Un ciudadano dominicano y de función pública, siente que otro y por una declaración también pública, le amenaza y ante lo cual pide protección y es suficiente, para….

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La carga de odio que ciertas personas y todas, antiguos izquierdistas, socialistas y marxistas de cuando la Guerra Fría y a la primera oportunidad exhiben contra quienes entienden sus enemigos, es de una emotividad tan tremenda, que francamente, parecería que las viejas luchas internas entre las diversas facciones comunistas hubiesen renacido y con mayor ferocidad que antes.

Bastó que un discutido funcionario gubernamental en el gobierno anterior y desde el área del ministerio público central, Jean Alain Rodríguez, hubiese entendido que las ultimas expresiones del imputado y reo, Angel Rondón, al que la Procuraduría General de la República y tanto en la administración anterior como en la actual, le formuló cargos por los tejes y manejes en el Odebrechtgate, francamente era una amenaza real contra su integridad personal y la de su familia y con todo su derecho reclamó protección de las autoridades.

Sin embargo, para los miembros de la caverna política y mediática a la que hacemos referencia, estos entendieron que podían manifestarse con odio y acritud y a tal nivel, que quienes conocieron de sus dicterios, ninguno pudo dudar que gente cercana al oficialismo actual se encontraban en temperamento, de que la supuesta o aparente incitación al odio, se manifestara de manera innoble y canallesca.

Desde luego y como todos los demás ciudadanos, conocemos y por ciertos debates suscitados el por qué de la ocurrencia actual.

Por ejemplo, el exprocurador general Rodríguez, enfrentó al señor Rondón, así como a otros, inicialmente imputados por la procuraduría general de EEUU y de la que él recibiera los expedientes correspondientes. Frente a ese comportamiento, a los imputados y luego reos y como es el caso del señor Rondón, se les generó una inquina tan terrible contra el otrora alto cargo, que por lo que se percibe, parecería que el señor Rondón no busca esclarecimiento judicial, sino algún tipo de venganza personal, que incluso pudiera poner en peligro las vidas del exprocurador y las de los miembros de su familia.

Por esa circunstancia, lo dicho por el señor Rondón fue interpretado por el exprocurador general Rodríguez, como lo que en el fondo y leyendo la declaración del imputado y reo por corrupción, ciertamente que se podía entender como una amenaza personal y ante lo cual, el ex alto cargo reclamó de las autoridades las protecciones de lugar.

En nuestro criterio, la interpretación dada por el exprocurador general Rodríguez, fue la propia de alguien sometido a una fuerte presión emocional y la que terminó por estallar frente a la declaración agresiva y amenazante del señor Rondón, quien luego y por otra declaración, especificó que se trataba de una “jocosidad” lo que dijo con relación al exprocurador Rodríguez.

Sin embargo, es difícil entender como “jocosidad”, lo dicho por el señor Rondón, al manifestar en un programa televisivo, “que por no tener instintos criminales no he mandado a matar al exprocurador Jean Alain Rodríguez por todo lo que él me ha hecho pasar”. Por eso, que ahora quiera restarle seriedad a tan amenazante expresión, a nuestro modo de ver, significa, que por lo menos dentro de los imputados y reos por el Odebrechtgate, parecería que entre ellos existiera un concierto de voluntades nada tranquilizadoras para quien o quienes sean objeto de sus resquemores y resentimientos.

Pero si lo anterior, es preocupante de por sí, peor han sido las reacciones de la senadora Faride Raful y la del periodista Marino Zapete e igual de otros del mismo temperamento y todos, dizque izquierdistas o ex comunistas de cuando la Guerra Fría y quienes sin medir consecuencias, con sus palabras, parecería que alentaran que alguien materializara el crimen que el señor Rondón dio a entender que cometería y lo que es una lástima que esta dama política y el conocido periodista, hayan caído en semejante desvarío, propio de fanáticos y de personas políticamente irresponsables.

En este sentido y por razones elementales de educación y pura decencia personal, tanto la senadora como el periodista, deberían recoger sus palabras, pues eso de decir que el exprocurador Rodríguez reaccionó a lo dicho por el señor Rondón por ser el cobarde que es, no es y bajo ningún concepto, una expresión ajustada a la decencia pública y menos a lo políticamente correcto, pues a razonamiento a contrario, ambos dejan traslucir sus odios personales hacia el anterior exprocurador.

Además, lo que muchos también vemos en las parecidas reacciones de ambas figuras públicas, ese ese cierto tufillo de animadversiones ocultas, que, y como es el caso, en gente de poder y de apoyo presidencial y de alientos continuos desde el partido oficial, son extremadamente peligrosas. Porque vamos a ver, ¿así es que se comporta la senadora Raful, que aspira a ser vicepresidenta de la República en el 2024?, ¿es ese el comportamiento cívico, de un periodista profesional de la capacidad de análisis del señor Zapete y todo por su odio personal, que nunca ha disimulado, contra el exprocurador Rodríguez?

De esta manera, muchos lamentamos, que estas declaraciones del señor Rondón como las reacciones de la senadora Raful y el periodista Zapete, hayan revelado las intenciones nada correctas, de personajes públicos, de los que se supone que los comportamientos que exhiben son para ser imitados como muestras ciertas y de ejemplo para las nuevas generaciones.

Y ante lo que decimos, que un ciudadano dominicano y de función pública, siente que otro y por una declaración también pública, le amenaza y ante lo cual pide protección y es suficiente, para que lo peor de la caverna política y mediática le ataque desconsideradamente y lamentando que la amenaza no se haya materializado. (DAG)