Un país donde la banca solo sea para consumo y no para inversión general y que a los ciudadanos que pasen de 65 años se les niega el crédito…. Es una nación secuestrada y por un grupo de poder que no permite la movilidad social y que sí alienta la esclavitud económica y la degradación moral

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A raíz de la muy grave reacción de la cúpula empresarial y desde el CONEP, exigiéndole al Poder Legislativo, como por igual al Poder Ejecutivo, reacciones drásticas y punitivas contra la cancelada y sumariamente, directora de Pro Competencia, de apellido Cohen. De una manera determinante, todo el resto de los dominicanos caímos en cuenta, de que vivimos en una sociedad secuestrada por una terrible oligarquía plutocrática, que a como dé lugar hay que enfrentar.

            En procura de ese propósito, todas las fuerzas vivas nacionales que dependen de préstamos bancarios y contratos de servicios con el sector privado e igual el oficial, deben y como una sola voluntad, enfrentar este intolerable oligopolio y monopolios que ahora se viene a confirmar, que han hecho de la economía dominicana una especie de territorio atrapado en el que solo un segmento poblacional menor a medio millón de personas, bien se puede calificar como lo más aproximado a ser el amo del país.

            ¿Por qué ha sucedido todo esto?, ¿por qué el sector económico tiene más peso y poder que el mismo Estado Dominicano?, porque todos los gobiernos que la nación ha tenido desde el asesinato de Trujillo hasta el presente, han sido narigoneados y con fuerza y determinación, por uno de los principales grupos económicos, el Vicini (quien fue el que financió y gestó el magnicidio del Generalísimo y para comprobarlo, solo hay que releer el panegírico dicho por un abogado de apellido Troncoso [Ramón] a favor del multimillonario Gianni Vicini) y el que desde junio de 1961, mediante el gobierno del Consejo de Estado y luego con los del Triunvirato, impuso su poder económico como el eje de la nueva economía dominicana que nacía dentro de los lineamientos absolutos de ese grupo empresarial, entonces hegemónico y al grado de que diseñó una ley notarial, por medio de la cual, se adjudicaba todos los bienes de la dictadura y en base a una declaración bajo firma privada y no como era lo correcto, vía el acto auténtico sobre original.

            Esa realidad se mantuvo apabullante y no importó la llamada “revolución de abril de 1965” (una escaramuza política con ribetes de conflicto armado interno) en la que se agarraron de tontos útiles a miles de jóvenes que se lanzaron a las calles creyendo de a verdad que en el territorio nacional se estaba realizando una primavera política, cuando lo cierto fue, que hasta la entrada de la segunda invasión militar estadounidense de ese mes y año, fue también un acontecimiento que se ejecutó con el solo propósito de que Vicini quedara definitivamente como amo y señor de la economía nacional y lo que se comprobó con mayor drasticidad, en el gobierno provisional de Héctor García Godoy.

            Con la entrada luego, en junio de 1966, del gobierno de Joaquín Balaguer. El monopolio debió de negociar, pero en ningún momento Balaguer hizo nada determinante para restarle influencia y poder, aunque Vicini debió de moderar sus apetencias y dado que la economía había quedado maltrecha y para no decir en parálisis total y se requería de una administración pública firme que lo regenerará y reestructura todo.

            Sin embargo, para 1980, cuando Balaguer y frente a la grave crisis estructural de falta de combustibles, debió ceder un tanto del poder del Estado y con miras de que ese sector privado hiciera lo suficiente para que la economía se levantara desde el sector privado, ocurrió lo inesperado, que luego de su siguiente reelección y la reforma económica integral que se hiciera y la entrada de la primera ola de financieras, el sector privado empezó a comportarse como queriendo ser preponderante y lo que logró, cuando en el cuatrienio 1982-1986, con Jorge Blanco, fue decisivo que la nueva ola de financieras y bancos portátiles de dominicanayork y allegados al régimen se venían abajo, que entonces la cúpula empresarial hizo lo suyo y sí se erigió en un poder más fuerte que el Estado.

            Sin duda, fue una especie de golpe de mano empresarial y para lograr un posicionamiento defitivo, que no hubiese gobierno que pudiera derribar. De esta forma, Vicini y, de hecho, hizo como que pactó con Balaguer, quien volvía al poder y del que solo saldría diez años después. A partir de ahí y en todo ese lapso, el maridaje empresarial-gobierno pudo tener sus altas y sus bajas, pero al final, siempre se llegaban a acuerdos de los llamados “interinstitucionales” y mucho más todavía cuando el experimentado estadista y presidente, pretendía y lo que lograra, de volver a encauzar la nave del Estado y al grado, de que para el 1996, entregó el poder con el gobierno estable y con una economía floreciente, que parecía, que se estaba entregando un avión en pleno vuelo y con piloto automático.

          Lamentablemente, el realismo político en estos últimos veinte años, solo ha permitido que los gobiernos deban aceptar y comportarse, tal como si la oligarquía plutocrática fuera el otro poder imprescindible al que había que consultar y como el nuevo presidente Leonel Fernández lo hacía saber y que lo transmitía, cuando él mismo prestó el Palacio Nacional y su propio despacho, como sala de encuentro para resolver contenciosos entre poderosos económicos.

