¿Volviendo al diario vivir o retornando a la anormalidad y al caos absoluto?

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Las estadísticas más conservadoras y documentadas hablan de que cerca de dos millones de dominicanos y extranjeros viviendo como locales violentaron sistemáticamente el toque de queda y que otros tres millones más no guardaron respeto alguno por el cumplimiento de las medidas sanitarias de mascarillas, distancia físico e higiene más que acentuadas.

En cierta forma, habría que decir, que la peor demostración de comportamiento y actitud de ácrata se observó en todo el territorio nacional los días 23 a 26 de este mes y que por lo que parece y se dice, todo el mundo tirará la casa por la ventana entre las noches del 30 y 31 de este mes e incluso en la del primero de enero.

De resultar que todos esos indicadores son ciertos en mas de un 60 %, por lógica tenemos que entender y con todo que el presidente Luis Abinader dice que su gobierno lo tiene todo controlado, que para cuando se llegue a la noche de regalos de Reyes, no menos de cinco millones de personas y de ellas, cerca de medio millón de niños habrán estado expuestos a caer infectadas y víctimas del coronavirus chino e incluyendo no menos de un  millón de los dos millones de miembros de la población haitiana flotante que convive entre nosotros.

Pensar que todas esas estadísticas terminen siendo rigurosamente ciertas, lo menos que se podría decir, es que se está ante el probable escenario apocalíptico de no menos 300 mil infectados y sin dudarlo, entre 15 y 20 mil muertos y lo peor, con un cuerpo medico y sanitario diezmado en mas de un 25 % y hospitales y centros clínicos a punto de colapsar.

Ante escenario semejante y de suceder, tal como las inconductas de todos esos rebeldes sociales así lo dan a entender, los dominicanos nos encontraremos ante nuestros propios y peores miedos y nos referimos a la fuerte mayoría nacional que hizo lo imposible por cumplir con todas las reglamentaciones sanitarias, respecto  que al estos ver como caen sus seres queridos y mueren y no obstante las medidas tomadas, la indignación colectiva estallará a niveles más que preocupantes y lo que podría llevar hacia un estado de irracionalidad emocional tan acusado, que el orden social y la paz pública pudieran quedar gravemente afectados.

Pero si todo lo anterior es grave, lo que más nos sobrecoge, es observar con preocupación ese sospechoso accionar oficial de irresponsabilidad suicida, de afirmar insistentemente que el coronavirus está supuestamente controlado, cuando desde todos los hospitales, centros sanitarios, unidades de emergencia y clínicas como desde el Colegio Médico y sus filiales en todo el país, a gritos se nos dice todo lo contrario, mientras en Salud Pública como en el Gabinete de Salud, se insiste en atropellar la verdad y no revelar exactamente la realidad critica de infectados, muertos y recuperados.

¿Qué es lo que políticamente tememos?, que no obstante tanto optimismo del presidente Abinader y todo su gabinete, preocupa, que en el fondo, la autoridad pública nacional no tenga un plan de emergencia a mano y mentalmente no este preparada a enfrentar una segunda ola y de un virus maldito, que desde centros especializados desde el exterior, nadie habla de optimismo y sí de un pesimismo tan duro, que lo único que evidencia, es la impotencia de quienes como responsables clínicos, médicos y sanitarios ya no saben que hacer ni a que echar mano.

Sin embargo, los únicos que muestran un optimismo insultante, son los miembros del gobierno del PRM y quienes, sin duda alguna, en su devoción a Trump, no entienden, que tal como están las cosas y la evolución del contagio, tal vez de la única manera que Abinader podría entrar en razones, sería cuando se le comunique que el personal militar y policial de patrullas en las calles, sus miembros empiecen a caer como moscas y por estar infectados del coronavirus chino. ¿O será que se está postando y como le paso al propio Abinader y a su familia, a que, si hay un mayor contagio y se sobrevive, los involucrados tendrán ocho meses de inmunidad, tiempo suficiente en lo que llega la vacuna definitiva que hiciera posible, que por lo menos la mitad de la población se salvara?

Si esa es la actitud que se está tomando, entonces al presidente Abinader hay que advertirle del terrible riesgo político que corre su gobierno, si llega el momento de que la población se aterrorizara y estallara una poblada sin control, por miedo de la cual, la población y sin atender razones, asume que hay que buscar culpables tanto en el primer mandatario, como en todos los miembros de su gobierno.

Por lo pronto, todos los días la gente se entera, de qué funcionario de alto nivel del gobierno central y otros muchos en los poderes Legislativo y Judicial cae infectado del coronavirus y que la pandemia se muestra preocupante en otras capas y áreas de la población, mientras esa prensa mercancía infame, autocensura todos los informes y reportes sobre la penetración del coronavirus y no obstante que cada día son mas los periodistas y comunicadores infectados por la pandemia.

Mientras tanto y para mayor escarnio y como si se viviera una escena surrealista, el Poder Judicial y por lo que hemos oído, se apresta a lanzar una cacería a nivel nacional contra los hogares que han caído en iliquidez financiera y crisis económica absoluta desde que el estado de emergencia fue instalado y el toque de queda se encargó por descalabrar las actividades normales de la población y las propias del comercio en sentido general, ampliándose en mas de 300 mil personas que han perdido sus empleos y quienes por no cumplir con sus hipotecas y demás compromisos económicos, ahora se les amenaza con desalojos masivos, cuando lo correcto debería de ser que el gobierno los prohibiera, por lo menos hasta que a nivel de la población de clase media las actividades volvieran a ser nórmales y tanto como lo que sucede entre los ricos y el alto comercio, que la crisis les ha impulsado a ser más ricos que antes de marzo de este año.

Lamentablemente, este es un gobierno de ricos que no presta atención y tampoco le importa las necesidades de todos los demás que no lo son y mientras por un lado, todos vemos con mucho azoro como Abinader inaugura su palacete de 150 millones de pesos (que Dios se lo bendiga y lo disfrute) y muchos otros del gabinete presidencial van por imitarle, la desesperación cunde entre quienes como clase media venida a menos, no pueden llegar a fin de mes y los suicidios aumentan y las enfermedades mentales por igual, mientras las quiebras generalizadas cunden por toda la nación.

De ahí y con mucha impotencia, preguntemos: ¿Volviendo al diario vivir o retornando a la anormalidad y al caos absoluto? ¡Qué Dios nos asista e ilumine a nuestro presidente! (DAG)