Una sorpresiva arma estratégica que paraliza el anti-dominicanismo de muchos haitianos: Cerrarle el comercio y abastecimientos dominicanos, obligándoles entonces a negociar

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Podría parecer un accionar extremo y antihumano, pero lo cierto ha sido, que desde hace una semana y concretamente desde el pasado jueves 8, luego del magnicidio del miércoles 7 y al cerrarse por razones de seguridad la frontera binacional y el tráfico de productos agrícolas, industriales y comerciales entre las dos naciones que comparten la misma isla, de golpe y porrazo, todos los habitantes de las dos naciones nos hemos podido dar cuenta, que Haití no resiste una semana sin entrada de alimentos, comida cruda o productos semi elaborados e industrializados dominicanos.

Al conocerse entonces semejante ventaja  comparativa dominicana, se entiende que los estrategas dominicanos deben de elaborar un accionar especifico, que permita, que entre las dos naciones se elabore un nuevo tipo de política de contención y cero amenazas y como desde hace más de veinte años la nación haitiana a entendido que hasta en tiempos de paz podía vivir chantajeando a los dominicanos y de esta manera,  la nación dominicana ponerle punto final a la serie de amenazas recurrentes haitianas, luego de los acontecimientos contradictorios del 1937.

Recuérdese, que aquello se originó en la verdadera invasión pacifica haitiana que ponía en entredicho la soberanía dominicana y en razón de la cual, el gobierno dominicano de aquel tiempo, decidió apelar a la fuerza bruta para poner orden en semejante inmigración descontrolada, al tiempo que el pueblo dominicano y en reacción de repulsa a esos hechos de violencia propiciados por la dictadura trujillista, se lanzó a su propio riesgo a salvar miles de haitianos ilegales, que hubiesen podido morir, si familias dominicanas no les hubiesen salvado sus vidas, unos ayudándoles a cruzar la frontera y otros, siendo escondidos en hogares dominicanos y quienes estos últimos y en la mayoría de los casos, fueron adoptados por familias dominicanas humanitarias.

Por aquellos acontecimientos, recordemos que las estadísticas más confiables, señalan tres mil muertos y más de 15 mil personas que se les salvaron sus vidas y estos últimos, todavía los haitianos  no reconocen semejante política humanitaria espontánea por parte de la población dominicana y al grado, de que han pasado 84 años que los haitianos han pretendido chantajear a la nación dominicana y hasta llegando a dar a entender que los dominicanos de ese año 1937, todos eran culpables o cómplices de los actos de violencia perpetrados por la dictadura y todavía más, haciendo creer también la barbaridad, de que hasta los dominicanos que nacimos luego del 1937 y hasta este año 2021, también éramos culpables de aquella monstruosidad efectuada por la dictadura trujillista

Debido a semejante criterio tan estrecho, Haití no nos reconoció y cuando el terremoto de 2010, la tremenda ayuda humanitaria que esta nación y su gobierno hicieron de inmediato, rescatando vidas, alimentado a una gran parte de la población haitiana y otorgándole la facilidad de especializar el aeropuerto y las aduanas de la ciudad de Barahona y también su puerto, para que la ayuda internacional fluyera masivamente y sin problemas u obstáculos alguno. Y más tarde, construyendo y entregando las instalaciones para una nueva universidad y campus universitario construido con dinero y mano de obra dominicana y ni así, los haitianos nunca se mostraron agradecidos.

Ahora se encuentran, con que desde el pasado miércoles 7, habiendo sido asesinado su presidente y el gobierno dominicano teniendo que cerrar la frontera y suspender el tráfico comercial y los mercados fronterizos binacionales y por razones de alta seguridad para esta nación, toda vez que no se sabía que reacciones violentas podrían darse debido a la ocurrencia tan desafortunada del magnicidio, el pueblo haitiano empezó a experimentar un desabastecimiento alimenticio, comercial y de productos semiprocesados, que alarmó a todo el mundo y por primera vez, los haitianos se dieron cuenta de que ya era hora de dejar atrás sus odios irracionales contra los dominicanos y aceptar, que sin la producción dominicana de alimentos y productos, Haití pasaría por una hambruna como nunca antes le había ocurrido.

Semejante situación y que a ese día se veía llegar, desde el pasado domingo, el comercio haitiano empezó a reclamar al gobierno dominicano que abriera la frontera con fines humanitarios y que dejara que los haitianos se abastecieran en los mercados binacionales y con el argumento, de que el país transfronterizo y su pueblo no aguantarían semejante situación tan irregular.

Hoy el gobierno dominicano y por razones humanitarias y de seguridad permitió la apertura fronteriza para que productos dominicanos de todo tipo y en particular los procesados o semi industriales entraran en grandes flotas de camiones y contenedores, en tanto al mismo tiempo se abrían los mercados fronterizos y para que el pueblo haitiano se abasteciera, es de este modo que todo Haití se dio cuenta de lo necesario de que el comercio y la producción industrial dominicana le llegara sin obstáculos de ninguna naturaleza, al tiempo que la parte dominicana comprobó el por qué los economistas señalan, que Haití es nuestro segundo socio comercial con un volumen de negocios que pasa de los 800 millones de dólares estadounidenses al año.

¿Qué nos dice este intercambio?, que los dos pueblos y naciones se necesitan mutuamente, Haití con mayor desempeño y Republica Dominicana con mayor empeño de hacer negocios con la nación transfronteriza.

Ahora, lo que se impone, es que la clase gobernante haitiana entienda y como también la dominicana, de que es hora de redactar un tratado de libre comercio y gestionar políticas de buena voluntad y hermandad que dejen los contenciosos del pasado bien atrás, pues dentro del actual contexto de comercio entre las naciones, no se compadece tal tipo de comportamiento tan irracional e inamistoso, sobre todo de parte haitiana.

Además, hay otro hecho que obliga a que los dos pueblos se entiendan, en República Dominicana viven más de un millón de ciudadanos haitianos y de los cuales, medio millón conforma un ejército fijo de mano de obra que no gana ningún salario miseria y sí igual nivel de salarios que los dominicanos tienen y lo otro tan importante, que no menos 150 mil dominicanos son de origen haitiano y cerca de 3 millones de dólares mensualmente la masa de trabajadores haitianos envían remesas a sus familias en Haití y lo que significa, que la economía dominicana facilita aportes directos en dinero con los que más de tres millones de haitianos son beneficiados y por supuesto, por los trabajos de sus familiares en República Dominicana.

Al final, todo este quehacer tan provechoso para ambas naciones, ahora presenta un escenario inédito y que para los dominicanos es una sorpresiva arma estratégica políticamente hablando y que paraliza el anti-dominicanismo de muchos haitianos: Cerrarle el comercio y abastecimientos dominicanos, obligándoles entonces a negociar. (DAG)