            A partir de semejante error de procedimiento tan descomunal, a Vicini no le quedó en duda, que ya sí era verdad que estaba en la cúspide del poder compartido y como comprobó, cuando demandó de aquel presidente, que le prohibiera a un grupo de inversionistas locales de clase media, a que incursionaran con una multinacional brasileña productora de combustibles como el etanol y obligando a esos inversionistas, a que se entregaran a Vicini, quien “adoptó” su inversión y los sacó del mercado para quedar solo con su producción de azúcar de caña, furfural y bagazo de caña para fines de combustible y construcción.

            Ocurrido semejante hecho, entonces otros poderes económicos se envalentonaron y exigieron participación y como el grupo Corripio, quien de simple importador y prestamista para bancos y financiador de candidatos y partidos políticos, se convirtió en la especie de “eje temático” por medio del cual la  oligarquía plutocrática se reconvertiría y no solo como fuerte brazo mediático, sino también en el ramo industrial y minero y culminando, con una nueva alianza con Vicini, al crear el oligopolio CORVI, la verdadera catapulta de poder económico concentrado junto al poderoso estamento financiero de privilegio absoluto para no más de siete grandes bancos comerciales y sus ramales de bancos de desarrollo, inversión y dominio del mercado primario de bolsa de valores, fondos de inversión y seguros.

            Desde luego, no es que sea del todo malo que en la economía exista una oligarquía plutocrática de la dimensión existente. Lo malo ha sido, que el Estado Dominicano ha perdido su peso de decisión decisivo y preponderante y en consecuencia, el gobierno de turno ha tenido que subrogarse a los dueños del dinero y los medios de riqueza y producción y dejando que sean estos los que tracen el camino y conducta a seguir y de ahí todo lo malo que en injusticias y privilegios a gran escala están aconteciendo.

            La muestra más patética de lo que decimos, son dos hechos determinantes: La masa de dominicanos ha sido convertida en un amplio grupo de esclavos económicos en base a salarios miseria y humillación extrema para quienes quieran ir hacia adelante y la terrible como arbitraria disposición, de que solo se presta para bienes de consumo y no para bienes de inversión, lo que facilita, que la oligarquía plutocrática disponga del monopolio del dinero y lo otro tan cruel, de que tan pronto un dominicano llega a los 65 años de edad, el sector financiero le condena a una especie de automática muerte cívica, al cerrarle para siempre toda posibilidad de crédito para inversión.

            Aún así, los miembros de la plutocracia oligárquica no tienen esas restricciones. Tanto, que como banqueros disponen de su propia ley orgánica que les blinda casi indecorosamente y gozando del gran privilegio, de que solo a un listado propio de 400 grandes empresas es que se les facilitan recursos, en tanto todos los banqueros miembros de juntas de directores en cada banco, tienen derecho a prestarse a sí mismos el 10 % del capital invertido y de esa manera, en base a dinero fresco imponiéndosele al mercado, mientras grandes empresas y sin pudor alguno, se apropian de los recursos de los capítulos de pensiones de sus empleados y obreros para utilizarlos también como capital de inversión en otros negocios y actividades empresariales, semejante mosaico de intereses hace a placer.

            De esta suerte, todo ese sector financiero es el que fija las reglas de juego y obliga al Estado a aceptarlas y el gobierno de turno a aplicarlas y este último reacciona de manera tan pasiva, por una razón determinante, que la oligarquía plutocrática a través de sus mass media dentro de la prensa mercancía, no les critique a los políticos y menos a los que están en el poder, cuando se enriquecen y sin importar el nivel de escándalo que cada “servidor público” realice.

            Igual acontece con la vigilancia y control expedito sobre todo aquel que opine o escriba o sea periodista, editor o dueño de su propio programa de radio y televisión o responsable de algún periódico digital que se destaque: Se les aprisiona y controla en base a lo poco o mucho de publicidad que se le otorgue o por las tantas y cuantas restricciones sean necesarias, para que pueda lograr prestamos privilegiados para inversión.

            Entonces, al darse este tipo de restricciones en cadena, que determinan que no se vive dentro de una sociedad libre, nadie puede extrañarse, de que ahora, el CONEP “está dao al pecao” contra el Poder Legislativo y el mismo Gobierno y por lo visto, al estar la oligarquía plutocrática borracha de poder, dispuesta también a estremecer “la funcionalidad” del mismo gobierno constitucional y para no decir lo peor.

            Pedir, por lo tanto, que la mayor cantidad de dominicanos sean conscientes de esta realidad y le exijan a su aparato político, a que actúe como poder libre y constitucional, parecería un sueño y hasta una temeridad, tal como están las cosas. Pero realmente y si los dominicanos queremos nuestra República, todos tenemos que empeñarnos en que haya un equilibrio de poderes en el que el Estado sea el preponderante y no el adefesio de poder aparente que ahora hay. Más aún, creemos, que, si la oligarquía plutocrática se circunscribe al área económica y financiera, pero sin practicar el capitalismo salvaje que la distingue y los dominicanos se envalentonan y se convierten en ciudadanos cívicamente responsables y dejan de comportarse como súbditos, la República podría encontrarse en un pie de igualdad social, aunque no de estirpe y el gobierno podría , como uno realmente nacional.

            Mientras tanto, llamamos la atención, respecto a que un país donde la banca solo sea para consumo y no para inversión general y que a los ciudadanos que pasen de 65 años se les niega el crédito. Es una nación secuestrada y por un grupo de poder que no permite la movilidad social y que sí alienta la esclavitud económica y la degradación moral. [DAG. Viernes, 16 de septiembre de 2016. Año XIV. Número 5666].