Una pretensión vana y también absurda, querer “parcelar” el idioma común, el español; cuando es el idioma común a más de veinte países, no propiedad de uno. España no puede continuar agrediéndonos y mucho menos, comportándose como si todavía fuera la potencia colonial de su ominoso ayer.

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Una de las razones, del por qué España y todo lo de la península ibérica, en términos generales, es muy mal visto en todo el continente americano. Se debe, a esa insidiosa manera ibérica de pretender abrogarse calidades, que en la generalidad de los casos no le conciernen y porque precisamente, su historia la delata como una impostora y todo el tiempo con la pretensión de ser la primera entre primeros y siempre en base a falsedades, sofismas y orgullo mal entendido.

           Precisamente, por esa actitud totalmente racista del español ibérico hacia los pueblos y naciones de origen español en América, ha sido, que en la generalidad de los casos, muy pocos y con las excepciones de Puerto Rico y Cuba, alardean de su presunto “origen hispánico”, cuando lo cierto fue, que los ibéricos que entraron en el 1492 y encabezados por Cristóbal Colón, la mayoría, eran un grupo de delincuentes sacados de las cárceles y  a cambio de que hicieran el primer viaje, junto a un pequeño grupo de hidalgos a los que acompañaban dos o tres curas franciscanos de irreconciliable actitud genocida hacia pueblos y naciones recién “descubiertos”.

            La prueba de esa permanente actitud ibérica por menospreciar al americano de habla española, se fundamenta, en que la mayoría de estos pueblos y naciones isleños en el Caribe, los mal llamados “conquistadores” (en realidad, una horda de indeseables depredadores de armas a tomar) llegaron a estos territorios de camino “a las indias” y como llamaban aquellos territorios ultramarinos de los que hablaba Marco Polo, por lo tanto, nunca supusieron, que realmente habían llegado a los pueblos, naciones y territorios descritos por Polo y por eso, de su actitud genocida y depredadora y la  que provocó, que entre 1492 y 1496, el 90 % de los aborígenes (habitantes originarios) habían sido exterminados y los que no, esclavizados y convertidos en objetos deseados en el clandestino mercado sexual, que supuestamente, a “espaldas de la Corona”, habían establecido y en lo que realmente, fue el primer genocidio en estas islas caribeñas y como preaviso a los siguientes que provocarían en los imperios, azteca como en el inca.

            Por lo tanto y si venimos a ver, la parte negra “de la conquista” fue uno de los mayores episodios de destrucción de una fracción del genero humano y por parte de unos indeseables, que nunca miraron y entendieron a los isleños caribeños como personas y solo sí como objetos de explotación comercial y sexual. Incluso, el mismo tan mentado Colón, cometió los mismos hechos de sangre que el padre De las Casas imputaba a los gobernadores e “hidalgos” ibéricos e independientemente de que el descubridor "de la mar oceana", nunca entendió, que había sido el precursor europeo de entrada a las nuevas tierras, que quinientos años atrás y por su parte norte, habían desembarcado exploradores vikingos. Vale decir, neo europeos provenientes de la península europea, territorios y conglomerados humanos en tránsito hacia la Europa de los años mil cuatrocientos en adelante.

           Lo que significó, que, por el choque de culturas generado por el afán ibérico de destruir y sojuzgar, el reino de España no se interesó propiamente en descubrir la calidad humana en los nuevos territorios y de ahí la terrible depredación y genocidios perpetrados y de los que aun sus huellas demoniacas, generan en los descendientes de los pueblos aborígenes, esa relación de odio-amor en la que se mezclan la espada depredadora y la religión elitista, sangrienta y de vocación genocida.

            Solo hay que ver, que para los ibéricos actuales dentro del reino español, solo los nacidos en las “ultimas provincias españolas” de Puerto Rico y Cuba y desde luego, los nacidos en la zona europea de la Nueva España (México), porque los ahora llamados indígenas son detestados y lo más significativo, que en el caso cubano, han sido descendientes directos de ibéricos como los hermanos Castro Ruz, quienes impusieron en la mayor isla territorial en el Caribe, una dictadura cruel, que todavía y desde hace más de cincuenta años aprisiona aquel pueblo y a su isla. En tanto, en países como República Dominicana. Explotados, expoliados y desarticulados en su cultura propia, en los últimos cien años han sido victimas del nuevo tipo de depredador ibérico disfrazado de inmigrante muerto de hambre y sin futuro y el que, gracias a la mentalidad colonialista y el apoyo colectivo propio, desarrolló un esquema nuevo de explotación, por medio del cual, hay una reedición tormentosa del sistema innoble de ciervos y mecenazgo como mecanismo y política depredadora.

