Un peligro que no se observa, pero el que está y que en un gobierno de ricos siempre acecha

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Desde que hace cinco mil años la humanidad se estableció como tal dentro del conjunto de pueblos y naciones originadas en tribus familiares potentes, hubo un aspecto singular de la creación que siempre obliga a ciertas reflexiones que tienen que ver con el derecho natural a que hayan determinados equilibrios y contrapesos en las relaciones humanas y como una forma de instinto natural y para evitar que determinados excesos de grupos de poder aplasten el derecho natural de todos. Personas, entidades e intereses.

En este plano y en la medida que la humanidad pasa por los diversos niveles de evolución propia y de búsqueda de una institucionalidad incipiente que marque los parámetros a seguir por todos, está claro que se da una minoría más aguerrida y ambiciosa, temeraria y muy arrojada, que entiende, que para que el mundo exista a plenitud, todo debe pasar por el tamiz de que el mas fuerte es quien impone reglas absolutistas y todos los demás, sencillamente deben de acatarlas.

Por eso, desde la edad de piedra y todas las otras sucesivas y siguiendo con la evolución mayor en la edad de bronce, permitió ver y entender, que la humanidad lleva en sí misma y hasta intrínsecamente, una suma de valores y parámetros que se corresponden a lo que muchos entienden el “derecho natural” de una minoría, a prevalecer sobre todo lo demás.

Nacen de ese modo  los intereses fuertes y absorbentes  que no dejan espacio a que todo el mundo evolucione hacia el bien común y que al contrario, se establezcan ciertas singularidades de conducta, que deslizándose por toda la edad media, hizo posible que personalidades y familias determinadas y por su arrojo o temeridad o porque los demás se sujetaban a depender de ellos porque los entendían los amos naturales del poder, estos pudieran hacer a placer en el manejo de conductas, imposiciones, gobernanzas y monopolios.

Ahí los casos del llamado “mercader de Venecia” o la imposición de “familias nobles” parecidas a los Médicis y el Vaticano (Borgias, por ejemplo) y para no hablar del conjunto de actitudes y políticas absorbentes, de un Imperio Romano que dictó pautas en cuanto al control del monopolio de la esclavitud, la guerra y el vasallaje absoluto y tanto, que, a la fecha, no hay pueblo o nación, que en su propia estructura no fuera un remedo de las anteriores.

Incluso, cuando se analiza dentro de una perspectiva racional la formación violenta de pueblos amerindios compuestos por aborígenes, dueños de grandes imperios pre coloniales como los aztecas, los incas, los Chibchas, los del altiplano en Bolivia y todas las tribus y poblaciones de islas-estados en el Caribe Central por ejemplo, el punto particular y hegemónico, es el absorbente control territorial totalitario, donde el control por parte de un personaje central, daba pie a la simiente del monopolio como tal. Por eso, y cuando dejando atrás la evolución de la humanidad y sus historias y para no hablar de la crueldad y culturas extremas de la meseta asiática y todos los pueblos asiáticos, se tiene y como marco mayor, el ejercicio de un brutal monopolio de comercio del que la vieja Europa no pudo escapar y menos, al nacer el imperio romano y este expandirse y terminar subyugado por la cultura griego-latina y así hasta nuestros días.

Entonces, no debería ser extraño a los pueblos caribeños de esas subculturas sucedáneas, que el monopolio como instrumento de poder, se convirtiera en el brazo ejecutor de pueblos, quienes subyugados por el “conquistador” Ibérico y su colateral árabe o judío y sin dejar de lado el origen negro de pueblos africanos de cultura dominada por la opresión, el servilismo, las esclavitud   y el control del comercio, se entronizaran en todas esas islas de formación cultural animista  y bajo el peso aplastante de la criminal y monopólica cruz católica.

Fue luego cosa de evolucionar en el tiempo y pasar de aldea a nación, que esos pueblos y ya convertidos en singularidades de cultura y dominio propio, que como Republicas se establecieron y dieron carácter e identidad a pueblos como el de República Dominicana, donde determinadas familias detenían su evolución de vida o aceleraban las muertes de tantos y bajo la premisa del monopolio de vida absoluto.

Ahora, mucho de ello se está viendo, en la evolución de las dos naciones y pueblos que conforman la isla de la Española y quienes con sus altas y bajas no han dejado de practicar todo tipo de monopolio en el comercio, la política y el discurrir de sus vidas y en una muestra elocuente de como la humanidad en esta parte del mundo y en los últimos cien años, busca la expresión propia del arraigo de sus intereses y cultura.

República Dominicana, por ejemplo y desde el presidente-obispo Meriño y su gendarme obligado Lilis, es una muestra patética de como el concepto monopolio se entronizó y en base a una migración de familias de pequeños mercaderes europeos, que para ser justos le dieron características propias al pueblo dominicano. Nos referimos a los Vicini, los Corripio, los Rainieri y luego, como producto de las ocupaciones militares estadounidenses y anteriormente con la vertiente Otomana, se enraizó el concepto monopolio como norma de conducción y vida.

Así las cosas y ya a inicios de este siglo, hubo un salto en la historia y tanto, que herederos de los pueblos y naciones derivadas del imperio Otomano emigraron a esta isla y en menos de setenta años monopolizaron el comercio de servicios de joyas y tejidos conjuntamente con los depositarios y transmisores de la cultura hebrea y estructuraron un nuevo tipo de dominicano, hedonista, amante de la riqueza y del monopolio en los negocios y ahora con las familias Abinader y Arbaje como su más específica punta de lanza.

¿Podría extrañar, que de pronto nos encontremos con una plutocracia en firme dominando el poder político y con un fuerte sesgo de querer abarcar un poder monopólico mayor que el de Trujillo o el de la propia Iglesia católica y sin dejar de mencionar el otro, de las llamadas “diez familias” aquellas y como corporación económica absolutista?

Así las cosas, ¿podría ser extraño, que una dependencia del Estado que tiene que ver con regulaciones aeroportuarias, ahora de un brinco de minutos e imponga el cierre unilateral de la construcción de un aeropuerto y simplemente, porque en el fondo, se trata de un pleito de poder entre dos familias de origen árabe, Hazoury y Abinader y enmarcadas dentro del club libanes, sirio, palestino?

En consecuencia, creemos ver una nueva versión del monopolio del poder con ramificaciones comerciales de dominio abierto y en un país que no ha dejado de ser mentalmente subdesarrollado y para favorecer a una clase social y económica, que ahora y en conjunto, busca su propio espacio político. (DAG)