caído en cuenta, de que lo que más mortifica a políticos como los expresidentes Danilo Medina y Leonel Fernández, es el observar que Abinader y hasta ahora, es absolutamente inatacable en materia de que se le pudieran señalar acciones, actitudes y políticas de enriquecimiento personal doloso y que, en el fondo, es el mayor obstáculo que tanto Medina como Fernández no han podido quitarse de encima y por todos los ilícitos que en esa materia se les atribuyen a sus mandatos.

Solo hay que recordar, que la primera decisión de Abinader y transparente sobre sus negocios y finanzas privados y familiares y junto a su esposa, fue la de crear un fideicomiso que manejara y controlara todos sus activos y en tanto él ejerza el cargo de presidente de la República, actitud que ningún otro presidente había tomado en toda la historia de la República y ni hablar de los dos expresidentes opositores.

Y recordar también la otra decisión de Abinader, con la que ganó tantos puntos de aprobación por parte de la ciudadanía y al disponer, que su salario mensual lo donaría cada treinta días a una institución benéfica, hospitalaria o familias necesitadas y en lo que también y que recordemos, ningún otro antecesor había hecho.

Por eso, no tiene que extrañarnos que los dos expresidentes opositores muestren un discurso común entre lo violento y tergiversador verbalmente y lo caustico y sibilino en imputaciones difíciles de demostrar o que apadrinen declaraciones fuera de tono, de auxiliares suyos y como es el caso de las últimas y dadas por el senador vocero del PLD en la cámara alta, quien se permitió decir y lanzando una acusación general, que todos los funcionarios del gobierno tienen sus capitales y activos en paraísos fiscales.

Tan fuera de foco es el dicterio emitido como acusación mendaz, que el mencionado senador vocero peledeísta, se le olvidó que el término paraíso fiscal, solo es de dudoso origen y moral, en materia mediática o en Norteamérica, cuando se quiere tergiversar su uso en naciones fuera de EEUU y dado que en Washington tienen un interés marcado, en ver como logra quitar todos los paraísos fiscales en otras naciones, pero no en la suya, donde los que existen en los estados de Delaware, Nevada, Montana, Wyoming y Dakota del Sur, permiten a cualquiera crear una empresa pantalla sin informar quién es su propietario y lo más significativo, que en estos momentos, esos paraísos fiscales estadounidenses, tienen más fondos monetarios, dineros y activos, que todo el resto de los paraísos fiscales en el mundo.

Entonces y olvidando esa oposición, que, si algún emprendedor, empresario, industrial o financista de cualquier parte del mundo tiene cuentas en por lo menos uno de los cuatro estados estadounidenses arriba mencionados, para nada los ataques que la prensa profiere contra los paraísos fiscales no estadounidenses: Evadir el pago de impuestos y lavar dinero, les pudieran afectar y sí por lo contrario, sus iniciativas son vistas como las propias de todo capitalista con visión y amplitud de miras.

Entendido esto, se puede comprender la desesperación de los políticos opositores aludidos y quienes en su interés aun no han podido encontrar nada que pudiera descalificar moralmente al presidente Abinader y de ahí, lo que razonábamos en nuestro análisis de ayer, de que efectivamente y dentro del país político en la actualidad, se siente un espíritu de “locura conspirativa o sediciosa, que la hay”.

Desde luego, nosotros y como analista político de Estado, no tenemos bandera a favor o en contra de ningún gobierno y solo actuamos en función de emitir una crítica institucional lo más objetiva posible y con el solo afán de que lo mal hecho que perjudique a la nación y a su ciudadanía, se corrija, en tanto nos convertimos en el contrapeso de la prensa oficial y la otra mercancía propiedad de los barones mediáticos.

De ahí, que respecto a la administración de Abinader y al gobierno del PRM, hay circunstancias por las que imperativamente debemos emitir una critica nada complaciente, pero sin el ánimo de crear o contribuir a formar alguna opinión pública perturbadora contra la paz social y la estabilidad institucional y que como se advierte, es la práctica diaria de los medios dentro de la prensa mercancía en la concentración ilegal de medios de comunicación y de información de masas en pocas manos.

En consecuencia, al no encontrar y hasta ahora, ningún tipo de prueba o testimonio que pudiera marcar a Abinader con los mismos indicadores de enriquecimiento desproporcionado de los personeros del PLD o de la Fuerza del Pueblo o de uso abusivo del tráfico de influencias para su favor y como hay tantas evidencias que recaen a responsabilidades de Medina y Fernández, entendamos los ataques políticos de estos contra Abinader y su régimen y al parecer, con los ímpetus propios del inicio de una guerra o campaña sucia propagandística que pudiera afectarle sus altos niveles de popularidad.

De paso, llama la atención el silencio de los periodistas y productores de radio y televisión y también en internet que se encuentran en las nóminas publicitarias y propagandísticas del régimen y quienes ni siquiera por pudor mínimo, tienen la decencia de replicar sin que los manden este tipo de ataque continuo contra el gobernante que les paga o del que viven.

Al tener pues esta realidad tan presente, planteamos, que un ataque político de índole rastrera y pretensiones profundamente desestabilizadoras es la normativa opositora y mediática que ahora se presenta. (DAG)

 

 

 

 

 

 

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