            Igual ocurrió en los demás países americanos del continente y quienes en conjunto, sintieron los efectos más crueles por la sed de oro de los ibéricos y lo que ahora está plasmado en los groseros altares de oro y plata que se muestran en las catedrales e iglesias católicas por toda la península ibérica y en muchas otras naciones europeas.

          Sin embargo y ni siquiera porque la corona española fue la impulsora de la serie de invasiones marítimas dirigidas a exterminar pueblos y etnicidades enteros y fomentar la acción de robo continuo sobre las riquezas minerales y naturales del continente americano, todavía la corona española, no se ha permitido la nobleza de pedirle perdón a los nacionales de todos los países de habla española en esta parte del mundo.

           Por lo contrario, cada día se descubre, como los americanos de más de veintiuno  de estos países, son maltratados, reprimidos, segregados y estigmatizados al vivir en la España del presente, en donde al mirárseles por encima del hombro, constantemente se les hace sentir como extraños y nada bienvenidos, cuando quienes deberían actuar con humildad y cabeza agachada, son los españoles descendientes de la horda de criminales y mal nacidos, que  invadieron y en base al arcabuz y la cruz sangrientos, territorios y pueblos, que solo por las historias arrastradas por sus ancestros más primitivos, de un “Dios que vendría a sojuzgar e imponer”, estas impusieron en la psiquis de aquellos primeros americanos, la servidumbre que les permitió a los invasores aplastarles o aniquilarles.

            Ahora y como si semejante historia de sangre inocente derramada por la mentalidad criminal y depredadora ibérica no hubiese sido suficiente, se presenta la curiosa situación, de que el estado español, cuyo jefe de Estado es el rey Felipe VI y su presidente, Mariano Rajoy, ha decidido imponer el concepto del español “como marca-España” y que de permitírsele, habría que entender tal pretensión, como la parte moderna, de la continuidad  de aquellos “conquistadores” mal nacidos y reciclados como banqueros, hoteleros y empresarios eléctricos o telefónicos, que ahora pretende efectuar el peor de los despojos contra estos pueblos y naciones americanos de habla española y como es el de pretender adjudicarse el concepto idiomático español y como si solo fuera potestad o propiedad de España, cuando el mismo, es preponderantemente de los quinientos y tantos millones de americanos de habla española y no solo de los 48 millones de españoles que viven en la península ibérica e islas adyacentes.

            De materializarse tan absurda pretensión y de la que muchos americanos de habla española, esperamos, que los gobiernos americanos protesten y las respectivas academias españolas de la lengua en cada país americano también lo hagan, lo que España quiere efectuar, es el mayor despojo cultural a la identidad común y lo que por ningún concepto puede permitírsele, pues el español no es ya de España y sí de la mayoría de las naciones americanas de la misma habla, por lo que incluir la promoción de la lengua española como “marca España”, sería la mayor herida moral y sentimental, que estas naciones y sus pueblos experimentarían y lo que ayer recordaba con muy buen juicio, el editorial del periódico madrileño, El País.

           Porque ya no se trata de que la España de los 1492 y tres siglos más, continúa sojuzgando a sus colonias en este continente americano, sino que la España actual. Pretenciosa, inmoral, casquivana, explotadora y rastrera en la variable idiomática con la que se identifica y como si solo ella hablara español, quisiera asestarnos a todos los americanos de habla española, el mayor de los despojos y el mayor atentado a nuestra cultural común y que de suceder, abriría una herida mucho mayor, que toda aquella otra que la España de antes había infringido con saña, desdén, odio y mentalidad racista absoluta, más de quinientos años atrás.

           Exhortamos pues, a todos los gobiernos y organizaciones culturales e idiomáticas defensoras de la lengua común en esta parte de las Américas, a que  efectúen una verdadera campaña de reivindicación moral sobre los atributos de la lengua española en este continente  y con sus variables de expresión propias de cada una de ellas y de las que las mayores muestras culturales del idioma español en estas tierras, han sabido dar  a su vez,  las mayores muestras de intelectualidad y estudios filológicos que muy pocos ibéricos pudieran igualar o tratar de ufanarse y es, que la historia y su evolución de estas naciones americanas, dice de manera irrefutable, que España no puede continuar ofendiendo y menos creerse, que intelectualmente es superior a los nuestros en todos estos pueblos americanos de habla española.

            De ahí que digamos y al protestar como medio digital dominicano y de comunicación y de información de masas de habla española, que es una pretensión vana y también absurda, querer “parcelar” el idioma común, el español; cuando es el idioma común a más de veinte países, no propiedad de uno. España no puede continuar agrediéndonos y mucho menos, comportándose como si todavía fuera la potencia colonial de su ominoso ayer. Con Dios. [DAG. Lunes, 05 de marzo de 2018. Año XVI. Número 6,199]