Una ridiculez y un atropello

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ESO es una ridiculez y también un atropello el pretender violentar una resolución pasada del cabildo de Santo Domingo Este, que bautizó su sede con el nombre del fallecido alcalde José Francisco Antonio Peña Gómez. Un político sin tacha en materia de negocios de ningún tipo y menos paralelos al poder, para que en su lugar se coloque el del recientemente asesinado alcalde, jugador, magnate de juegos de lotería y prestamista, Juancito de los Santos. ¿Hasta que nivel tan bajo es que se quiere llevar la degradación moral en esta sociedad?