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Bukele podrá mostrar sus soldados en Haití y su vicepresidente seguirá diciendo que sus fuerzas allí no son de ocupación. Sin embargo, los hechos debilitan sus opiniones

Si se parte de la realidad, de que el presidente de El Salvador es una personalidad subyugada por la dirección vertical autocrática y de un apoyo familiar casi de protección restrictiva y rodeado de una aureola de autoridad y dominio casi cesáreo, que por obligación haya que entender, que cuanto diga, no necesariamente podría aceptársele […]

Si se parte de la realidad, de que el presidente de El Salvador es una personalidad subyugada por la dirección vertical autocrática y de un apoyo familiar casi de protección restrictiva y rodeado de una aureola de autoridad y dominio casi cesáreo, que por obligación haya que entender, que cuanto diga, no necesariamente podría aceptársele como su ultima palabra y sí como una propia de cuando se está negociando y hay que buscar las maneras para que el contrario se sienta cómodo y confiable de que no habrá acechanza o traición.

Entonces y al partir de esta perspectiva y viendo la especie de “hoja de ruta” que ha llevado a efecto desde el 24 de septiembre pasado y ahora adornada con el meta mensaje de que su interés es colaborar con Haití, “pueblo tan oprimido”, para que este pudiera salir del entrampamiento de siglos en el que ha vivido, que realmente haya que entender,  que este mago de la palabra, que es Bukele, todavía no ha dejado ver todas sus cartas y que por eso, encubierto dentro de la llamada solidaridad americanista, aprovecha sus relaciones estrechas con su igual estadounidense y para que de golpe, poder erigirse en la opción dinámica que facilite al presidente Trump no ser visto como el ogro que se encuentra a punto de ajustar cuentas y cobrarlas con determinados países dentro del Caribe Central.

Inclusive, no se puede desestimar nada y menos creer, que efectivamente este instrumento de apoyo coercitivo en el que Bukele no le ha importado jugar su papel, en realidad encierra una política más cerrada de dominio real y absoluto y no solo sobre Haití y sí la misma República Dominicana, cuyo gobierno hasta ahora se encuentra muy creído de que en verdad es estimado por el estadounidense y menos, cuando en los planes de Trump está lo de intervenir militarmente en Cuba.

Y es que si este último aspecto se tiene en cuenta, el papel de Bukele y su ejército se sobredimensiona dentro de la perspectiva más realista, de ser una fuerza de ocupación que con el pretexto de las pandillas haitianas, ya está asentado en el país transfronterizo y a un paso de un probable despliegue hacia la parte oriental de Cuba, mientras por su parte occidental, los militares estadounidenses toman destino.

Obsérvese que esta posibilidad casi podría decirse que es la correcta, cuando ya se conoce que el acosado gobierno castrista, ha iniciado aprestos de guerra y entendiendo que el día menos pensado, el anticastrismo miamense entrará a tambor de guerra en un país, que tantos estadounidenses de origen cubano todavía entienden que realmente es suyo y cuando no es así.

A todo esto, parece mentira que en el gobierno dominicano que preside Luis Abinader, ni siquiera da muestras reales de tener una visión juiciosa de análisis y confrontación y en cuanto hasta donde debería y podría confiar en las políticas estadounidenses hacia su país y menos, en momentos, que de hecho, Abinader cometió el error de darle paso libre sobre el territorio, mar y cielo dominicanos y al punto, de que de en la práctica, este país ya está funcionando para el Comando Sur como su base logística y que quedando al otro extremo de Guantánamo, pudiera servir para efectuar cualquier tipo de movimiento de pinzas que terminara entrampando al ejército cubano, mientras las tropas de Bukele dan los pasos iniciales y con miras al desafío que Trump se ha creado y para definitivamente derrocar a la dictadura castrista.

No olvidemos, que desde la ONU ya se advirtió, que las tropas salvadoreñas no tienen nada que ver con el esquema disuasorio que la ONU ha implementado para resolver el grave problema haitiano de sus pandillas y lo que significa, que Bukele debe de entender que sus tropas de ocupación son simplemente un fuerte grupo mercenario, que libre en lo institucional de los efectos de cuido del derecho internacional, prácticamente facilita las cosas para que Washington pudiera implementar e imponer sus políticas de doctrina Monroe versión Trump, esas  que imponen una reedición aligerada de las viejas políticas del gran garrote.

Lo que queremos decir, es que cuando un ejército de otro país se presta a papel tan humillante de sicario, no es mucho lo que de respeto puede tener su presidente y menos, cuando con toda vehemencia y de lejos, se le ve como se siente tan a gusto siendo vasallo del estadounidense.

Al entender todo lo anterior y en el caso de Abinader, lo correcto debería de ser, que afine sus pasos y frene sus adhesiones al llamado “Escudo de las Americas” donde ninguno de los países “amigos” participantes, ninguno y dentro de la optima trumpiana, es lo suficientemente confiable como para dejarle a su mano sus planes de conquista y expansión en el Caribe y que es lo que en el fondo se trata.

Haití y ante los hechos consumados, su gobierno provisorio es poco lo que puede hacer, salvo dejarse llevar y al mismo tiempo, teniendo el cuido de que su pueblo no le vea como cómplice directo de la ocupación de Trump vía Bukele, pues el día que esa percepción se diera, a partir de ahí sus días estarán contados.

Del lado dominicano, la actitud debe ser de cautela y apoyo humanitario nada exagerado y menos, si se trata de ser el puente, mediante el cual EEUU y con Alemania de alicate lo utiliza como punta de lanza y mucho menos coadyuvar a la parte militarista activa de la misión “antipandillas”, cuando en el territorio nacional hay no menos de un millón de haitianos residiendo legal o ilegalmente, pero quienes como haitianos, no es verdad que estarían de acuerdo con que su país fuera despojado de sus atributos soberanos y hasta convertirlo en una nueva colonia y de pasada, entendiendo en algún momento que el gobierno dominicano es uno de los propiciadores de tal situación y lo que de a seguro generaría una situación de violencia anímica de haitianos viendo que a su país se lo destrozan y que podría provocar una situación de inestabilidad social y política difícil de manejar en el territorio nacional.

No creemos tampoco que este planteamiento geoestratégico sea desconocido para los responsables de los centros de data e inteligencia dominicanos, pero sí creemos que deberían tenerlo presente y mucho más, cuando se trate de voces independientes a sus responsabilidades.

Mientras tanto y categóricamente sí qué decimos, que Bukele podrá mostrar sus soldados en Haití y su vicepresidente seguirá diciendo que sus fuerzas allí no son de ocupación. Sin embargo, los hechos debilitan sus opiniones. Con Dios. (DAG) 06.11.2026

imagen: https://www.tiktok.com/@reeleccion2027/video/7689597027457436949

última actualización: 10:00 am.

 

 

 

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